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Por: Nicole Vargas Mairongo
Un espíritu libre en la marisma
Desde las tranquilas aguas de la marisma onubense hasta las competiciones de Barco Dragón, María del Mar González —aunque prefiere que la llamen Mar— ha aprendido a remar contra corriente, sin aferrarse a etiquetas. Natural de Lepe (Huelva), su historia no gira en torno al cáncer ni a la amputación de una pierna que sufrió a los once años, sino a todo lo que ha hecho a pesar —o gracias— a ello: deportista, profesora, entrenadora de piragüismo, amante del yoga, creativa, soñadora y futura nutricionista.
Una infancia marcada, pero no limitada
“Me amputaron en el año 92 y todo ha sido a base de ensayo y error”, recuerda Mar. Tuvo un osteosarcoma con 11 años, seguido más tarde de metástasis en el pulmón y una nueva ronda de quimioterapia. A pesar del duro proceso, nunca dejó de asistir al colegio. “Me ponían la quimio, estaba dos o tres días mala y volvía a clase. No perdí ningún curso”. Jamás se rindió: incluso sin pierna, siguió jugando a baloncesto.
Fue en la adolescencia cuando el golpe emocional llegó con fuerza. “En el instituto sí sentí el bajón. Perdí el pelo otra vez y, aunque digan que no importa, sí lo hace. Te cambia la imagen y te delata”. Pero incluso entonces, encontró la manera de salir adelante: con resiliencia, apoyo escolar y una determinación férrea que ha sido su brújula vital.
El descubrimiento del piragüismo y el poder del agua
Fue durante su etapa universitaria cuando encontró una de sus grandes pasiones: el piragüismo. “Pensaba que al no tener una pierna no podría, pero me equivoqué. El piragüismo es equilibrio, técnica, fuerza… y pierna”. Se unió al Club Tartessos de Huelva, entrenaba seis días a la semana y se convirtió en entrenadora. Actualmente practica Barco Dragón, una modalidad en equipo donde la energía se sincroniza con el ritmo del tambor. “Me encanta porque soy muy acuática. Me baño en cualquier época del año. El agua me ha dado libertad”.

Más allá de la discapacidad: sin pudor ni etiquetas
Mar reivindica vivir sin esconderse. “Me pongo pantalón corto, voy sin prótesis al agua y si me tienen que ver la pierna, que la vean. Ya no me lo planteo. Esto es lo que hay y no voy a ocultarlo”. Asegura que, aunque la amputación no la define, sí la ha marcado. “La gente intenta encasillarte en el tema del cáncer, pero yo soy muchas más cosas. Hago yoga, dibujo, doy clases, entreno… No me etiqueto”.

Una voz crítica con el victimismo
Mar es clara: “No me gusta quedarme en el victimismo. La gente se victimiza y eso crea estancamiento emocional. Si te recuperas, ¿por qué no seguir viviendo?”. Subraya que ha tenido que enfrentarse a estigmas y prejuicios, incluso como profesora: “Algunos alumnos se han metido conmigo, me han insultado. Nunca me pasó eso de pequeña, pero sí ahora, como adulta”.
Futuro con propósito
Además de enseñar tecnología en secundaria, Mar sueña con seguir entrenando en Barco Dragón y montar una fundación de deporte inclusivo. También estudia para ser nutricionista y crea ilustraciones de geometría sagrada. “Yo nunca he tirado la toalla. Los límites no existen, están en la cabeza. Hay quien tiene muchos límites, pero mentales”.

Un testimonio que inspira
Aunque prefiere no centrar su vida en la enfermedad, sabe que su testimonio puede ayudar. Mar se define como un Ave Fénix, nombre que eligió en los scouts y que hoy, más que nunca, le hace justicia: “Me ha tocado muchas veces renacer… y aquí sigo”.








