“Volver a llevar a la Virgen del Carmen por la mar ha sido emocionante y difícil de explicar con palabras”

Por: José Luis Galloso

Francisco José Márquez García tiene 45 años, es natural de Palos de la Frontera y su vida, como la de tantos hombres del litoral onubense, se forjó entre redes, mareas y tradiciones profundamente arraigadas. Durante décadas, Francisco y su padre compartieron vida y faena en el puerto de Mazagón, hasta que el destino, hace ya casi una década, lo llevó a un nuevo rumbo laboral también en la mar. Hoy, trabaja como patrón de remolcador para una empresa de servicios marítimos en el Puerto de Huelva.

Francisco José Márquez con su padre, momentos antes de embarcar a la Virgen del Carmen.
Años antes portando la imagen de la Virgen del Carmen.

Este 16 de julio ha sido especial para Francisco, puesto que ha vuelto a sentir el timón de una embarcación pesquera navegando con la Virgen del Carmen a bordo por las aguas de Mazagón.

Llevaba casi diez años sin hacerlo. Cuando la Asociación de Romeros del Carmen de Mazagón me lo propuso, no lo dudé ni un momento. Deseaba volver a hacerlo, y la emoción ha sido indescriptible”, cuenta Francisco, que ese día volvió a colgarse su medalla y a gobernar con su alma marinera aquel timón.

Durante los años 2001 a 2010, Francisco fue patrón del barco Hermanos Márquez, propiedad de su padre, y con él tuvo el privilegio de llevar a la Virgen en su tradicional procesión marítima. “Era un día de fiesta en casa. Salíamos temprano, lo preparábamos todo en familia y vivíamos la jornada con alegría y fe”, recuerda. Aunque su padre decidió vender el barco en 2016, nunca se alejó de esta devoción. “Mi padre, Francisco también, sigue embarcando cada año en la procesión. Cuando le dije que este año la llevaba yo, se le saltaron las lágrimas”, confiesa.

El buque Hermanos Márquez en el que llevó antaño a la Virgen.

El reencuentro con este papel llegó casi por casualidad. El patrón que iba a cumplir con esa misión, en los mandos del buque Hermanos Yarque, no podía hacerlo este año por motivos de salud. Y pensaron en Francisco. Miguel Lozano, el armador del buque, lo conocía y su experiencia en la mar fue fundamental: “Me ofreció llevarla y acepté con toda la ilusión del mundo. Llevar de nuevo a la Virgen es algo muy especial, no se puede describir con palabras”, expresa con voz entrecortada.

La patrona de los marineros a bordo del buque ‘Hermanos Yarque’.

Y así fue como, en este día grande para la marinería, Francisco esperaba en el puente del Hermanos Yarque la llegada de la Virgen del Carmen en el Puerto de Mazagón. Cientos de fieles y carmelitas se agolparon cerca de las aguas para vitorearla. A bordo, como es costumbre, familiares, costaleros, representantes de la hermandad y algunos que tuvieron la oportunidad. A babor y estribor, una multitud de carmelitas en sus embarcaciones custodiaban a la patrona de los marineros en su tránsito fluvial por Mazagón.

Los pelos de punta, lágrimas contenidas, vítores a la Virgen… es una emoción difícil de explicar. Y más aún porque sabes que todos te miran, que todos están pendientes de ese momento tan esperado por el pueblo”, relata Francisco. Su padre estuvo a su lado en la embarcación, como cada año, pero esta vez con una emoción renovada: la de ver a su hijo volver a llevar a la Virgen a la que tantas veces se encomendaron en sus largas faenas en el mar.

Acompañando a la comitiva durante la procesión por las calles de Mazagón.

La mar deja huella

Francisco ha vivido buena parte de su vida vinculado a la pesca artesanal. Comenzó faenando con su padre desde joven, y recuerda con nostalgia los tiempos del trasmallo y la chirla. “Ahora en Mazagón casi no quedan barcos. Los pocos que hay son de Isla Cristina o Ayamonte; quedan pocos de Palos de la Frontera. La pesca aquí ha decaído mucho”, lamenta.

En 2016, tras la retirada de su padre y la venta del Hermanos Márquez, decidió buscar estabilidad. Fue entonces cuando entró a trabajar como patrón de remolcadores para la empresa Amadesan, encargada, entre otras cosas, de las operaciones en la Monoboya del puerto de Huelva. “La diferencia es enorme. Ahora tengo una nómina fija, algo que en la pesca nunca fue seguro. Antes salías sin saber si ganarías algo. Ahora tengo estabilidad, pero echo de menos la mar en ocasiones”, admite.

A pesar del cambio de vida, Francisco no ha perdido su vínculo con la Virgen del Carmen. “Cuando salimos a faenar y el mar está bravo, yo siempre me encomiendo a ella. Le pido que ponga su mano encima para que volvamos todos sanos a casa. Esa devoción no se pierde, aunque cambie el rumbo”, cuenta emocionado.

La tradición de llevar a la Virgen no es solo una cuestión de fe. Es también un legado familiar, una forma de mantener viva la memoria marinera. “Es un orgullo poder revivir esto con mi padre, y ojalá algún día mis hijos, aunque no puedan ahora, también puedan vivirlo”, afirma. Este año lo acompañaron su mujer y sus dos hijos pequeños desde tierra, completando ese círculo que conecta generaciones con el mar.

Quiero agradecer profundamente a la Hermandad del Carmen y a Rosa García Garrocho por pensar en mí, y también al armador Miguel Lozano por confiarme su barco. No es cualquier cosa dejar un barco a alguien, y eso siempre lo llevaré conmigo”, concluye.

En una costa donde la pesca va perdiendo protagonismo, momentos como este devuelven al puerto su esencia marinera. Francisco Márquez ha vuelto a surcar las aguas con la Virgen, con el corazón en la mano, con la sal en los ojos y con la promesa intacta de que la fe en la mar sigue viva. Para él, y para todos los que crecieron abrazados a la devoción del Carmen, cada 16 de julio es un día que huele a mar, a casa, a memoria familiar… y, sobre todo, a la mirada serena de la Virgen del Carmen.

 

Compartir
Scroll al inicio