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Hay pasiones que no caducan. La de Fidel Ceada Martín, ayamontino de 48 años, sigue oliendo a caucho y salvando obstáculos en equilibrio sobre dos ruedas. Veterano del trial en bici desde la adolescencia, el pasado 21 de septiembre volvió a subirse a un podio y a sentir “como en los viejos tiempos”.
Y es que Ceada logró el tercer puesto en la Copa de Andalucía celebrada en Ronda (Málaga), después de años sin competir en esta disciplina. “Me animé a competir de manera precipitada y fui con poco entrenamiento para la prueba. Las zonas me parecieron accesibles y estuve cerca de poder escalar más en el podio. Al final, en la última zona, me faltó resistencia en los antebrazos y llegó el fallo”, admite con franqueza, mientras explica que sumó solo dos pies de penalización a lo largo de la competición.

Su historia con la bici empezó a los 16 años. “Mi deporte ha sido siempre el trial. He competido toda mi vida con la bicicleta”, resume. En el zurrón, siete títulos de Andalucía y seis del antiguo Campeonato Zona Sur (Andalucía–Extremadura), además de triunfos parciales en pruebas del nacional cuando la distancia lo permitió. “Nunca pude hacer un Campeonato de España completo, ya que no tuve ni patrocinadores ni apoyos para poder afrontar preparación y viajes. Cuando cuadraba cerca alguna prueba nacional, iba… y así gané alguna prueba”, recuerda. Aquel “qué hubiera podido conseguir si hubiese tenido posibilidades” quedó aún flotando en el aire, pero no le amarga el palmarés. “Quizá podía haber ganado el Campeonato de España y tengo esa espinita, pero me lo he pasado muy bien sobre la bici y eso es lo que cuenta”.

En la última década, la vida le llevó por otros senderos… sin bajarse de la bici. Fidel cambió el manillar de trial por el MTB y encontró un nuevo estímulo. “El trial tenía tres o cuatro pruebas al año; con el mountain bike hay competición cada fin de semana y me enganchó”. Hasta el punto de proclamarse campeón en el Circuito Provincial de Huelva de rally (máster 40) el curso pasado, con el Gesprosur Bikestore Ayamonte donde milita actualmente. Aun así, el veneno del trial nunca se fue del todo. “Últimamente iba al trial más por ver a los viejos amigos y echar el día. La falta de práctica y la edad van pesando para este deporte; ya se nota la falta de flexibilidad y las lesiones no perdonan”.

En Ronda demostró que el oficio permanece. “Saqué muchas zonas a cero, me divertí y me sentí competitivo. Empaté con el tercero y el segundo se me fue por ese pie final”, cuenta. La actuación le ha removido hasta plantearse el Campeonato de Andalucía (Ogíjares, Granada): “Ganas tengo y opciones, creo, también, pero se me ha reavivado una lesión de espalda. El trial ahora me lo tomo como diversión; el resultado es lo de menos”.

Practicando trial con las cintas de VHS
Su mirada técnica distingue bien entre reglamentos. “En bike trial puedes tocar el obstáculo con el pedal; en trial bici solo puede apoyar el neumático. Y ni un pie en el suelo. Esa ha sido mi escuela de siempre”. La escuela, por cierto, se forjó copiando lo que veía “en la tele, con el VHS grabándolo todo”, y entrenando en escalones y mobiliario urbano de Ayamonte, como en la iglesia de las Angustias. Aquella primera carrera en Gibraleón (94–95) le dio un segundo puesto y, con él, la certeza de que había encontrado su sitio.
Hoy compagina la afición con la vida familiar y su trabajo en la construcción. “Como buen autónomo, arrastro estrés. La bici es mi psicólogo. Soy el tío más feliz del mundo cuando estoy pedaleando”, confiesa. Compite en el circuito provincial de rally y aprovecha para conocer pruebas con encanto. “Es una disciplina más explosiva y técnica. Además, la bici te mete por parajes chulos; cuanto más técnico el terreno, más me gusta. Los retos me gustan mucho”, confiesa.
La competitividad de Fidel es, sobre todo, consigo mismo. “No es ganar al rival, es superarme. Si quedo segundo, quiero quedar primero, no por él, sino por mí”. Esa ética le ha sostenido cuando el trial en Huelva ha languidecido. “En la provincia ya quedamos muy pocos. Durante años, Valverde del Camino fue fija en el calendario, pero se ha ido perdiendo. En Sevilla hay un circuito de obstáculos donde entrenaba mucho; en Granada y Málaga se mueven escuelas y parece que renacen”, explica, mientras recuerda nombres de compañeros de aquellos años en la provincia. “He hecho buenos amigos en aquella etapa y con quienes vivimos grandes momentos”.
Su regreso a las zonas trae también el disfrute del ambiente. En sus redes sociales, tras Ronda, escribió: “Volví a lo que es mi deporte favorito… disfruté como en los viejos tiempos. La organización de diez, zonas limpias y divertidas, y encima con la presencia de Benito Ros”. Ese gozo por el detalle habla del mismo Ceada que, de chaval, pausaba el VHS para desmenuzar un gesto técnico.
¿Y el futuro? Fidel no hace promesas demasiado ambiciosas y se conforma con seguir montando, competir donde cuadre y contagiar su manera de entender la bici. “La base de todo es el equilibrio, y el trial te lo da. A veces cojo la de trial para no perder los movimientos; otras, la de rally para desconectar”. “La bici es libertad y es un deporte que depende solo de mí”, explica mientras nos relata su tiempo jugando al fútbol, deporte en el que no destacó.

Podio en Ronda, años de títulos y el brillo en los ojos del que vuelve a sentir la sensación del equilibrio en maniobras aparentemente imposibles. Fidel Ceada no necesita más discurso, porque su trayectoria es la de un apasionado que nunca dejó de practicar su deporte favorito. Y que, aun cuando el cuerpo recuerde que el tiempo pasa, mantiene intacta la alegría de seguir.








