Chiki: “Yo no compito con nadie, yo compito conmigo para llegar a ser mi mejor versión”

Un bombero de Huelva con residencia en Aljaraque, cuya vocación nació al calor del ejemplo paterno y ha dado forma a una vida entera al servicio de los demás. Su historia está marcada por la entrega, la superación y una mención honorífica por frenar una fuga de propano de 100.000 litros que pudo haberse convertido en tragedia. Ese es él: Manuel Jesús Márquez Romero, aunque todos en el parque y entre amigos lo llaman simplemente “Chiki”

 

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Cuando se le pregunta por su profesión, no duda: “Desde el año 2009 no trabajo”. Lo dice con la serenidad de quien convirtió su sueño infantil en una forma de vida. Tiene 44 años, está casado y es padre orgulloso de “un niño precioso de 9 años” que, junto con su esposa, es el epicentro de su vida. Su historia nace en Huelva y se extiende a Aljaraque, donde hoy vive —en La Dehesa— y disfruta de su familia, pero su corazón late con fuerza cuando se enfunda el uniforme y entra en un parque de bomberos que conoce desde niño: “Yo me he criado en esta zona, frente a este parque en la avenida”.

Desde que nació, su hijo Manuel ha sido y es su mayor debilidad.

Hijo de Rodolfo y Carmen, nieto de picapedreros

Sus padres marcaron profundamente su carácter. Es el pequeño de tres hermanos: “Miguel Ángel y Ana Belén, los dos mayores que yo, de ahí que todo el mundo me llame Chiki”, nos cuenta. Estudió en los Maristas y en el IES Alonso Sánchez. “Era buen estudiante, saqué siempre curso por año, menos en COU, que repetí por falta de motivación… Yo, desde que tenía la edad de mi hijo, ya tenía claro que quería ser bombero, por lo que no encontraba sentido a seguir la línea marcada por mi familia, que me señalaba enfermería como el camino más acertado, hasta que me dieron por imposible…” (Ríe).

Chiki con sus padres y su hermana Ana Belén.

Una vocación que nunca dejó de arder

¿Despreciabas el peligro de pequeño?”, le pregunto. “No lo despreciaba —responde—. Siempre he detectado el peligro, pero el miedo nunca ha dirigido mis decisiones, nunca me ha parado. Siempre he afrontado bien las situaciones de riesgo”.

Aunque en casa preferían que estudiara una carrera universitaria, él lo tenía clarísimo. Eligió primero el camino de la Policía Local, como una etapa transitoria hasta cumplir la edad mínima para sacarse los permisos de conducir que exigía el acceso al cuerpo de bomberos. “Me preparé las oposiciones para la Policía Local mientras trabajaba para costearme academias y carnés. Trabajaba en lo que iba saliendo: en la fresa, la naranja, de socorrista en parques acuáticos…”.

En 2003, con 21 años, logró su primera plaza de Policía Local en Jerez de la Frontera: “Ese fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida, pues tras mucho esfuerzo logré entrar”. Se fue a vivir solo y, aunque al principio se sintió desubicado por la ausencia familiar, recuerda entre risas que el primer día en Jerez, sin saber a dónde ir, buscó el parque de bomberos. “Entre bomberos siempre me he sentido como en casa”.

Tras dos años allí en Jerez, “me presenté por libre y saqué una plaza como Policía Local de Huelva”. Le gustaba su trabajo: encajaba con su carácter inquieto, disfrutaba aprendiendo y enfrentándose a lo nuevo. Pero con el tiempo, cuando sintió que ya dominaba su puesto, volvió a sentir el impulso de superarse, de ir un paso más allá. Entonces se planteó si debía prepararse para ascender a cabo u optar por estudiar Derecho o Criminología.

De patrullar las calles al fuego: el regreso al sueño de siempre

Se quedó a pocas décimas de lograr el ascenso a cabo, y fue entonces cuando decidió parar y pensar. “Me tiré entonces un año sabático: dejé de estudiar oposiciones y en ese descanso se avivó de nuevo en mí el fuego de los bomberos, que estuvo varios años latente”.

Frente al espejo, se replanteó su verdadera vocación. Lo tuvo claro otra vez: “Quiero ser el mejor bombero posible”.

