La Capilla de San Cristóbal de Lepe acoge estos días la exposición ‘A la Virgen de la Bella en vísperas de la Magna’, del pintor sevillano Pepe Luis Marín. La muestra puede visitarse hasta el 18 de septiembre, de lunes a viernes, en horario de 11.00 a 13.30 y de 18.00 a 22.00. Más allá de la gran cita devocional que vive la provincia ante la Procesión Jubilar Magna Mariana del 20 de septiembre en Huelva, la exposición del artista es un acontecimiento en sí mismo para los amantes del arte sacro y las mentes inquietas que quieran ver en esta colección una forma didáctica para comprender la doctrina católica
Porque Marín entra en la tradición para ensancharla, no para romperla. Lo resume con una afirmación que atraviesa su obra y dice que “el arte sagrado tiene la misión de hacer visible el misterio de Dios”. Lo dice tras advertir que, con frecuencia, la iconografía procesional condiciona al artista a reproducir “emblemas” antes que relatos de fe. Su apuesta es otra; la de narrar. Y narrar exige iconografía, símbolo, historicidad… y libertad artística, pero con responsabilidad.
Esa libertad está vigilada por un principio no negociable como es el respeto. “No todo vale. Hay líneas rojas que no se pueden traspasar si uno no ha entendido, y estudiado, el lenguaje de la Iglesia”, subraya. Cita el Concilio de Trento como punto de ordenación de códigos, colores y símbolos. En sus manos, ese idioma clásico no encorseta; abre puertas para leer las escenas con inteligencia y fe.
“Mis cuadros permiten aprender”, afirma. La didáctica en Marín no es escolar; es catequética en el sentido más noble, porque explica los misterios, contextualiza la devoción y pone nombre a personajes y episodios que, a veces, pueden llegar a estar difuminados en el imaginario popular. De ahí que, en esta serie, aparezcan figuras históricas y locales que rodean a la Virgen y le dan espesor histórico sin eclipsarla. Referencias al legendario episodio que sitúa a La Bella en un cajón a la deriva en el mar, alusiones a Juan de Lepe y a los scout de San Roque o reseñas a Mendizábal y la desamortización…la colección recorre de manera magistral episodios de la historia local con la patrona como custodia de cada uno de aquellos acontecimientos. “Se puede contar la historia de la fe respetando la jerarquía. Aunque la Virgen parece entremezclarse con el resto de personajes, Ella siempre ocupa un lugar reservado a la divinidad”, insiste.
Esa jerarquía se traduce en recursos plásticos reconocibles. “Nunca sitúo a la Virgen en un plano meramente terrenal; está en su nube de gloria. Puede rozar lo cotidiano, por ejemplo con un paseo por la playa, un gesto cercano, pero permanece en un espacio idealizado”. Cuando aparecen personas, suelen ser santos u otras figuras del misterio; y, si hay un mortal, es porque la obra alude a su tránsito hacia la otra vida. La cercanía no banaliza, sino que acerca.
Salir de lo icónico para volver al Evangelio
“Todo queda a veces supeditado a lo meramente iconográfico”, reconoce el artista, consciente de que el arte sacro, en los últimos tiempos, parece haber caído en el estatismo y un simbolismo limitado al realismo pictórico. Sin embargo, la respuesta de Marín es apostar por lo narrativo. “Si Murillo viviera hoy, dice, no pintaría un retrato de la Macarena”, sino la Esperanza con símbolos, contexto y costumbrismo. Esa es la senda de Marín, representar la advocación y su universo más que una estampa fija, para que el espectador escuche un pasaje de la historia de la salvación y no solo reconozca una cara.
En Lepe eso se ve con nitidez. La Virgen de la Bella aparece entretejida con episodios, memorias y criaturas que explican su arraigo. Hay obras donde el Niño “reparte dones” con un pequeño carro, como metáfora de la Providencia y otras en que la leyenda y la historia se cruzan con naturalidad pero con la devoción intacta.






Marín no improvisa. “Siento una gran responsabilidad cuando pinto lo sagrado”, admite. Su método empieza antes del lienzo: lecturas, archivo, escucha de anécdotas orales y consulta con teólogos para que el símbolo enseñe sin desvirtuar. Es licenciado en Bellas Artes y tiene un recorrido que incluye estancias en México, han marcado su estética y su forma de representar los episodios sagrados.
A pesar de su rigurosidad, no le vuelve rígido. “Para ser original dentro de esta disciplina, hay que conocer el lenguaje y saber hasta dónde estirarlo sin romperlo. Las innovaciones no pueden alterar el mensaje ni la doctrina; el artista puede caer en lo herético”.
¿Por qué La Bella y por qué ahora?
La historia de esta exposición tiene el origen en el encargo de una vecina de Lepe, Maite Muriel, quien le pidió una pintura de Juan de Lepe con la Virgen de la Bella. “A partir de ahí comencé mi investigación y más tarde surgió la idea de una exposición dedicada por completo a la Patrona”. El formato de exposición permite a Pepe Luis Marín tener un mayor alcance en su propósito de ilustrar el contexto que envuelve al misterio religioso. “No hago cartelería, mi manera de trabajar es mostrar una colección temática”, argumenta.
Por todo esto, la Capilla de San Cristóbal se convierte en estos días en epicentro de la fe a la Virgen de La Bella, pero también en una oportunidad para aprender más sobre el arte sacro y la tradición histórica de la localidad. Una crónica visual que respeta el icono y abre la escena para que la Patrona siga contando cosas nuevas.








