“Los que creía que eran mis amigos me dieron la espalda cuando mostré mi verdadera identidad”

Por: José Luis Galloso

El pasado 28 de junio se celebró el Día del Orgullo LGTBI, una fecha que invita a la reflexión sobre el grado de tolerancia que nuestra sociedad ha alcanzado en las últimas décadas en lo que respecta a la diversidad afectiva, sexual y de género. El orgullo celebra la libertad de ser uno mismo y la diversidad social. En este contexto, la historia de Juan Manuel Solano Moreno es un poderoso testimonio de superación, autenticidad y libertad.

La de Juanma es una historia que impacta; sobre todo cuando la escuchas de la boca de quien sintió el rechazo de su círculo de amigos, solo con compartir abiertamente su condición homosexual. Él vivió la hipocresía de quienes te agasajan por intereses personales y, llegado el momento, responden con cobardía a las miradas intolerantes y los torpes juicios provincianos de sus vecinos. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte.

Juanma Solano Moreno ha transformado su vida y se siente pleno y libre.

Durante toda mi infancia y adolescencia construí una personalidad falsa. Lo hacía para que no me insultaran, para ser aceptado, para que me quisieran”, recuerda. Criado en un entorno rural y conservador, Juanma creció entre campos de fresas y caballos, con un padre empresario agrícola y una comunidad donde la diversidad sexual no encontraba espacios seguros. Participaba activamente en fiestas tradicionales y en una hermandad del Rocío, hasta que, a los 23 años, decidió salir del armario.

Fue a raíz de una pérdida de peso muy significativa. Perdí 42 kilos y, con esa seguridad hallada, me atreví a decirlo en voz alta. Pero eso tuvo un precio muy alto. Los que creía que eran mis amigos me dieron la espalda”. Juanma formaba parte de una conocida hermandad local. “Recuerdo que, tras haber declarado abiertamente mi condición sexual, un amigo muy cercano me dijo que no se tomaría un café conmigo en la plaza porque lo iban a señalar a él también”, rememora aquel triste episodio.

Juanma acompañado de su padre antes de su cambio y trabajando en la empresa familiar.

El rechazo social lo llevó a tomar una decisión radical, abandonar su tierra. Se marchó a Liverpool, sin saber hablar inglés, buscando reconstruirse lejos del juicio de su entorno. “Prefería fregar platos y comer arroz todos los días a seguir ocultándome, a seguir viviendo una mentira”. Allí, con ayuda de un amigo, comenzó una nueva vida en la que empezó a encontrar la libertad y a sí mismo.

En el extranjero encontré mi lugar en el mundo. Descubrí lo que era vivir con autenticidad, sin miedo, y conocer el amor y el placer desde un lugar real, no fingido”. Después de vivir en Malta y de reinventarse laboralmente desde cero, Juanma llegó a Barcelona, donde ha alcanzado una estabilidad emocional y profesional envidiable.

Trabajando de carretillero en Liverpool y de recepcionista en Malta.

Reconocerme fue el inicio de todo”, explica. “A partir de ahí, empecé a hacer mi vida desde la verdad. He pasado por muchos trabajos, desde fregar platos hasta ser jefe de recepción en un hotel de cinco estrellas. Hoy trabajo en una gran empresa y hago presentaciones y conferencias ante muchas personas a nivel internacional. Pero lo más importante es que me siento en paz conmigo mismo”.

Sus vivencias escritas de su puño y letra

Su historia está plasmada en el libro ‘Raíces en el campo, sueños en la ciudad’, una autobiografía en tercera persona que recoge su viaje personal desde el campo andaluz, donde recogía fresas, hasta las oficinas de Nueva York, donde recientemente expuso sobre los recursos humanos y desarrollo profesional. “El objetivo del libro, disponible en Amazon, es demostrar que se puede. Con trabajo, con perseverancia y con valentía, se sale adelante. Nadie va a venir a salvarte. La salvación empieza cuando decides ser quien eres”.

