“Verla bajar de su camarín cada año es como verla bajar del cielo para estar con sus hijos”

La patrona de los Valverde del Camino procesionó un año más por las calles del pueblo,  engalanadas por los propios vecinos para rendir culto a la Virgen del Reposo. Puertas abiertas, convivencia, devoción… el fervor de un pueblo que lo entrega todo durante las fiestas en honor a la Señora que custodia de los valverdeños desde el año de 1672. Un paseo a hombros de la honrosa cuadrilla de costaleros que guía con solemnidad el capataz general, Manuel Fernández Corralejo, y sus auxiliares, Jesús Salas Lorca, Tarsicio Calderón Duque y Ángel Lorca Hidalgo. Hasta sesenta valverdeños portaron a su patrona, sellando el compromiso de la juventud local con sus costumbres y sus tradiciones. Por las calles, el fervor se manifestó con emociones, petaladas, coplas y lágrimas envueltas en recuerdos.

Numerosas petaladas fueron lanzadas a la patrona en su salida procesional. FOTO: El Cuarto Ojo

La procesión, momento culminante de las celebraciones patronales, volvió a reunir a miles de vecinos y visitantes en un ambiente de respeto, alegría y devoción. Las fachadas lucieron banderolas, colgaduras y adornos florales, signo visible del cariño y la gratitud de todo un pueblo hacia su Virgen. Niños, mayores, hermandades y asociaciones acompañaron el cortejo, que avanzaba al compás de marchas procesionales y oraciones espontáneas. El paso de la Virgen del Reposo se convirtió en un símbolo vivo de identidad y unidad para Valverde del Camino, donde la tradición se renueva cada año sin perder su esencia.

Procesión de la Virgen del Reposo 2025. FOTO: El Cuarto Ojo.

En cada tramo, con cada viva y aplausos, los valverdeños revivieron historias familiares, promesas y sentimientos que se transmiten de generación en generación. Al compás que marcó la Banda Municipal de Bollullos del Condado, la patrona ha recorrido las calles dejando tras de sí un rastro de emoción y fe compartida, que recorrió la villa desde su salida del Templo Parroquial a las 19 horas, hasta su entrada a las 2.00 horas de la madrugada.

Un homenaje a la dedicación

Este año, la Hermandad del Reposo ha tenido un gesto muy especial, reconociendo la trayectoria y labor de Reposo Delgado Sánchez, ‘Pochi’, hermana de la entidad durante un cuarto de siglo. Rodeada de familiares, amigos y hermanos, Pochi recibía un homenaje “como un regalo inesperado y muy querido”.

Momento del homenaje a Pochi en la parroquia.

Al preguntarle por sus primeros recuerdos de las fiestas, eleva los ojos hacía arriba y comienza a rebuscar en su memoria aquellos momentos de su niñez con una luz especial. Su fugaz viaje al pasado, dibuja en su rostro un gesto de felicidad y sentencia con una frase que lo dice todo: “era el día de la patrona y, además, era el día de mi santo. Yo me sentía bendecida por llevar su nombre”.

De pequeña, y también de grande, siempre he tenido muy presente a la Virgen. Cuando ya trabajaba, iba a verla cada vez que podía”, nos cuenta días antes del homenaje. De entre los momentos más señalados de las fiestas, siente de la manera especial cuando la bajan de su camarín. “Para mí verla bajar a pulso por los hombres, es un momento que me causa mucho respeto… eso era algo fuera de lo normal. Era siempre como si bajara del cielo para estar con sus hijos. Siempre me impresionó esa imagen”, reitera.

En su casa la devoción se vivía con naturalidad, entre visitas, flores y promesas. “En mi casa vivíamos este día como una familia humilde y mi madre siempre procuraba preparar algo para las visitas y celebrar así mi santo. Algún dulce para mis amigas y lo que se podía”, comparte Pochi. Y añade que esa costumbre se conserva, porque sigue celebrando su día, “preparando algo dulce para mi gente, tenerlos aquí, aunque sea un café para compartir”.

Y sigue sintiendo cosas muy especiales cuando la ve pasar. “Es muy emocionante y muy grande para mí ver la procesión. Cada vez que la veo pienso en lo bonita que está”. Una relación de fe en la que existe una componente interior que late dentro de la homenajeada: “Con ella siempre he tenido promesas, una muy grande y muy verdadera, pero esa no la puedo comentar”, dice con una mirada cómplice.

Su vínculo con la Hermandad ha sido constante y silencioso. “Todo lo que podía hacer, lo hacía, tanto yo como mi marido. Limpiaba la plata de la Virgen, cuidaba cada detalle para que no se le diera un golpe, hasta que se recogía. Luego quitábamos las flores. Acabábamos a las dos y a las tres de la mañana, cosa que ahora no puedo hacer por la edad”. Este año, confiesa, sólo pudo asistir una tarde al triduo, “pero me sentí igualmente parte de todo”, recalca.

Reposo Delgado junto a su marido Gabriel, en la procesión de 2012 de Nuestra Señora del Reposo.

Se emociona cuando recuerda a su marido, Gabriel Herrera Calero, compañero de viaje y de devoción, que nos dejó hace unos meses. “En estos días de fiestas es cuando más lo siento cerca”. Mira con ternura a su nieta Nuria, que es cómplice en estos momentos en los que rescata los recuerdos más bellos de su matrimonio durante las fiestas patronales.

A los jóvenes quiere trasladar un mensaje de ilusión, para que “se acerquen a la Virgen y a la Hermandad, que participen, que aprendan las tradiciones. Esto no es sólo una fiesta, es nuestra identidad y nuestras raíces. Es verla y sentir que todo el esfuerzo merece la pena”.

También subraya que la hermandad “tiene un meritazo” porque ha sabido atraer a personas jóvenes y mantener vivas las costumbres. “La hermandad esta creciendo mucho y, con ella, los actos de culto a la Virgen. La forma en la que llevan durante todo el recorrido por muchas calles, eso hay que reconocerlo. Esto ha crecido mucho y es digno de ver el trabajo que hacen llevando a la patrona. Hay que quitarse el sombrero con todos ellos”, dice con emoción y orgullo hacia los suyos.

El homenaje a Reposo Delgado simboliza la continuidad de una devoción que traspasa generaciones. Su testimonio es el de muchas mujeres y hombres que, sin protagonismo, sostienen las raíces de las fiestas patronales. La Hermandad del Reposo quiso, con este gesto, poner rostro y voz a ese trabajo callado que hace posible que cada septiembre Valverde del Camino viva su semana más especial.

 

Compartir
Scroll al inicio