Tomás Cordero regresa a sus raíces con su primera exposición individual en Punta Umbría

Luz y Línea de Fractal, mi naturaleza sentida no es solo el título de la exposición que Tomás Cordero presenta en la Sala José Caballero de Punta Umbría, sino también un homenaje a su pueblo natal. Para este artista plástico nacido en esta localidad costera onubense en 1957, esta muestra representa un reencuentro íntimo con sus raíces, una cita ineludible con su lugar de origen tras décadas de trayectoria artística desarrollada principalmente en Sevilla.

Tomás Cordero exponiendo su obra a Periódicos Punto Cero.

La exposición, abierta del 23 de julio al 4 de agosto, supone la primera muestra individual del autor en su ciudad natal. A pesar de haber expuesto en importantes instituciones y contar con premios como el ‘I Convocatoria Pintores 92’ (Caja Provincial de Ahorros de Huelva), el ‘Premio Adaja’ de Ávila o la mención de honor en el ‘Daniel Vázquez Díaz’, Tomás confiesa que esta cita tiene un significado muy especial. “Siempre me sirvió como inspiración Punta Umbría, tanto es así, que no se entendería mi obra si se desliga de mi lugar de origen”, explica. “Por ello, me siento afortunado y agradecido de poder mostrar por primera vez unas obras en una exposición individual donde tengo la fuente de inspiración”.

Imagen de la jornada de inauguración de las muestra.

La muestra se compone de una serie de piezas elaboradas con técnicas diversas como óleo y tinta sobre papel o lienzo. Su pintura expresa su estrecha conexión con el entorno natural que ha marcado la identidad de este creador. En palabras del artista, “evoca y alude la memoria marina, entorno y naturaleza de Punta Umbría. Desde un planteamiento plástico, bajo dos ideas fundamentales como son la creación e investigación, y continuas experimentaciones con materiales y métodos utilizados”.

El público en la exposición del artista puntaumbrieño.

El enfoque creativo de Cordero es profundamente procesual. No se limita a mostrar una obra acabada, sino que busca desvelar las decisiones, errores y hallazgos que forman parte del trayecto. “En el proceso de elaboración de la obra existe el azar, donde se producen errores y aciertos. Todo lo que ocurre tiene cabida e importancia, y me interesa que el espectador perciba ese proceso”, indica.

La exposición también propone un viaje de encuentros más que de búsquedas. El retorno al lugar donde nació le ha permitido al artista “reflexionar sobre la pintura del momento y entender mejor mi lugar natal”, afirma. Para él, la naturaleza es más que una inspiración estética, es símbolo de libertad, fuerza y verdad. “Mis obras no representan nada; son sensaciones. La construcción de la idea es tan importante como los valores que transmite”, añade.

Con un estilo que transita entre la geometría y lo informal, Cordero ha desarrollado un lenguaje propio basado en la reducción de medios, en la investigación plástica y en la sinceridad creativa. “Estas obras se construyen desde la experimentación con el color, la línea y la estructura hasta llegar a la abstracción absorbida y reduccionista. Son hallazgos que parten de limitaciones autoimpuestas”, aclara.

En Luz y Línea de Fractal, el término ‘fractal’ no es casual. Cordero lo emplea como metáfora de ese diálogo constante entre el sujeto y su entorno, entre lo pequeño y lo infinito, lo repetido y lo único. “El fractal es un objeto geométrico que se encuentra en la naturaleza. Puede ser una línea costera o una planta”, explica. Su obra sugiere que esa misma geometría de la vida se manifiesta en su mirada como creador.

El vínculo con Punta Umbría no solo es temático, sino emocional. “Para que sea verdad lo que decidimos hacer en la vida, tenemos que hacerlo sin olvidar de dónde vienes”, reflexiona Cordero. Esta exposición, en definitiva, no es solo una muestra artística, sino un homenaje íntimo a su infancia, su paisaje, sus raíces.

Una amplia trayectoria

El trabajo de Tomás Cordero ha estado presente en colecciones públicas como el Museo Provincial de Huelva, el Museo de Arte Contemporáneo de Pamplona, la Fundación Telefónica o el Parlamento de Andalucía. Sin embargo, pocas veces su obra ha dialogado con tanta cercanía y sinceridad con el espacio que lo vio crecer.

Como él mismo señala, “en estos trabajos hay una manera de reseñar lo que no se quiere, (ni se debe) explicar. Que las imágenes, los símbolos, los colores hablen y erijan la historia que cada persona quiera para sí misma ver”.

Y eso es lo que propone esta exposición, que es una invitación al espectador a sumergirse en un universo visual que no impone, sino que sugiere; que no da respuestas, pero que despierta preguntas. Un viaje sensorial y emocional que nace en Punta Umbría y que, a través de la mirada de Tomás Cordero, vuelve a ella con la madurez de la experiencia, el respeto de la memoria y la frescura del reencuentro.

 

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