Habló entonces con su novia: “Estíbaliz, siéntate… voy a abandonar todos los temarios para crecer dentro de la Policía Local y me voy a enfocar en lo que siempre he querido, ser bombero. Eso va a suponer que apenas voy a tener tiempo para ti, porque fuera de mi trabajo lo único que voy a hacer es estudiar y entrenar. ¿Tú qué piensas?”.

Chiki con su mujer, Estíbaliz, y su hijo Manuel disfrutando de una ruta en bici en plena naturaleza.
Una mañana cualquiera, jornada de senderismo en familia. Chiki con su mujer e hijo.

Ella, que conocía bien su vocación de servicio público y su pasión por los bomberos, le respondió sin dudar: “Tira adelante”.

Chiki se encerró de nuevo a estudiar. Muchos lo tacharon de loco por dejar atrás una plaza en Jerez, otra en Huelva y volver a opositar, esta vez para bombero. Su carácter inconformista no era común, como tampoco lo era esa necesidad constante de superación personal. “Hoy pienso que cuando te dicen que estás loco, es que vas por el buen camino”, dice entre risas.

En 2009 aprueba Bombero Huelva: “Cumplí mi sueño. Cuando entré, mi padre llevaba poco jubilado y su taquilla aún estaba libre. Hoy ocupo yo su taquilla.”

Taquilla heredada de su padre en el parque de bomberos de Huelva.
Chiki posa uniformado.

Familia

Soy una persona muy cariñosa y familiar”, se define tímidamente. En 2010 se casó con Estíbaliz, su novia de siempre. “Me casé porque quería vivir con ella. Sentía que era, y a día de hoy puedo decir que sigue siendo, mi persona”.

Disfrutaron juntos de aquella nueva etapa vital hasta que llegó su hijo, Manuel, que marcó un antes y un después en la vida de la pareja. “Verlo llegar al mundo fue impresionante. Cuando decidió nacer, lo hizo con decisión. Tiene a quién salir. Fue un parto increíble, Manuel no se hizo esperar. De hecho, traía tanta prisa que tuvimos que correr para que no naciera de camino al paritorio”.

Desde 2014 vive feliz en el municipio de Aljaraque, un lugar que concilia muy bien con sus intereses: deporte y naturaleza. Aunque es una persona muy sociable, confiesa tener un círculo íntimo muy reducido. “Me cuesta mucho pedir ayuda fuera de casa. Yo hablo todo y sin tapujos con mi mujer; somos un círculo de confianza. Juntos formamos un gran equipo. Siento que lo tengo todo y no necesito más”.

En el podio de la IV Carrera por la Diabetes en Corrales hace pocos días donde quedó ganador. En la imagen, posando junto a su hijo Manuel y su perro Talo.

Admite que su mayor defecto es no saber decir que no, aunque reconoce que con los años está aprendiendo. El nacimiento de su hijo le ha hecho ser más coherente con sus prioridades y, con ellas por delante, le resulta algo más fácil negarse cuando es necesario.

Servicio, entrenamiento y prevención

En el parque, su filosofía es sencilla y firme: “Me marqué el objetivo personal de intentar ser el mejor bombero que yo pueda”. No le interesa ascender ni competir con nadie. “Yo solo compito conmigo mismo, con el fin de ser mi mejor versión. No quiero volver a entrar en la rueda de la autoexigencia, porque ya he visto que esa rueda no tiene fin…”.

No presume de nada. Es cercano, templado y con un gran sentido del humor. No busca protagonismo ni reconocimiento social; lo mueve la inquietud, la curiosidad y una vocación de servicio que no conoce límites. Chiki pertenece, además de a otras muchas tareas, a la unidad de rescate: es uno de esos bomberos que acceden con cuerda allí donde no puede llegar un camión. También colabora en proyectos educativos y dedica parte de su tiempo a la prevención. “Estoy muy implicado en el tema de prevención en los colegios”, cuenta con orgullo sereno.

Chiki en el techo del pabellón Carolina Marín haciendo una práctica de rescate.

Sobre su oficio, que ya forma parte inseparable de su identidad, lo resume con una frase que lo define por completo: “Aunque somos funcionarios… no me siento funcionario, yo soy bombero”.