Juanma ha escrito una autobiografía titulada ‘Raíces en el campo, sueños en la ciudad’.

En el libro, Juanma también habla de lo difícil que fue crecer con una identidad reprimida. “No vivimos nuestra infancia ni nuestra adolescencia con libertad. El primer amor, el desarrollo sexual… todo eso se nos negó. Empezamos a vivir con 20 o 25 años. ¿Quién nos devuelve ese tiempo?”, se pregunta entre sentimientos que oscilan entre la tristeza y la indignación.

Sobre el Día del Orgullo, Juanma opina que “es fundamental. Representa lo contrario a lo que muchos de nosotros vivimos durante años. Ya no se trata solo de salir del armario, es reconstruirse desde la verdad. Y sí, las lentejuelas también son reivindicación. Vestirse como uno quiera es político. Porque aún nos insultan, nos agreden, y eso demuestra que no estamos en igualdad”.

Celebrando el Día del Orgullo.

Juanma reivindica también la importancia de los espacios seguros y de la representación. “Crecí en un ambiente donde tener pluma era sinónimo de burla. Me llegaron a decir en la calle que dejaba un charco de aceite al pasar. Abandoné cosas que amaba, como montar a caballo, por miedo a no encajar. Pero todo eso quedó atrás. Ahora soy yo quien decide cómo y dónde vivir”.

Hoy comparte su vida con su pareja, también onubense, a quien conoció en Sevilla. “Barcelona me ha dado la libertad de ser yo. Ya no necesito que nadie me acepte, me acepto yo y eso basta”. Aunque no se plantean la paternidad por ahora, viven una relación estable, basada en la comprensión y el apoyo mutuo.

Su mensaje es directo, sincero y necesario: “La terapia me salvó la vida. El miedo paraliza, pero salir de él te transforma. Ojalá mi historia inspire a otros a no esperar 23 años para empezar a vivir”.

Su familia no le falló

Hablar con sus padres fue, sin duda, uno de los momentos más importantes y difíciles de su vida. “Me llevó mucho tiempo reunir el valor necesario para sentarme con ellos y contarles quién soy realmente. No fue fácil. Llevaba años construyendo una imagen que no era la mía, y romper con todo eso, sobre todo frente a las personas que más quieres, da vértigo. Pero lo hice”.

Se sentó con ellos, temblando por dentro, con la expectativa de que sería una conversación dolorosa, quizá un desencuentro. “Venimos de una familia de campo; mi padre trabaja entre fresas, rodeado de un entorno agrícola tradicional, con una mentalidad conservadora. Imaginé lo peor. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario y desde el minuto uno me apoyaron con palabras de cariño. Me sentí querido, aceptado, acompañado. Quizás haya sido el momento más bonito de mi vida”, confiesa Juanma.

Lo que me dolió no fue la reacción de mi familia, sino la de mis amigos. Tenían mi edad, veinte años, se supone que debían tener una mentalidad más tolerante. Incluso mi abuela, una señora con más de ochenta años me dijo: ‘No le estás haciendo daño a nadie’. Era, un poco, el mundo al revés”, recuerda ahora con gran serenidad.

«¡El día que me marchaba a Liverpool escapando de todo aquello, mi padre me dijo en el aeropuerto: Prométeme que vas a aprender inglés y que no estás huyendo de nada. Tú no le has hecho daño a nadie para tener que huir”. Aquel día, con 23 años, Juanma tuvo que mentir a su padre, a pesar de que aquel hombre de campo había demostrado que el amor por su hijo era incondicional e innegociable. Pero aquella mentira piadosa fue el comienzo de una vida de plenitud y la prueba palpable de que la familia es la raíz necesaria que te ancla con fuerza a la tierra para crecer firme hacia arriba.

Nuestro protagonista concluye nuestra charla compartiendo un deseo sobre el objetivo de su libro: “No pretendo ser ejemplo de nada, pero si mi historia sirve de impulso para alguien, ya habrá valido la pena”.

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