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Por José Luis Galloso
Con solo 15 años, Rafael Garrido Hliwa se ha proclamado Campeón Junior de Boxeo Internacional en Oporto. Un hito en su meteórica carrera que apenas comenzó hace tres años por pura casualidad. Lo que empezó como un acompañamiento a un amigo, acabó transformándose en una pasión que le ha cambiado la vida por completo. Pero, las casualidades no existen…
«Todo comenzó en un gimnasio de Mazagón, La Jungla«, recuerda Rafael. “Fui con un amigo que se apuntó por probar. A los tres días ya estaba con los guantes puestos«. Aquellos primeros entrenamientos estaban marcados por la técnica frente al espejo y el temor típico del que empieza en los primeros entrenamientos sobre el ring. «Me movía con miedo, miraba al suelo, temía tanto recibir como golpear«.
Pero poco a poco, la inseguridad dejó paso a la confianza. «El boxeo me ha cambiado completamente. No solo físicamente, sino en mi manera de pensar, de hablar, de respetar a los demás. Me ha dado seguridad y confianza«. La transformación fue tan notable que incluso su familia empezó a notarlo. «Mi padre se está familiarizando más con este deporte. Al principio le sorprendía verme pelear, pero ahora se siente orgulloso y valora el cambio«, expresa a la vez que muestra una madurez de la que es consciente.
Aunque también practicó otros deportes como fútbol, baloncesto, tenis o natación, ninguno le tocó tan profundamente como el boxeo. «No sé por qué, pero me emociona. Me hace sentir cosas que ningún otro deporte me ha hecho sentir«. De hecho, afirma que desde que lo conoció, todo cambió. «No podía separarme. Aunque lo dejé un breve tiempo, sabía que tenía que volver. Mi cabeza seguía en el boxeo durante ese paréntesis«.
Ese regreso marcó un punto de inflexión. Se instaló en Moguer, donde entrena con su inseparable entrenador Antonio José Garrocho. «Con él tengo una conexión muy especial. Nos une el respeto y el cariño. Todo el grupo de compañeros sentimos mucha complicidad con él”.

Este 2025 está siendo un año clave, en el que Rafael ha comenzado la competición. Su primera pelea concertada fue contra Adrián, un joven de Coria del Río. «Pensaba que estaría nervioso, pero en el ring estuve bastante concentrado. Solo quería que empezara el combate. Tenía muchas ganas de pelear y quizás pasé nervios en los momentos antes del combate«. Y ganó. Era solo el inicio.
Poco después, llegó su gran cita; el Campeonato Internacional Junior de Boxeo en Oporto. Tres días, tres combates. En el primero, un rival fácil que se cansó rápido. Rafael aprovechó para demostrar su técnica y venció por RSC (Referee Stops Contest), donde el árbitro para la pelea con la superioridad de uno de los pújiles.


El segundo fue otra historia. «Perdí el primer asalto por paliza. En el descanso, mi entrenador me dijo que tenía que salir con todo. Cambié el chip, salí con más seguridad y gané también por RSC«. La tercera pelea, aunque menos dura, fue físicamente agotadora. «El rival se acercaba mucho, metía la cabeza, me costaba marcar distancia. Pero seguí las indicaciones de mi entrenador y gané los tres asaltos«.
Triunfos, futuro académico y próximos compromisos
Convertirse en campeón internacional ha sido una experiencia inolvidable. «Llevar la medalla a mi pueblo, a mi gimnasio, fue muy emocionante. Siento que he hecho sentir orgullosos a mis padres y a todo mi equipo«.
Ahora Rafael compagina entrenamientos diarios con los estudios, y ya planea iniciar una FPB de mecánica o informática el próximo curso. «El boxeo me ha dado una disciplina que me ayuda también a nivel académico. Tengo mi rutina: estudio por el día, entreno por la noche«.
El próximo 16 de mayo peleará en las semifinales del Campeonato de Andalucía en Coria del Río. «Todo el equipo está muy unido, nos apoyamos mucho«. Entre ellos, compañeros como Adam, Julián o María, también premiados en Oporto.
Como referente, Rafael admira a Dmitry Bivol, boxeador ruso de técnica impecable. «Quiero seguir su estilo. Es muy preciso, elegante. Un arte en el ring«.
A quien esté dudando si probar un deporte distinto, Rafael le lanza un consejo: «Apúntate, pruébalo dos o tres meses. A veces el deporte que te cambia la vida es el que no esperabas. A mí el boxeo me ha cambiado el camino, la mentalidad y el estilo de vida. Hoy solo tengo un plan A, y es este«.
El boxeo, para Rafael, ya no es un deporte. Es su destino.