Nuestro bombero en una actuación en un fuego en acopio de biomasa.
Chiki con sus compañeros Miguel, Samuel, Fidel y Luis Felipe en la cocina del parque donde pasan ratos maravillosos hasta que suena la sirena y toca salir corriendo. En la cazuela, habas con choco…

Un incendio en Cañaveral… y una bufanda por todo traje de bombero

Su vocación de servicio es tan profunda que le resulta imposible mirar hacia otro lado, incluso cuando no lleva el uniforme puesto. Lo demostró viajando con Estíbaliz hacia Vitoria —su tierra—, cuando a la altura de Cañaveral (Extremadura) hicieron una parada en una gasolinera. Al bajar del coche percibió olor a humo y, de repente, una vecina gritó que había un piso ardiendo con una persona mayor atrapada. “Me quité la bufanda… y con ella protegiendo mi nariz y boca entré agachado hasta llegar a la mujer y la pude rescatar. Aún no habían llegado los bomberos y había que actuar”.

Para Chiki, salvar una vida no entiende de turnos ni de horarios: es algo que lleva grabado en su ADN. Aquel día, después de poner a salvo a la mujer, se sacudió la ropa empapada de humo, volvió al coche y continuó su viaje hacia Vitoria. Más tarde no tuvo más remedio que tirar el jersey y la bufanda con los que había protegido su rostro, convertidos ya en testigos silenciosos de un gesto tan natural para él como respirar.

La noche de la cisterna de 100.000 litros

En julio de 2024, detrás del Polígono La Paz, se detectó una fuga en una cisterna de propano de 100.000 litros. “El propano, al pesar más que el aire, cuando hay una fuga se extiende por el suelo como una manta… y cualquier punto caliente podía inflamarlo, provocando una explosión que habría podido agravarse por todos los materiales peligrosos que había almacenados en la zona”.

Hasta el lugar se desplazaron técnicos de refinería y un especialista llegado desde Madrid. Se intentaron varios procedimientos, entre ellos un trasvase, pero nada funcionaba. “La situación llegó a un punto de no retorno”.

Chiki, tras escuchar atentamente al técnico que mejor conocía el sistema, dio un paso al frente.
—“Si yo soy capaz de taponar la fuga, ¿creo alguna sobrepresión?”
—“Si tú eres capaz de taponar la fuga, solucionas el problema.”
—“Pues yo creo que con los materiales que tengo en el camión soy capaz de hacerlo
.”

Durante horas trabajó junto a sus compañeros, como Fernando —a quien le dijo: “ya todo lo que te vayan a pagar de aquí hasta que te jubiles lo tienes ganado”—, hasta que la fuga quedó finalmente contenida. “Fue una incidencia grave que no acabó en accidente porque actuamos con éxito… y por eso me dieron la mención”.

En abril de 2025, el Ayuntamiento le notificó oficialmente la concesión de una mención honorífica. “Fue muy bonito”.

A partir de aquel suceso, Chiki percibió un cambio en la forma en que su mujer vive su profesión. “Habría que preguntarle a ella, tal vez sea solo una percepción mía, pero yo diría que he notado en ella un cambio… creo que desde el incidente de la cisterna es más consciente del peligro”.

Valencia: salir al rescate por iniciativa propia

Cuando la DANA de Valencia, decidió ir a ayudar con su Club HuelvAventuras 4×4: “Fuimos al cuarto día… aquí no había movimiento…”. Estíbaliz lo aceptó: “Está acostumbrada a que yo haga cosas así, se resigna, nunca trata de frenarme cuando me ve decidido, y en este caso no podía quedarme de brazos cruzados, no podía ni dormir con las imágenes que me llegaban”.

Con sus amigos del Club 4×4, en Valencia, momentos antes de partir cada uno para su casa con la sensación de haber aportado su granito de arena para aliviar a los afectados.

Dice que no trabaja desde 2009, pero su vida demuestra todo lo contrario. Vive entre prácticas, rescates, formación, proyectos de prevención y ratos de familia que le devuelven el equilibrio. Habla con la serenidad de quien ha encontrado su lugar, de quien no necesita más medallas que la satisfacción de hacer lo correcto.
En su taquilla del parque, la número 61, expone los escudos de la Policía Local de Jerez y de Huelva, justo encima del nombre de su padre. Tal vez ahí esté el verdadero símbolo de su historia: la herencia, el compromiso y una vocación que no se jubila.
Huelva y Aljaraque son los dos lugares donde ancla su vida, aunque reconoce conservar grandes amigos en Jerez.
El resto, como él mismo dice, se resume en una frase sencilla y luminosa:
Intentar ser el mejor bombero que yo pueda. Y seguir. Siempre seguir…»

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