A sus 14 años, el jinete valverdeño Guillermo Magallanes Mora se prepara para vivir la experiencia más importante de su corta pero intensa trayectoria en el mundo de la hípica. La próxima semana representará a España en el Campeonato de Europa de Equitación de Trabajo, que se celebrará en Francia del 21 al 24 de agosto. Seleccionado por la Federación Española de Hípica gracias a su magnífica temporada, Guille formará parte del equipo junior nacional.
La pasión de Guillermo por los caballos no es fruto de una casualidad, sino de una herencia familiar que se remonta nada menos que a cinco generaciones. “Mi familia de toda la vida se ha dedicado a esto. Tanto mi padre, mi abuelo y yo hemos sido jinetes, y ahora Guillermo continúa la tradición”, explica su padre, José María Magallanes, que además ejerce como uno de sus principales guías en su proceso de aprendizaje.
La pasión por montar comenzó cuando Guille apenas levantaba un palmo del suelo. “Mis primeros recuerdos son montando sin montura en El Rocío, con mis amigos. Tendría cinco o seis años”, recuerda el joven. Sin embargo, no fue hasta los diez cuando decidió tomárselo más en serio y comenzar una preparación más técnica. “Empecé con doma clásica. Es más técnica y, desde ahí, tienes la puerta abierta a otras disciplinas”, apunta.

Actualmente, entrena en Trigueros bajo la dirección de Antonio Blanco Prieto y dedica gran parte de su tiempo no solo a montar, sino también a cuidar a sus caballos. Su gran compañero de batallas es Fechado, un pura raza española con el que lleva compitiendo desde hace cuatro años. “Tenemos mucha complicidad. Es uno de los pocos pura raza que estará en el Europeo, y posiblemente sea el caballo más jóvenes del campeonato, con solo siete años”, explica su padre con orgullo.

La temporada que le ha llevado hasta la cita continental no ha sido sencilla. El sistema de clasificación, por ranking, exigía puntuar en al menos cinco de las pruebas nacionales disputadas este año. Guillermo y Fechado lograron su plaza tras competir en Trigueros, Granada, Sevilla, Zafra y Segovia. “Ha sido muy complicado, sobre todo por la competencia, había mucha gente buena”, reconoce el jinete.
De todas esas competiciones, recuerda con especial cariño la celebrada en Zafra. “Era un sitio espectacular, con instalaciones buenísimas y cerca del pueblo de mi abuelo. Estuvo toda mi familia apoyándome y fue muy especial”. En cambio, Sevilla se le hizo más difícil porque “la pista era muy chica y me puse más nervioso”.

En el Campeonato de Europa competirá en la categoría junior de Equitación de Trabajo, disciplina que combina técnica, velocidad y control. Para llegar en plena forma, entrena todos los días, a veces con varios caballos distintos. “Mi padre se dedica a este mundo y eso me permite montar más caballos, porque al final la equitación son sensaciones, y cada caballo es diferente”, explica. José María añade que esta variedad le permite prolongar las horas de práctica, ya que un caballo solo puede rendir a pleno nivel durante unos 45 minutos.
El reto no es pequeño ya que se medirá a los mejores jinetes europeos. “Siento nervios, pero también mucha ilusión. Intento no pensar en el resultado y centrarme en mis amigos y en disfrutar”, confiesa Guillermo.
Su padre, que también ha competido a nivel internacional, sabe lo que significa esta experiencia. “Mi expectativa es que viva el campeonato, que lo disfrute y que ponga al Fechado en el sitio que merece. Si llega una medalla, mejor, pero lo importante es que aprenda y crezca como jinete”.
En esta aventura, la familia es un pilar fundamental. María Teresa, madre del joven, vive la hípica desde otro punto de vista: “Yo no monto, pero siempre he estado apoyando. Nosotras somos las sufridoras: llevamos los trajes, los sombreros, las botas, las camisas… Todo para que no falte nada. Trabajo más que ellos, desde mi punto de vista”, bromea.
La competición será un momento especial para compartir experiencia familiar. “Es también un momento para estar juntos, aunque él esté concentrado con el equipo. Para nosotros son como unas vacaciones, siguiendo su trabajo y disfrutando del momento”, comenta María Teresa.
El camino hasta Francia no ha sido fácil tampoco en lo económico. “La hípica no es barata: y los desplazamientos, mantenimiento del caballo o transporte, son costosos. Hemos tenido algo de ayuda de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española y de la Federación Andaluza de Hípica”, a quien José María agradece el apoyo, a la vez que lamenta la falta de patrocinadores para afrontar la cita.
En apenas unos días, Guillermo vestirá el traje de la selección, que ya espera impaciente en casa. “Me lo pruebo todos los días”, confiesa entre risas compartidas. A partir del 21 de agosto, el joven jinete de Valverde del Camino galopará en suelo francés, llevando consigo no solo el trabajo de años, sino también la ilusión de una familia entera y el orgullo de todo un pueblo. Será un momento de homenaje, además, a su abuelo Guillermo Mora, que nos dejó hace apenas 15 días y a quien su nieto tendrá muy presente a lomos de Fechado.








