Las fiestas de San Juan Bautista en la Venta las Tablas, una pequeña aldea de Valverde del Camino, se celebran cada año con el entusiasmo y la entrega de quienes encuentran en esta cita mucho más que una tradición religiosa; un vínculo de identidad, memoria y comunidad.
Para Elena Ramírez Jiménez, hermana mayor de la Asociación de San Juan Bautista este 2025, este ha sido un año muy especial. “Ser hermana mayor supone una alegría muy grande para mí y para mi familia, que ha estado siempre muy unida a esta fiesta”, declara emocionada.

La Venta las Tablas es la única aldea de Valverde y apenas cuenta con medio centenar de vecinos durante el año. Sin embargo, en los días de San Juan, sus casas se llenan de vida con la llegada de familiares, amigos y visitantes de los alrededores. “Es un fin de semana donde la aldea revive. Las casas se abren, la gente se reencuentra y todo gira en torno al santo y a la convivencia”, explica Elena.
La fiesta, que se celebra el fin de semana más cercano al 24 de junio, día de San Juan, combina actos religiosos, momentos de encuentro con los vecinos y coplas primaverales. Este año, la programación comenzó el viernes 20 de junio con actividades infantiles, el encendido del alumbrado y un pregón a cargo de Francisco Javier Rodríguez. La noche continuó con actuaciones musicales que animaron la plaza principal. El sábado, la misa cantada por Alonso Delont y Carmen Ramírez dio paso a la emotiva procesión del santo por las calles de la aldea, acompañado por el tamborilero Sergio Conejo.

Puertas abiertas para los vecinos y San Juan
Una de las singularidades de esta celebración es que San Juan Bautista, tras la misa, visita en procesión las casas de los vecinos. “Va parando en las viviendas de los socios de la asociación, y cada uno ofrece algo de comer y beber … Es una muestra de hospitalidad muy bonita”, cuenta Elena. El santo también pasa por la casa del hermano mayor, donde permanece alrededor de una hora. “Es un momento especial, sobre todo siendo hermana mayor, y una gran responsabilidad. Este año hemos ofrecido una comida para los vecinos y devotos del Santo”.

El vínculo de Elena con estas fiestas es profundo. “Mi madre fue presidenta de la asociación durante muchos años. También mi padre y mi hermana fueron hermanos mayores. Yo soy la cuarta de mi casa que ocupa este cargo”, afirma con orgullo. Esta continuidad familiar es, para ella, una forma de mantener viva la tradición. “Es algo muy nuestro. Las nuevas generaciones deben seguir sintiendo esta fiesta como parte de su historia”.

Historia reciente de las fiestas
La aldea, rodeada de un entorno natural de eucaliptos y pinos, acoge una pequeña ermita construida hace más de cuatro décadas gracias al esfuerzo vecinal. “Los terrenos fueron donados y entre todos la levantaron. Uno ponía ladrillos, otro cemento… Así se hizo realidad”, relata Elena. Hoy en día, la Asociación de San Juan Bautista, con el apoyo del Ayuntamiento y la visita de otras hermandades hermanadas, se encarga de organizar cada detalle.
La hermana mayor destaca también el carácter solidario de la fiesta. “Durante la puja del sábado por la noche, subastamos centros florales que nos donan otras hermandades amigas. Lo recaudado se destina a preparar las fiestas del año siguiente”, explica. La colaboración entre aldeas cercanas como La Piñuela, Cardón o Fuente de la Corcha refuerza el espíritu de comunidad y pertenencia que reina esos días.
Otro elemento que ha hecho especial este año para Elena ha sido el cartel anunciador, obra del pintor valverdeño Pepe Bonaño. “Es un regalo personal que ha hecho a mi familia. Ha sabido captar la esencia de nuestra fiesta y del entorno con una sensibilidad muy especial”, afirma agradecida.

Aunque la aldea cuenta con pocos residentes permanentes, durante el verano y las fiestas, la población se multiplica. “Mi padre vive todo el año en la aldea, pero la mayoría de las casas se llenan en fines de semana y vacaciones. Muchas familias tienen allí su segunda residencia”, explica Elena. Las viviendas, rodeadas de naturaleza, están diseñadas para disfrutar del exterior: terrazas amplias, jardines y espacios para la convivencia.
El domingo 22 de junio, la fiesta concluyó con una gran comida de convivencia vecinal en el salón de la hermandad. Para muchos, este cierre es el momento más entrañable. “Es cuando todos nos sentamos juntos, compartimos y hacemos balance. Cada año es distinto, pero siempre queda el recuerdo y el deseo de volver”.
Para Elena Ramírez Jiménez, este 2025 ha sido un año inolvidable. “Espero que mi ejemplo anime a más gente joven a implicarse. San Juan Bautista es parte de nuestra vida y de nuestra identidad como aldeanos. Mientras haya alguien dispuesto a empujar la vara del hermano mayor, la fiesta seguirá viva”, concluye con convicción.










