“La procesión de San Roque es una explosión de devoción»

En Lepe, el mes de agosto es sinónimo de fervor, tradición y fiesta. Entre el bullicio de los días grandes dedicados a la Virgen de la Bella, patrona de la localidad, cada 16 de agosto los leperos vuelven la mirada hacia su patrón, San Roque, en una cita que año tras año gana fuerza. La Hermandad de San Roque, constituida en 2011 como tal, se ha convertido en el motor que mantiene viva la devoción al santo y que trabaja, con constancia y dedicación, por dignificar su culto.

Al frente de esta tarea está Manuela García Santana, actual Hermana Mayor desde 2021, que subraya el crecimiento experimentado en estos años. “Parte de la labor que nosotros hemos estado haciendo es precisamente darle esa dignificación y que realmente el pueblo entienda por qué San Roque es su patrón. Hoy por hoy estamos con un número de hermanos bastante digno y la devoción, tanto en los cultos de la parroquia como en la calle, es cada vez mayor”, explica.

Miembros de la junta de Gobierno de la hermandad y autoridades locales en un acto oficial.

La relación de Manuela con la hermandad no es casual. Su historia personal está marcada por la figura de San Roque desde la infancia, cuando pertenecía al grupo Scout Rodes de Lepe. “Siendo niña, el Ayuntamiento nos pidió que fuésemos los encargados de llevar el paso del día 16 de agosto. No existía hermandad todavía, pero aquello me unió aún más al patrón”, recuerda.

Los scout de Lepe portando al santo Patrón San Roque.

Ese vínculo se consolidó con la constitución de la hermandad en 2011, después de un largo proceso iniciado en 2008 con la ayuda del párroco don Feliciano Fernández Sousa. Desde entonces, Manuela ha pasado por distintos cargos como vocal de juventud o secretaria, hasta llegar a ser Hermana Mayor, un cargo que ostentará hasta 2026.

Estoy desde los inicios. Mi padre también ha estado siempre vinculado, y hoy sigue siendo tesorero con ochenta años. San Roque para nosotros no es solo devoción, es parte de nuestra vida familiar y comunitaria”, destaca.

Un patrimonio en crecimiento

En apenas una década, la hermandad ha pasado de tener lo justo para salir en procesión a contar con un patrimonio propio cada vez más rico. “Empezamos casi desde cero. El paso nos lo cedió el Ayuntamiento en los años 90, pero no contábamos ni siquiera con un estandarte. Hoy tenemos altar de culto, candelería, insignias, el bacalao y el retablo de la capilla. El patrimonio ha crecido considerablemente y eso también forma parte de nuestra responsabilidad”, señala Manuela con orgullo.

Buena parte de este crecimiento se ha financiado gracias al compromiso de los hermanos y a la colaboración de empresas locales. Las actividades benéficas, las rifas, la venta de lotería y hasta un chiringuito medieval en la feria han permitido costear estas mejoras. También el Ayuntamiento de Lepe es un importante punto de apoyo en la financiación de la hermandad y la devoción a San Roque, así como los patrocinadores de nuestra revista anual, que son un pilar muy importante.

El trabajo de la hermandad no se limita a la organización de cultos y procesiones. También se centra en dos grandes ejes, que son la acción social y la juventud. “Nuestro compromiso está ligado a Cáritas parroquial y destinamos un porcentaje importante de lo que recaudamos a ayudar a los más necesitados. Además, como San Roque es patrón de los enfermos, tenemos una relación muy estrecha con la Pastoral de la Salud”, explica la Hermana Mayor.

Otro de los retos es sumar savia nueva. Aunque la hermandad cuenta con hermanos jóvenes, atraer a nuevas generaciones no es fácil. “Es complicado comprometer a la gente joven, pero es un reto necesario para garantizar el relevo y la continuidad. Tenemos que transmitirles que San Roque no es solo una fiesta, sino un ejemplo de servicio y solidaridad”, subraya.

El momento culminante llega cada 16 de agosto, cuando San Roque recorre las calles de Lepe. Para la Hermana Mayor, ese día es el fruto de todo un año de trabajo. “La procesión del día 16 es una explosión. Todo el año estamos preparando detalles, y cuando llega ese momento lo que toca es disfrutar. Los nervios los tenemos antes, durante el triduo de julio, pero la procesión es ya vivirlo con el pueblo”.

La salida cuenta además con elementos muy característicos, como la bajada de la imagen entronizada al altar mayor de Santo Domingo, que cada año emociona a los fieles. La procesión, acompañada este año por la banda del Cristo de la Buena Muerte de Ayamonte, es corta pero intensa, cuidada al detalle para que el recorrido brille en cada esquina.

Cada año la iglesia está más llena y las calles también. Se nota que la devoción crece, que la gente siente que San Roque está más presente en la vida del pueblo”, afirma la hermana mayor. Y es que Manuela y su equipo quieren seguir consolidando la devoción a San Roque entre las nuevas generaciones. “Queremos que los jóvenes se impliquen, que vean en San Roque un referente de fe y de servicio al prójimo”, apunta.

Al mismo tiempo, la hermandad seguirá volcada en mantener viva la memoria de quienes ya no están. “Cada año recordamos a los hermanos que han partido. Ellos también forman parte de esta historia y nos acompañan desde la presencia del Señor”, dice emocionada.

En Lepe, San Roque sigue siendo mucho más que una imagen. Es símbolo de identidad, de solidaridad y de esperanza. Su hermandad, joven pero comprometida, ha logrado que cada año el patrón tenga más fuerza, más devotos y más presencia en la vida de la localidad.

Y cada 16 de agosto, cuando el santo sale a las calles, los leperos saben que la tradición está viva y que la devoción a San Roque seguirá creciendo, de la mano de quienes lo veneran y lo sienten como parte esencial de su historia.

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