Con su sombrero cordobés, un pañuelo al cuello y una sonrisa que desarma, Eduardo Iglesias Morales se convirtió este verano en la cara visible del Tour Flamenco Solidario de la Asociación Abriendo Puertas. Su imagen, impresa en decenas de carteles repartidos por las calles de Moguer y alrededores, no solo anunciaba un evento, sino que transmitía un mensaje de esperanza y optimismo para muchas personas. Y es que las personas con discapacidad intelectual tienen mucho que aportar a la vida cultural, artística y comunitaria.
Eduardo no es nuevo en la familia de Abriendo Puertas. Su implicación como usuario es constante, y su carácter alegre y participativo lo ha hecho querido entre compañeros, voluntarios y familiares. Pero este año ha vivido una experiencia especial. Fue el protagonista del cartel del Tour, una decisión que, según cuenta su madre y miembro de la junta directiva, Belén Morales Botello, nació de forma muy natural. “Mariló (gerente de la asociación) nos llamó y nos dijo ‘Belén, me gustaría que Edu saliera este año en el cartel’. No me lo pensé. Empezamos a preparar su indumentaria para que se viera claramente el espíritu flamenco; un sombrero, pañuelito… y listo. La foto se la hizo Victoria Vega en la propia asociación. Y el resultado nos emocionó a todos”.
El gesto, aparentemente sencillo, tuvo un gran impacto. Para Eduardo fue una experiencia inolvidable. Se emocionó tanto al ver su foto en los carteles que no pudo contener las lágrimas al hablar de ello en la radio local. “Estuvo llorando mientras hablaba de su familia y estaba muy ilusionado. Y cuando veía el cartel por las calles, me decía ‘¡Mira mamá, ese soy yo!’ al pasar cerca de su foto”, cuenta Belén con una sorisa. “Como madre… imagínate. A mí me hacían falta dos baberos de la emoción”.

Pero la participación de Eduardo no se quedó en la imagen. Durante el evento, también subió al escenario para entregar un premio y agradecer a uno de los artistas su colaboración desinteresada. Porque esa es otra de las claves del Tour Flamenco Solidario, la entrega altruista de los grupos que actúan, año tras año, para apoyar la causa de la inclusión.
Trece años de arte con alma
La presidenta de la asociación, Mariló, explica que el festival cumple ya 13 años de historia, y que cada edición se supera en participación y sentido comunitario. “Aunque lo llamamos Tour Flamenco, estamos abiertos a todas las disciplinas. Este año, por ejemplo, participaron también grupos de baile urbano. Es una mezcla de arte tradicional y contemporáneo, que refleja la diversidad de nuestra gente. Y lo más bonito es que todos los artistas vienen de forma desinteresada”.

El evento forma parte del programa de actividades de verano del Ayuntamiento de Moguer y se ha convertido en un clásico que las familias esperan con entusiasmo. La mayoría del público lo componen familiares de los usuarios de Abriendo Puertas y de los niños y niñas que actúan en el festival, pero también acuden vecinos movidos por la solidaridad y la alegría que contagia el ambiente.
Además del arte en el escenario, el Tour es una experiencia de visibilidad, inclusión y recaudación de fondos. Se monta una barra con precios populares y una tómbola con productos donados por comercios locales. También se reparten detalles elaborados por los propios usuarios, como llaveros, chapas o flores en 3D, a cambio de un donativo voluntario. “Todo lo que recaudamos lo destinamos a proyectos sociales. Este año, por ejemplo, queremos organizar unas jornadas sobre recursos residenciales para personas con grandes discapacidades. Es un tema necesario y urgente”, señala Mariló.
Pero si algo destaca por encima de todo es el papel protagonista que juegan los usuarios durante la jornada. Ellos dan la bienvenida al público, reparten obsequios, ayudan en la tómbola y en la venta de tickets, acompañan a los artistas, y suben al escenario como verdaderos anfitriones del evento. “Queremos que se les vea, que se valore lo que hacen, cómo trabajan, cómo participan. Ellos no tienen barreras para mostrarse, no tienen miedo escénico. Son naturales, alegres y entregados. Y ese día… se lo pasan en grande”, dice Mariló.
La familia de Eduardo, como muchas otras, también se vuelca como voluntaria en el montaje de la barra, vendiendo papeletas, recogiendo mesas o buscando regalos para la tómbola. Porque en Abriendo Puertas, todo funciona como una gran familia. “Las subvenciones, aunque existen, son escasas y llegan a destiempo. Por eso hacemos rifas, meriendas, mercadillos… todo lo que podamos para que no falte de nada en el centro ni en los talleres de empleo. Los chicos hacen llaveros, chapas… incluso para bodas y bautizos”, explica Belén.


Y en medio de todo ese esfuerzo colectivo, la figura de Eduardo ha brillado este año como símbolo de lo que el Tour representa, es decir, capacidad, orgullo, participación y alegría compartida. “Edu representa a todos los usuarios. Este año ha sido su rostro el que ha estado en los carteles, pero el mensaje es de todos. Es un alegato a sus capacidades y su espíritu de participación en la vida social de la localidad”, resume Mariló. En definitiva, una lección de humanidad.








