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En febrero de 2023, la vida de Antonio Prieto Navarro, deportista sevillano de corazón onubense, dio un vuelco dramático. Mientras entrenaba en bicicleta, chocó con un vehículo aparcado en el arcén y sufrió heridas tan graves que pasó un mes en coma y varios más en silla de ruedas. Dos años después, no solo ha vuelto a pedalear, sino que ha conquistado el Campeonato de España de ciclismo paralímpico contrarreloj en la categoría MT2 y ha escrito un libro que retrata su renacimiento físico, emocional y deportivo: Accidente.


Y en ese viaje de reconstrucción, Punta Umbría no ha sido solo un escenario, sino un ancla emocional, un gimnasio natural y un lugar donde recuperar el aliento y las ganas de seguir.
Antonio, amante del triatlón y los deportes de resistencia, fue víctima de un atropello brutal mientras pedaleaba. Las secuelas físicas fueron devastadoras, pero aún más difícil fue el camino de regreso: reaprender a andar, recuperar coordinación, reencontrar su cuerpo. “Lo más duro fue la incertidumbre de no saber si volvería a ponerme en pie”, confiesa
Durante la rehabilitación, descubrió que no solo tenía que curarse, sino reinventarse, y lo hizo desde la raíz aplicando mucha disciplina, con optimismo y con la ayuda del entorno. Y ahí entra en escena Punta Umbría, su refugio desde que era un niño.
“Llevo veraneando en Punta Umbría desde que nací”, cuenta Antonio. “Aquí aprendí a nadar, a ir en bici y hasta a leer. Todo lo que soy, ha empezado de algún modo aquí”.
La conexión con esta localidad onubense no es superficial, sino que forma parte de su identidad. “Lo que más me gusta de Punta es el mar y el sol. El mar de aquí es inabarcable, infinito… con una temperatura perfecta, entre el calor del Mediterráneo y lo frío de Portugal. En este mar he nadado triatlones, he buceado, y ahora lo uso como herramienta en mi recuperación, sobre todo con el kayak”.

También valora el clima constante, suave y predecible. “Uno de los principales caminos al éxito de entrenar es la planificación, y aquí el clima te la respeta. Rara vez llueve, y cuando lo hace, la temperatura permite seguir entrenando. Además, el viento del mar limpia el ambiente y hace todo más llevadero”.
Punta Umbría no solo le ofrece un espacio para entrenar, sino un entorno emocionalmente fértil. “He estado en playas del Este y del Oeste, y sí, es bonito que el sol salga o se ponga en el mar. Pero tenerlo todo el día, como aquí… eso lo supera”.
De la bici a la cama… y vuelta
Tras el accidente, la rehabilitación fue un proceso largo y desafiante. Al principio, moverse era una utopía. Poco a poco, y gracias a una voluntad férrea, Antonio fue recuperando movilidad y fuerza. Su cuerpo, entrenado durante años, sabía luchar. Pero su mente también. “Una rehabilitación no es más que un entrenamiento con otros objetivos”, afirma. “Y aquí, con este clima, puedo entrenar cada día”.
En este momento aun no puede correr aún, pero ha adaptado su rutina. “Ahora voy en bici hasta el camping de la Bota, una carretera que conozco al milímetro. Rodeada de pinos, con poco tráfico, es perfecta para lo que necesito”. Y cuando no pedalea, se lanza al mar con su kayak hinchable o juega al balón en la arena y en el agua.
Antes del accidente, sus rutas eran más extensas y pedaleaba hasta Cartaya, Lepe, Villablanca, incluso el embalse del Piedras. “Hay una carretera poco conocida hasta el embalse que es espectacular. Ahora no puedo llegar tan lejos, pero volveré”.
En mayo de 2025, Antonio logró un hito impensable dos años atrás y se proclamó campeón de España de ciclismo adaptado contrarreloj en la categoría MT2, en Lugo. Además, fue segundo en la prueba en ruta. Un regreso a la élite que emociona por lo improbable, pero también por lo merecido.
No solo ha recuperado su capacidad competitiva, también ha canalizado su experiencia a través de la escritura. En enero de 2025, presentó su libro Accidente en el Real Club Recreativo de Tenis de Huelva.
La obra relata con honestidad los momentos más duros del proceso; el coma, la incertidumbre médica, la pérdida de autonomía. Luego, se transforma en una guía de resiliencia, donde Antonio comparte las claves que lo sacaron adelante, que se resumen en el optimismo, la constancia y el valor del deporte.
También incluye historias de otras personas que vivieron experiencias similares, como el ciclista Sergio Martín. “Escribir este libro me ayudó a recuperar movilidad en las manos y también a ordenar mis ideas”, explica. “Fue terapéutico”.
Punta Umbría y su futuro
El relato de Antonio no puede entenderse sin su estrecho vínculo con Punta Umbría. A lo largo de su vida, la localidad ha sido su aula, su parque de juegos, su lugar de fiesta, su centro de entrenamiento y ahora su espacio de sanación.
“Cuando era niño, pasaba las horas jugando a las cartas o al fútbol en la playa. Luego, en la adolescencia, todo era cena en el antiguo ayuntamiento y fiesta. Ahora, entrenar, playa, descansar muchísimo… siempre viendo el mar, claro”.
Los recuerdos también se entrelazan con costumbres locales. “Si me hubieras preguntado hace 15 años, te diría que no podía faltar unas patatas con ali oli del Garito, un partido de la Selección en Los Caracoles o una maceta en alguna zona de fiesta. Hoy, me basta con una patata asada de La Encina, un refrigerio en El Correlimos, un helado en Los Valencianos o una milhojas de Las Núñez. Y siempre, un paseo por la playa y otro por la ría. Todo sabe a infancia y a calma”.
El futuro de Antonio Prieto Navarro se perfila a golpe de pedal y de páginas escritas. Tiene como gran objetivo clasificar para los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028, un sueño que alimenta cada día desde su rutina puntaumbrieña.
La historia de Antonio no es solo la de un deportista que volvió. Es la de un ser humano que encontró en su entorno las razones para no rendirse. En su mar, su clima, en su gente…
“La vida no se detiene tras un accidente. A veces, es cuando realmente empieza”, afirma. Y en su caso, esa segunda vida se está escribiendo con tinta de coraje, ruedas de carbono y brisa atlántica.








