“Mi madre me transmitió la fe en la Virgen del Carmen y seguiré portándola hasta que tenga fuerzas”

Es día de procesión y el fervor se respira en cada rincón de la villa costera. El calor del verano abraza Punta Umbría, abarrotada de vecinos y visitantes que esta mañana disfrutaba de la tradicional cucaña en la ría. Los cabezudos  y la charanga han abierto una jornada con un ruido que suena a música festiva u júbilo carmelita. Pero hoy el tiempo se detiene cuando la patrona, la Virgen del Carmen, sale a la calle para surcar las aguas del estuario del río Odiel, escoltada por una flota de embarcaciones que hacen sonar sus bocinas a la llegada de la alcaldesa perpetua al muelle de las canoas.

Antes de ese momento cumbre, la Virgen partirá desde la capilla de Lourdes para descender por la emblemática calle Lepanto hasta la plaza Pérez Pastor, deteniéndose en la puerta del Casino de Esperanza, donde Juanma Campoy ofrecerá un homenaje muy especial. Será para él y su familia especialmente emotivo… el pueblo lo sabe y la memoria de su madre estará presente. Entre el bullicio, el paso de los costaleros mece con solemnidad a la Señora de los Marineros, siguiendo una tradición centenaria que late con fuerza en el corazón del pueblo.

Entre todos los hijos marineros que la portan, se distinguen unos pies descalzos que avanzan con paso firme y cadencioso. Son los de Paco Hernández Domínguez, de la conocida familia ‘Caena’. Cada año, desde 1991, abre el costal izquierdo del paso, con un rostro que mezcla emoción contenida y respeto absoluto por su patrona. “Mi madre fue quien me inculcó esta devoción”, cuenta con voz entrecortada. “Mi padre era marinero, igual que yo y toda mi familia, pero fue ella quien me transmitió la fe por la Virgen del Carmen. Por ella la llevo, y no dejaré de cogerla mientras tenga fuerza”.

Paco Hernández en la procesión del pasado 16 de julio. FOTO: Juan José Rodríguez.
Los pies descalzos de Paco por la playa.

Paco ha mantenido el mismo lugar en el paso durante más de tres décadas. “Desde el primer año que la cogí ahí, en el 91, siempre me han respetado el sitio. No he fallado ni un solo año, y se lo agradezco a todos los costaleros, porque todos tienen su mérito. Les doy las gracias por ese respeto”, afirma con orgullo.

Su compromiso no termina en sus propios hombros. Paco es un referente para las nuevas generaciones de costaleros y, sobre todo, para su hija Carmen. “Siempre la tengo a mi vera. Llevo 25 años haciendo el trayecto con ella, desde que era una niña. En 2024 tuvo el honor de portar la vara de hermana mayor con apenas 23 años, y eso para mí es un orgullo enorme”.

Esa complicidad padre-hija se palpa cada 16 de julio y en la procesión de agosto. Porque Carmen camina junto a él, acompañándole por las calles de la localidad, caminando descalza durante el trayecto en la playa, agarrando su mano cuando sube la cuesta del Carmen con la patrona a hombros y en su llegada al templo que la guarda. “Ella no se me despega cuando la Virgen está en la calle”, reconoce Paco con una sonrisa.

Paco portando a la Virgen con su hija Carmen a su lado cuando apenas contaba unos cuantos años.
Junto a su hija Carmen en la procesión del 16 de julio.

Una promesa viva en un costalero lleno de humildad

Su costal se apoya sobre unos hombros curtidos, pero sus pies pisan la arena y el asfalto sin calzado. No es casualidad. “Fue una promesa que hice por una persona muy querida para mí”, explica. “Ya la he cumplido, y mi niña me dice que debería dejarlo, pero mientras pueda seguiré llevando el paso descalzo”.

Esa imagen, el paso meciéndose al ritmo de los costaleros, y Paco avanzando sin calzado, con la mirada fija en la Virgen, es ya parte inseparable del imaginario de la procesión. Un gesto de fe y entrega que inspira a quienes comparten trabajadera con él.

Quienes lo conocen destacan su humildad y su disposición a ceder su sitio para que otros hermanos carmelitas sientan sobre sus hombros el peso de la Virgen protectora. Esa generosidad ha contribuido a reforzar el espíritu de camaradería entre los costaleros, un vínculo forjado años tras año con el esfuerzo compartido y en las emociones vividas cada verano.

Paco sabe que no todos los que quisieran pueden estar bajo las trabajaderas. “Hay muchos que lo merecen y que sienten lo mismo que yo. Por eso, cuando puedo, cedo mi sitio para que también vivan esa experiencia. Es algo que no se olvida en la vida”.

En la familia ‘Caena”, la devoción al Carmen se ha transmitido de generación en generación. El mar, las redes y las faenas de pesca se mezclan con rezos y vivencias ligadas a la patrona de los marineros. Paco lo ha vivido desde pequeño, y ahora ve cómo su hija sigue esos pasos.

Cada procesión es un reencuentro con las raíces y la fe de su pueblo. Pero sobre todo, a nivel personal, es un momento único. “Es un orgullo indescriptible. Cada vez que la cojo, me acuerdo de mi madre, de mi familia, de toda la gente que me ha acompañado en este camino. Mientras pueda, y tenga fuerzas y salud, seguiré aquí, con mi Virgen”, sentencia.

En Punta Umbría, el paso de la Virgen del Carmen es tradición, fe y sentimiento. Y en esa historia, la imagen de Paco en ese costal ocupa ya un lugar destacado, No solo por su fuerza bajo el costal, sino por la humildad, la fe y la entrega con las que cada año mece a la Protectora de los Marineros.

 

Compartir
Scroll al inicio