A sus 30 años, Miguel ha cumplido uno de sus mayores sueños: ser padre. Un acontecimiento que transforma a cualquiera, pero que en su caso supone también una conquista. Porque Miguel mantiene una hermosa relación homosexual con su marido, Israel, y tener descendencia en España siendo una pareja de dos hombres es, aún hoy, un camino complejo y lleno de obstáculos. Por eso, coincidiendo con el Día del Orgullo, ha querido compartir su historia.
Miguel es enfermero y natural de Valverde del Camino, aunque desde hace años reside en Sevilla. Su trayectoria vital está marcada por grandes transiciones, superadas con valentía. Pasó de una relación heterosexual de seis años a casarse con un hombre; del temor al juicio social en su pueblo natal al sentimiento de libertad que encontró en la ciudad. Y, por supuesto, del deseo de ser padre a lograrlo mediante la gestación subrogada en Estados Unidos.

«Me considero alguien que se enamora de las personas, sin estar necesariamente condicionado por su sexo«, explica. Tras varios años con una novia, Miguel sintió que el amor había terminado. Fue entonces cuando conoció a Israel. “Al principio fue un choque enorme. Nunca había estado con un hombre. Me preguntaba: ¿qué me está pasando? Pero con el tiempo entendí que lo importante era lo que me hacía sentir”. Hoy, después de escucharse, de entenderse a sí mismo y de practicar un ejercicio de autoconocimiento, tiene clara su identidad. “El hecho de estar casado con un hombre no significa que no pueda sentir atracción por una mujer. Es por eso que me considero bisexual”, comparte abiertamente.
Dar ese paso, especialmente en un entorno rural, no fue sencillo. “Durante los primeros meses me daba vergüenza coger de la mano a mi marido por la calle. En el pueblo, las miradas pesan”, reconoce. Aun así, sus amistades lo apoyaron desde el primer momento. “Nunca me cuestionaron. Lo único que les importaba era si yo era feliz”.
La reacción familiar fue más complicada. “Con mis padres entendí que tenía que sentarme y contarles que estaba con un chico. Mi padre lo entendió y me apoyó desde el principio. A mi madre le costó más. Ella necesitó su tiempo; hizo su propio duelo. Para ella no fue fácil, e incluso pidió ayuda a profesionales para que ese periodo de adaptación no me afectase a mí. Eso es algo que valoro mucho a día de hoy. Desde luego, ahora lo vive con naturalidad y tengo todo su apoyo”.
También actuó con honestidad con su exnovia. “Preferí decírselo yo, antes de que se enterara por redes. Fue difícil, pero me lo agradeció”.
Desde muy joven, Miguel soñaba con ser padre. “Pensaba que no sería posible. En España, dos hombres no pueden ser padres fácilmente. La adopción es un proceso largo, incierto y con muy pocas garantías. Es decir, puedes hacer un trámite durante cinco años sin un resultado positivo”, explica.
Por eso, Miguel e Israel optaron por la gestación subrogada en Estados Unidos, uno de los países —junto a Canadá— donde este proceso está legalmente regulado. Sin embargo, también implicó un engorroso trámite administrativo que duró casi tres años. “No ha sido fácil, pero las garantías de ser finalmente padre eran mucho mayores que en la adopción que, por cierto, nosotros todavía tenemos en curso”, relata.
A nivel biológico, el proceso implica a tres personas: una mujer como donante del óvulo, el padre que aporta el material genético, y una segunda mujer que actúa como gestante. “De esta manera, la gestante no tiene un vínculo genético con el bebé. La generosidad de esta persona pone su cuerpo al servicio de la vida”, argumenta Miguel, quien además aclara que la expresión ‘vientre de alquiler’ es una forma despectiva de referirse a este proceso.
Su hijo, también llamado Miguel, nació en marzo de 2025, apenas unas semanas antes de que cambiara la ley en España, lo que habría dificultado su reconocimiento legal. “Si hubiese nacido un mes después, hoy no estaría registrado como ciudadano español. Desgraciadamente, existe un vacío legal para los bebés que entran en España por esta vía. Salvar administrativamente esta situación y registrar al niño en el país es complicado. La gestación subrogada en España es nula de pleno derecho, pero no ilegal”, explica.

La llegada del pequeño fue un regalo para toda la familia. “Mis padres están felices. Ven que hemos logrado algo que parecía imposible. Y nuestro hijo es tan querido como cualquier otro nieto”.
Pero Miguel no se queda solo en su historia personal. También reivindica. “Dentro del colectivo LGTBI hay una desigualdad: a las parejas de mujeres se les facilita el acceso a la maternidad, pero los hombres lo tenemos casi imposible”. En el Día del Orgullo, Miguel e Israel participarán junto a otras familias diversas con el objetivo de visibilizar sus realidades. “Queremos que se nos vea. Que se entienda que nuestras familias también existen y merecen los mismos derechos”.

Sobre Valverde, su pueblo natal, reconoce que aún queda mucho por hacer. “El Orgullo allí sigue muy centrado en la orientación sexual. Todavía no se habla de familias diversas. En Sevilla, al menos, hay asociaciones que nos dan voz”.
La historia de Miguel es, en el fondo, una historia de amor: por su marido, por su hijo, por su derecho a vivir con libertad y a formar una familia. Y también es una historia de valentía. Porque no todos los caminos están trazados. Algunos hay que abrirlos.
“Ojalá mi hijo, el día de mañana, pueda amar con total libertad, sin importar si es un hombre, una mujer o si no se siente identificado con su sexo. Lo que importa es que sea feliz. Y aquí estaremos sus padres para apoyarlo en todo”.








