La Asociación Resurrección, al borde del colapso tras casi 40 años de entrega social

La Asociación Resurrección, con casi cuatro décadas de trayectoria en Punta Umbría, atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. La entidad, que ha asistido a miles de personas en situaciones de vulnerabilidad, se enfrenta a una situación presupuestaria que amenaza con clausurar muchos de sus programas esenciales e, incluso, con cesar su labor social. Su actual presidente, Pedro Martín Franco, reconoce con crudeza que “la situación ahora es complicada, muy complicada. Y lo peor es que no sabemos si podremos mantenerla hasta final de año”.

Miembros de la Directiva de Resurrección.

Resurrección se ha consolidado como un pilar social en la localidad. Con su equipo de profesionales y voluntarios atiende a diario a unos 150 usuarios, entre ellos menores en situación de vulnerabilidad, personas mayores en soledad, familias con problemas de exclusión, migrantes en situación irregular y, de forma muy significativa, personas sin hogar. La asociación se coordina con servicios públicos como el centro de salud, los servicios sociales municipales y entidades supramunicipales para dar respuesta a situaciones donde la administración no llega. “Resurrección no trabaja al margen de lo público, sino en coordinación con ello. Los servicios sociales nos derivan casos de vecinos y vecinas de la localidad, y nosotros cubrimos lo que ellos no pueden cubrir. Eso nos convierte en un recurso imprescindible en el día a día del municipio”, recalca Martín Franco.

Pedro Martín Franco, presidente de la asociación Resurrección.

La financiación de los proyectos

El origen de la crisis actual está en la financiación. A finales de 2024, Resurrección fue excluida de una línea de subvenciones de la Junta de Andalucía que venía recibiendo de manera continuada. Esa resolución, conocida el 27 de diciembre, llegó cuando la entidad ya había planificado y presupuestado el ejercicio 2025. “Ni nosotros ni muchas otras entidades aparecíamos en la resolución definitiva. Fue un jarro de agua fría, porque no hablamos de un proyecto puntual, sino de partidas con las que contábamos para sostener diferentes programas básicos”, explica el presidente.

Conocedores de que la ayuda no llegaría, Resurrección decidió no cesar los servicios de los programas que venían desarrollando años atrás y, con fondos propios de las cuotas de asociados e iniciativas para autofinanciarse, han solventado los gastos a lo largo del presente año.

Pero la pérdida de casi 40.000 euros de financiación y las buenas intenciones del personal de Resurrección han tenido consecuencias a lo largo del año, entre ellas la reducción de horas de contratos y, en los últimos días, la rescisión de contratos de compañeros con años de servicio en el centro. La incertidumbre de no poder sostener programas vitales es una presión para la plantilla. “Aquí todos hemos bajado nuestras horas. Algunos han priorizado emplear los recursos económicos de la asociación para asistir a personas necesitadas, por encima de la remuneración de su sueldo. Ayer mismo tuvimos que despedir a una compañera. Son decisiones muy duras, porque detrás de cada contrato hay un servicio que se resiente”, lamenta Martín Franco.

El mayor problema, subraya la directiva, es la falta de liquidez para cofinanciar proyectos futuros. “Cuando pedimos una subvención, no solo tenemos que justificar el dinero que nos conceden, sino añadir una parte que nuestra entidad tiene que cubrir con recursos propios. Y esa diferencia la hemos cubierto siempre con donaciones, mercadillos o aportaciones puntuales. Pero ahora esa hucha está vacía”.

Esto compromete la continuidad de los programas para 2026, ya que sin capacidad de cofinanciación la asociación no podrá acceder a nuevas convocatorias. “Lo que pedimos no es dinero para la asociación en sí, sino para proyectos concretos como el comedor, la escuela de verano, apoyo a personas privadas de libertad, programas de prevención… Queremos seguir haciendo lo mismo que hemos hecho siempre”, insiste.

Una ayuda imprescindible

El volumen de trabajo que maneja Resurrección da la medida de su impacto social. Alrededor de 50 niños en la escuela de verano, entre 40 y 45 personas diarias en el comedor social, una media de 15 personas sin hogar en desayunos, además de talleres en prisión, programas de mujer y prevención de adicciones, proyectos para mayores en soledad o para migrantes. En total, para hacernos una idea de la repercusión a nivel local, alrededor de 150 usuarios diarios reciben atención de la entidad.

Alumnos y monitores en la escuela de verano.
En el comedor de la escuela de verano.
Personas en riesgo de exclusión social durante el desayuno en Resurrección.

El presidente admite que las áreas más afectadas son aquellas que ofrecen a los usuarios garantías alimentarias, entre ellas la escuela de verano que integra a niños de la localidad y el Centro de Día que asiste a personas en alto riesgo de exclusión social y, en la mayoría de los casos, sin hogar. Para estos casos se presenta un servicio que ofrece duchas, lavandería, desayuno, acompañamiento y, sobre todo, una atención social profesionalizada. “Es muy llamativo hablar de la ducha o del desayuno, pero lo verdaderamente grave es la pérdida de la atención profesional. Es la que ayuda a estas personas a regularizar su situación, a encontrar un empleo o a recuperar su vida. Eso es lo que se resiente, y es lo que más nos duele”.

La asociación ha hecho un llamamiento público a empresas, ciudadanos y entidades privadas para que colaboren económicamente. La cifra que necesitan para garantizar la cofinanciación de los proyectos ronda entre 13.000 y 15.000 euros. “Cualquier ayuda es más que bienvenida en estos momentos y cada euro suma. Lo que pedimos es que el pueblo se empodere de la asociación”, afirma Martín Franco.

Ya se están poniendo en marcha iniciativas para recaudar fondos, como una gala solidaria que se prevé celebrar el próximo 27 de septiembre en la Plaza de las Artes. “Nos gustaría que grupos y artistas locales nos echaran una mano en estos momentos tan difíciles, así como otros de fuera del municipio que quieran ayudarnos a nosotros y a todas estas personas”.

Resurrección no es solo una asociación, sino un referente de solidaridad y un salvavidas para cientos de vecinos de Punta Umbría. La posibilidad de que cierre sus puertas por primera vez en casi 40 años genera preocupación y un fuerte movimiento de apoyo en redes sociales.

Nos duele profundamente tener que hacer este llamamiento. Nunca lo habíamos hecho en todos estos años, pero hemos llegado a un punto en que, sin ayuda, no podremos continuar. Solo pedimos poder mantener lo que llevamos décadas construyendo. En todo esto hay que dejar claro que las administraciones públicas comprometidas en aportar económicamente fondos a Resurrección, han cumplido con sus aportaciones anuales. Por tanto, queremos evitar controversias políticas con este asunto”, concluye Martín Franco.

La asociacion facilita el siguiente número de cuenta bancaria para las donaciones de particulares y voluntarios ES81 2100 7171 8421 0017 3296.

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