Hay aficiones que llegan de manera natural a las personas, sin búsquedas forzadas, y terminan cambiando sus vidas y las de sus familias. Sobre todo cuando esos hobbies van más allá de lo terrenal y ocupan un sitio en el interior de las personas.
La cría de animales es para Juan Manuel Caballero Corralejo una responsabilidad y un compromiso con la raza de perros con la que trabaja desde hace más de 25 años en Doberval. Rodeado de rutina y esfuerzo silencioso, Juanma se esmera en la crianza de dóberman y pinscher, con grandes resultados a nivel nacional e internacional, en exposiciones donde ha sabido dejar el nombre de su Valverde del Camino natal y de Huelva en un lugar destacado.
“Yo no crío por negocio, crío por pasión y, sobre todo, para mejorar la raza. Me gusta buscar la excelencia”, manifiesta. Comenzó esta andadura en 1996, cuando compró su primer dóberman y asistió como espectador a una exposición que le cambió la vida. A partir de ahí, fue aprendiendo de criadores españoles y extranjeros, seleccionando cuidadosamente cada ejemplar, viajando a cubrir hembras con machos fuera del país y logrando una estirpe de perros campeones bajo la marca Doberval, su criadero personal.
En su centro no hay improvisación. Juanma cuida cada camada desde la planificación genética hasta la preparación para las exposiciones. Antes de cruzar cualquier ejemplar, realiza pruebas de salud específicas, como las cardíacas DCM1 y DCM2, análisis de displasia de cadera y hombro, o taras oculares, que garanticen que los cachorros nazcan libres de enfermedades hereditarias. “Yo no cubro una hembra si no tiene todas las pruebas hechas. No me juego la salud de la raza”, afirma con rotundidad.

El trabajo, sin embargo, no termina en la cría. Preparar un perro de exposición implica entrenarlo física y socialmente con paseos, contacto humano, manejo por jueces, control de peso y musculación. “Es como entrenar a un atleta de élite”, explica. Por eso, cada año selecciona solo dos o tres perros con los que competir y se centra en su desarrollo integral.
Los resultados están ahí. En su palmarés figuran más de 70 títulos, entre ellos 29 campeonatos de España, 29 de Portugal, 14 de Gibraltar y varios campeonatos internacionales de belleza y morfología. Entre sus ejemplares más destacados están Coco (pinscher) y Río (dóberman), ambos multipremiados y considerados referentes dentro de sus respectivas razas. “Pero si tengo que mencionar a uno especial, ese fue Draco, el primero con pedigrí, el que me metió el veneno de las exposiciones en el cuerpo”, recuerda con una sonrisa nostálgica.


De la afición a la familia
Pero si algo le da orgullo a Juanma, más allá de los títulos, es la afición que ha sabido inculcarle a su hijo Alejandro, hoy con 19 años. Cuando era pequeño, el tamaño de los dóberman le impedía presentarlos en exposición, así que Juanma decidió introducirlo en la raza pinscher, más manejable. Con tan solo ocho años, Alejandro logró campeonatos de España, Portugal, Gibraltar, títulos internacionales… y, lo más importante: el respeto del circuito.
Lo que empezó como un juego entre padre e hijo se ha convertido en un vínculo irrompible. “A mi hijo le gusta todo: desde limpiar, alimentar, criar, hasta competir. Le encanta el día a día con los perros”, cuenta emocionado.
La historia de Juanma no solo se mide en trofeos. También tiene una dimensión profundamente humana. Desde hace un tiempo comparte su vida con Alexandra, su actual pareja, madre de un niño de 7 años diagnosticado con autismo. “Se llama Casian, y no te puedes imaginar lo que ha cambiado desde que convive con los perros. Los animales lo han ayudado a abrirse, a socializar, a encontrar calma”, explica Juanma.
Casian acompaña a la familia a las exposiciones, interactúa con los cachorros, juega con los pinscher… y ese contacto ha sido terapéutico. “En el centro donde lo atienden están sorprendidos con su evolución. Para mí, eso vale más que cualquier campeonato”, dice emocionado.

Un esfuerzo invisible sin apoyos
A pesar de su trayectoria impecable y de representar a Valverde del Camino y a Huelva en competiciones internacionales, Juanma lamenta el absoluto desinterés institucional. “Aquí se apoya al fútbol, al motocross, a todo… pero a los que llevamos el nombre del pueblo por medio mundo con perros de élite, ni una mención. Ni una ayuda”, transmite.
El coste anual de mantener esta afición supera los 10.000 euros en gasolina, peajes, hoteles, comida, inscripciones, veterinarios… “Y aun así, algunos piensan que esto es un negocio. Yo me doy por satisfecho si consigo salir a cero. No me quedo con todo lo que crío, pero lo que cedo o vendo lo hago sabiendo que estoy entregando un animal sano y equilibrado”.
A día de hoy, Juanma mantiene 12 perros entre dóberman y pinscher. Entrena, cuida y educa sin descanso, mientras sigue luchando por que se entienda que la cría responsable es un arte, una ciencia y un acto de amor. “Solo pedimos respeto y visibilidad. Que se entienda que no todos criamos por dinero. Algunos lo hacemos por pasión, por familia y por convicción. Y eso también merece apoyo”.
Más allá de las exposiciones y los trofeos, en Juanma existe una convicción firme: los animales, bien educados y tratados con afecto, pueden cambiar la vida de quienes los rodean. Lo ha visto en su hijo, en su entorno familiar y, especialmente, en Casian. Una historia inspiradora, donde podemos afirmar que la energía de nuestros amigos perrunos puede llegar a sanar.








