El verano en El Rompido siempre es un momento de fe y devoción hacia la Virgen del Carmen. El carácter marinero de este enclave de Cartaya está presente durante toda la temporada estival, pero especialmente durante las Fiestas del Carmen.
Esta temporada, los carmelitas han vivido uno de sus momentos más emotivos con el pregón de las fiestas a cargo de Juan Jesús Hurtado Benítez, vecino de toda la vida y hombre profundamente arraigado a la tradición marinera de este rincón costero de Cartaya. Su discurso, cargado de recuerdos, emociones y vivencias familiares, logró arrancar los aplausos y las lágrimas de un público que se sintió reflejado en cada palabra.
“Llevo 48 años viviendo en El Rompido. Nací en Huelva, en el hospital, pero desde que vine al mundo no he vivido en otro sitio”, comienza contando, con un marcado lenguaje de la costa onubense, el nuestro, y la serenidad de quien habla desde el corazón. Su vida, como la de tantos vecinos, se forjó a la orilla de la mar. Aunque hoy trabaja en la construcción, su infancia y juventud estuvieron profundamente vinculadas al mar, siguiendo la estela de su padre.
“Mi padre fue marinero y tenía su propia embarcación. Desde niño me gustaba ir con él al barco. En principio iba a ver, no a trabajar, porque entonces los niños acompañábamos a nuestros padres sin más. Era nuestra manera de aprender”, recuerda. Su padre, José Hurtado Borrero, junto a su tío Manuel, faenaban en el barco ‘Hermanos Hurtado’. “Yo lo conocí siempre como marinero. Pasaba noches enteras en el río limpiando artes o en la lonja de Huelva vendiendo el marisco y el pescado. A veces me llevaba con él, y son recuerdos que nunca se borran”.
La tradición marinera estaba presente en toda la familia. “Por parte de mi padre y también de mi madre, todos eran marineros. Mis tíos trabajaron incluso en pesqueros de altura, en campañas en Angola, pasaban meses fuera de casa. La mar siempre estuvo en mi vida, en casa, en las conversaciones y en nuestra manera de vivir”, explica con orgullo.
Y junto al mar, la devoción. “La Virgen del Carmen siempre ha estado en mi casa. En la salita donde estaba el teléfono, había un cuadro de la Virgen que recuerdo desde niño. Para mi familia era una presencia constante. A ella nos encomendábamos, porque todos sabíamos que en la mar la vida pende de un hilo”.
Esa devoción no solo era íntima, también comunitaria. Hurtado recuerda cómo desde pequeño participaba en las procesiones marítimas y cómo la fe marcaba el ritmo de cada verano. “He acompañado a la Virgen en el río desde chico en la procesión y en casa vivíamos el Día del Carmen en familia y abriendo la casa a la familia y amigos. Además, mis padres vivían en la calle Virgen del Carmen, por donde pasaba la procesión de camino al muelle y a la vuelta”, relata Juan Jesús.


Una infancia marinera
Su relato está lleno de recuerdos entrañables de su niñez en el viejo Rompido, con apenas unas pocas calles y casas de arena. “Jugábamos en la calle con otros niños. No había móviles ni pantallas, nuestro juego era la orilla, la arena, la imaginación. Hacíamos barcos de juguete con latas de aceite viejas, y aquello nos daba la vida. Era otra forma de crecer, en comunidad, con los amigos, en contacto con el mar”.
El Rompido que conoció de pequeño poco tiene que ver con el actual enclave turístico. “Cuando yo era niño, hacia la zona donde hoy están los hoteles no había nada, solo campo. El cambio ha sido enorme, brutal. Pero pese a todo, la esencia marinera no se ha perdido”.
Aunque reconoce que el turismo ha transformado el pueblo, insiste en que la identidad sigue viva. “Hoy hay muchos negocios, restaurantes, heladerías, tiendas. Pero los nativos seguimos siendo de la mar. Muchos jóvenes continúan con sus padres en los barcos, y otros, aunque no lo han vivido en casa, sienten la llamada del mar. La esencia marinera se mantiene y la Virgen del Carmen sigue siendo el corazón del pueblo”.

El pregón de su vida
Este año, Juan Jesús tuvo el honor de ser elegido pregonero de las Fiestas del Carmen. Una responsabilidad que asumió con respeto y emoción. “Me lo propusieron mes y medio antes. Al principio me quedé en blanco, no sabía si sería capaz. Pero pensé en mis padres, en mi gente, y sentí que tenía que hacerlo. No podía decir que no”.
No era su primera vez escribiendo a la Virgen. Durante años, tras la trágica pérdida de sus padres en un accidente de tráfico, Hurtado le ha compuesto sevillanas a la Virgen del Carmen. “Mi madre nunca llegó a escucharme cantar. Desde entonces me comprometí conmigo mismo a dedicarle cada año unas letras a la Virgen, para que ella las escuchara allá donde estuviese. Ha sido mi manera de sentirlos cerca y de mantener esa promesa”.
Por eso, el pregón se convirtió en un homenaje doble a sus padres y a su pueblo. “Lo dediqué a mi familia del cielo. Fue un momento muy especial, con mis amigos acompañándome en el escenario, y con todo mi pueblo escuchando. Recibí tanto cariño que aún hoy sigo emocionado cuando lo recuerdo”.

Hurtado muestra gratitud a las personas que confiaron en él, entre ellos sus vecinos, dando las “gracias a mis vecinos por confiar en mí para dar el pregón. Gracias a la Hermandad, a los hermanos mayores, y a todos los que me apoyaron. Ha sido una experiencia única, un honor que guardaré siempre en mi corazón. El Rompido es mi vida y la Virgen del Carmen, nuestra guía”.








