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Por: José Luis Galloso
El Rompido guarda en su memoria colectiva los nombres y las historias de marineros que forjaron su identidad junto a la ría del Piedras. Hombres como el Vivo, el Chicha, Ofito o el Golfo forman parte de esa listado entrañable de personajes que, con sus rostros marcados por la sal y el sol, encarnan la esencia marinera del pueblo. Hoy, esa memoria cobra nueva vida gracias a los pinceles de Xavi Guerra, pintor local con raíces cartayeras y espíritu trotamundos, que ha convertido a estos viejos lobos de mar en protagonistas de su última exposición titulada, ‘Rostros del Mar’.
“Siempre quise hacer algo en honor a mi madre, que falleció hace cinco años”, explica Guerra en conversación con periódicos Punto Cero. “La idea inicial era pintar paisajes de la Almadraba del Rompido, donde nació mi madre, pero un día salí con la cámara y retraté a ‘Gaby’, uno de los pescadores. Al ver esas fotos pensé, ‘esto quedaría chulísimo en lienzo’. Y entonces decidí dedicar la serie a los pescadores del pueblo. El resultado ha sido muy bien recibido y creo que he acertado, porque El Rompido es eso: sus pescadores”.
La biografía de Xavi Guerra es, en sí misma, un viaje artístico. Nació en Inglaterra, hijo de madre cartayera, de la familia de ‘los Calentura’, y de padre malagueño. Sus padres emigraron al Reino Unido por motivos laborales, y allí pasó buena parte de su infancia y juventud. Sin embargo, sus veranos siempre transcurrían en El Rompido, un vínculo que se hizo definitivo hace veinte años, cuando decidió asentarse de manera permanente en el pueblo.
Antes de dedicarse de lleno a la pintura, Guerra trabajó en distintos oficios y escenarios. Estudió diseño gráfico en Liverpool y montó una pequeña empresa en Sicilia. En California colaboró con un periódico local, y en Barcelona cambió los pinceles por la carpintería, construyendo casas de madera durante más de una década. “Era el carpintero del pueblo”, recuerda refiriéndose a su última etapa en Cartaya. Todo cambió tras una grave lesión de espalda que lo apartó del trabajo físico. “Me pensionaron antes de tiempo y tuve que reinventarme. La pintura se convirtió entonces en mi refugio y, más tarde, en mi forma de vida”.


Retratos que cuentan historias
En Rostros del Mar, cada cuadro es un relato en sí mismo. Las arrugas profundas, las miradas cansadas, la piel endurecida por el salitre se convierten en narradoras de historias de esfuerzo, sacrificio y dignidad. “He disfrutado mucho pintando estos retratos porque me permitían imaginar las vidas de cada uno. Al ampliar las fotos en casa y empezar a pintar, me venían a la mente mil y una historias sobre lo que habrían vivido. Era como escribir un libro con pinceles”, confiesa el artista.
Los retratados son figuras muy reconocidas en el pueblo y “han quedado muchos fuera”, admite Guerra, “pero ya he prometido que en la próxima serie estarán. Incluso voy a incluir a mujeres, porque también forman parte de la historia marinera y merecen ser retratadas”.



La muestra no solo ha destacado por la calidad pictórica de las obras, sino también por su cuidada puesta en escena. Las piezas se colgaron sobre redes de pesca, aportando un ambiente marinero que conectó de inmediato con el público. “Fue idea de mi hijo Javi”, recuerda el pintor. “Cuando vimos que el espacio interior era muy caluroso, él sugirió montar la exposición al aire libre, colgando los lienzos de redes. Fuimos al Terrón a buscar material y al final el resultado fue redondo. Todo muy espontáneo y auténtico, como tenía que ser”.
Esa autenticidad ha sido clave para la conexión con los vecinos de El Rompido. “Los pescadores no dudaron en quedarse quietos frente a mi cámara, algunos al principio un poco asustados porque pensaban que era de las autoridades, pero en cuanto les expliqué el proyecto lo acogieron con mucha ilusión”, recuerda con una sonrisa.
Además, la muestra también incluye paisajes de El Rompido, algunos de ellos pintados sobre maderas azotadas por el paso del tiempo o las inclemencias del tiempo, que Xavi ha sabido devolver a la vida y convertirlas en arte. “Algunas de las obras están pintadas sobre las tablas de las pasarelas de El Portil, destruidas durante las fuertes lluvias y que he rescatado para hacer con ellas elementos decorativos”, expone Xavi.

Aunque su última serie tiene como protagonistas a los marineros locales, la carrera de Xavi Guerra ha traspasado fronteras. Ha trabajado en retratos de figuras internacionales, desde deportistas como Ansu Fati o Lewis Hamilton hasta personalidades políticas como el propio presidente de Indonesia. “Pinto cualquier cosa, no tengo preferencias. Los retratos siempre me han gustado, y en este caso los rostros del mar me han permitido rendir homenaje a quienes conocí de niño, los mismos que me llamaban ‘el inglés’ cuando era crío. Cuatro décadas después, he podido devolverles ese cariño pintándolos”.
Un futuro lleno de proyectos
Lejos de detenerse, Guerra ya piensa en nuevas series y en futuros proyectos. “Tengo tantas ideas que no sé si me dará la vida para hacerlas todas”, confiesa entre risas. “Pero seguro que habrá sorpresas, cosas originales que se salgan de lo típico. Me gusta innovar, arriesgar, no conformarme con pintar sobre un lienzo sin más”.
El pintor también ve su trabajo como un aporte al atractivo cultural y turístico de El Rompido. “La exposición fue muy visitada, la gente la disfrutó en un ambiente agradable y abierto. Creo que iniciativas como esta enriquecen al pueblo y lo muestran de otra forma, más allá del sol y la playa”.
Agradecido al Ayuntamiento de Cartaya, a su familia y, sobre todo, a los marineros que posaron para él, Xavi Guerra resume el sentido de su obra con humildad. “Pintar estos rostros es también hacerles un homenaje. Son hombres que lo dieron todo en la mar y forman parte de nuestra identidad. A través del arte, quería dejar constancia de ello”.
Rostros del Mar, es una historia de sal, viento y arrugas que la memoria nunca debe dejar perder. Porque El Rompido, es tierra marinera.








