Más de 20 años al cuidado de los animales abandonados en Valverde del Camino

Los animales no son solo compañía. Son hogar, consuelo, alegría y un reflejo puro de lo que significa querer sin condiciones. Convivimos con ellos en nuestras casas, pasean con nosotros, nos esperan tras un mal día y, con frecuencia, nos enseñan más sobre empatía que muchas personas. Es una realidad.

Su presencia transforma hogares y, para quienes los cuidan tras el abandono, su recuperación es también una forma de redención. Así lo viven, cada día, los voluntarios de la Asociación Protectora Valverde Animal (APVA), un colectivo que desde hace más de dos décadas dedica su tiempo, esfuerzo y recursos a proteger a los animales más vulnerables en Valverde del Camino.

Lo que a mí me mueve de esta labor es que no puedo mirar hacia otro lado”, afirma Amalia Capelo Hernández, secretaria de la asociación. “Cuando ves un perro herido, un gato enfermo… el deber de socorrerlo es para mí una responsabilidad moral. Ojalá algún día no hicieran falta protectoras, eso significaría que hay una conciencia social real hacia los animales y hacia la convivencia que deberíamos tener entre ambas partes”.

Amalia Capelo en compañía de uno de los perros de la protectora.

La historia de la protectora arranca hace 20 años, cuando Isla Fernández Rodríguez, empresaria valverdeña y presidenta de este colectivo, decidió poner en marcha una organización para rescatar y proteger a los animales abandonados en la provincia de Huelva. “Cuando comenzamos solo había un refugio en Almonte y había un problema con los animales vagabundos importantes, decidí montar la protectora con tres personas de Valverde para ayudar a los perros más necesitados. Al poco tiempo comenzamos a colaborar con ese único refugio y logramos que no se sacrificase a ningún animal gracias a nuestra ayuda”, explica la propia Fernández.

Isla Fernandez Rodríguez, presidenta de la Asociación Protectora Valverde Animal.

Más tarde nació el Refugio Provincial de Huelva en Valverde del Camino y APVA comenzó a colaborar con una “actitud muy crítica y logrando mejorar las condiciones de los animales en este espacio”, describe la presidenta. Además, relata la gestión de la protectora durante el incendio en el refugio provincial andevaleño en 2020, donde lograron salvar a todos los animales y alcanzar 400 adopciones con la colaboración de las protectoras de la provincia.

Desde entonces, APVA ha evolucionado hacia un enfoque más local, convirtiéndose en la entidad responsable de la recogida de animales abandonados en todo el término municipal de Valverde, incluyendo la zonas y pedanías de Los Pinos, Venta de las Tablas o El Saltillo. También se ocupan de las colonias felinas, gestionando el método CES (Captura, Esterilización y Suelta), un servicio financiado por la Diputación Provincial de Huelva y que ha permitido llevar al día esta labor.

Actualmente, la asociación cuenta con un espacio cedido por el Ayuntamiento, un antiguo matadero reconvertido en refugio provisional. “La verdad es que el sitio no reúne las condiciones necesarias”, explica Amalia. “No hay puertas adecuadas, las vallas no resisten, las ventanas las tapamos con plásticos en invierno… Trabajamos con mucha precariedad y mucha tensión”.

A pesar de las dificultades, hay esperanza en el horizonte. “Hay un proyecto para construir un nuevo refugio más moderno. Si todo va bien, en un plazo de un año podría ser una realidad”, señala Amalia. Mientras tanto, el día a día sigue siendo arduo.

En el refugio viven actualmente unos 34 perros y unos 15 gatos, aunque la cifra varía según las adopciones y rescates. Las instalaciones no permiten ampliar el número de animales, lo que obliga a priorizar casos urgentes. “En verano es aún más complicado. Es una época muy mala para las adopciones, y el número de abandonos aumenta”, explica.

El número de voluntarios fijos se reduce a tres personas, dos dedicadas a los perros y una a los gatos y a la gestión de colonias. “También hay unos cinco voluntarios esporádicos, pero es difícil mantener el compromiso. El refugio es grande, mal distribuido, y cansa mucho. No todo el mundo soporta la dureza de este trabajo”, añade.

Financiación y colaboración

La asociación sobrevive gracias a una red de ayudas con el apoyo de Diputación para cubrir el método CES, un aporte mensual del Ayuntamiento, una subvención estatal de carácter anual y las aportaciones voluntarias de vecinos y simpatizantes. También organizan mercadillos solidarios y participan en eventos locales, como la Velá de Santa Ana, donde montan barras o venden productos a beneficio del refugio.

Nos ofrecen llevar la barra en noches culturales o festivales, y todo lo que recaudamos va para la asociación. Trabajamos donde haga falta para poder cubrir lo más básico, es decir pienso, medicamentos, productos de limpieza, collares, mantas… todo nos viene bien”, afirma Amalia, agradecida por los apoyos, pero confesando que los recursos económicos que llegan, a veces, son insuficientes.

Aunque en este momento no hay programas activos, APVA ha colaborado con entidades como APAMYS o Centro de Salud Mental Comunitaria Valverde del Camino facilitando su apoyo para terapéuticos con animales. “Sirven como terapia para las personas con discapacidad y también para los perros. Queremos retomar esas actividades pronto”, porque es una manera que la sociedad también visibilice el papel que los animales pueden aportar al bienestar de personas especiales.

Ana, voluntaria en el pasado de la protectora, con usuarios de las asociaciones valverdeñas para personas con discapacidad.

Pero, ¿Qué lleva a estas personas a seguir adelante pese a las dificultades? La respuesta es sencilla; aquello que reciben de los animales. “Es enriquecedor y terapéutico”, asegura Amalia. “Después de todo el trabajo, cuando ves a un perro tumbado boca arriba, esperando que le rasques la barriga, cuando juegan entre ellos, cuando se acercan con cariño… todo merece la pena”.

Para Amalia, los animales del refugio no son solo casos. “Son mis niños. Algunos los he criado en casa porque llegaron enfermos. Y aunque se vayan en adopción, los sigo recordando como parte de mí. Son mi familia”.

Desde la asociación hacen un llamamiento a la colaboración ciudadana, ya que necesitan voluntarios, aunque solo sea para pasear a los perros, jugar con ellos o ayudar en tareas básicas. También se agradecen donaciones materiales como comida o mantas y, por supuesto, familias que adopten.

Estar con ellos te aporta mucho cariño, y aprendes a valorar otras formas de afecto. Animo a cualquiera a probarlo, aunque sea una hora. Se engancha”, concluye Amalia.

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