El derrumbe de la Casa de Diego Díaz Hierro reabre el debate sobre la conservación del patrimonio en Huelva

La casa donde vivió y trabajó el historiador, profesor y cronista oficial de Huelva, Diego Díaz Hierro, en la confluencia de las calles Fernando el Católico y San Salvador, ha sido durante décadas un referente del patrimonio arquitectónico onubense. Construida en 1907 por el arquitecto municipal Francisco Monís, es la última vivienda burguesa que se mantiene en pie del antiguo barrio de San Francisco, testimonio de una época de esplendor urbano hoy casi borrada del paisaje de la ciudad.
Su inminente derribo, aprobado por el Ayuntamiento en el marco de un acuerdo con la propiedad, ha provocado indignación en algunos círculos onubenses y la movilización ciudadana que vuelve a situar en el centro del debate la falta de interés por el cuidado del patrimonio histórico de la ciudad.

Según explicó el Ayuntamiento de Huelva, la planta baja del nuevo edificio que se levantará en la parcela acogerá un centro de interpretación sobre el legado de Diego Díaz Hierro. La actuación prevé la reconstrucción de la fachada original del inmueble y la cesión del espacio inferior al Consistorio con un uso sociocultural.

Diego Díaz del Hierro, cronista onubense del siglo XX.

El teniente de alcaldesa y responsable del área de Urbanismo, Felipe Arias, defendió que se trata de “una muestra del compromiso del equipo de Gobierno con la recuperación del patrimonio onubense”, señalando que “por primera vez la casa de Diego Díaz Hierro está protegida”.

Desde el Ayuntamiento subrayan que el inmueble es de propiedad privada y que la actuación “garantiza tanto el uso cultural de la planta baja como la protección íntegra de la fachada, que deberá ser reconstruida de manera idéntica. Lo que hemos hecho es trabajar con rigor, ajustándonos a la ley, negociando con los propietarios y permitiendo a la ciudad avanzar”, añade Arias.
Sin embargo, para un sector de la ciudadanía y del ámbito académico, reconstruir no es conservar. Y ese matiz fue el que protagonizó la protesta del pasado 15 de octubre, en la que decenas de onubenses se concentraron frente a la casa para reclamar su preservación integral y exigir al Ayuntamiento que paralice el proyecto.

25.10.15 Concentración casa Diego Díaz Hierro.

A favor de la conservación integral

La iniciativa partió del periodista y arqueólogo Antonio de Padua Díaz Sánchez y de la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva (UHU), María Antonia Peña Guerrero, exrectora de la Onubense, que llamaron a “defender un símbolo de la identidad cultural de la ciudad”.
Nos organizamos con muy poco tiempo, pero la respuesta fue inmediata. Muchos ciudadanos se sumaron para pedir algo tan básico como que el Ayuntamiento no consienta el derribo de la casa de Diego Díaz Hierro”, argumenta el periodista.
Recuerda que la vivienda “es una obra de 1907, original de Francisco Monís, fiel reflejo de las casas burguesas de finales del XIX y principios del XX, y la única que queda en pie de toda la manzana que dicho arquitecto edificara”.

María Antonia Peña y Antonio de Padua Díaz, promotores de la concentración ciudadana para evitar el derribo del inmueble.

A su juicio, demoler para reconstruir es una falsificación: “Es como si destruyéramos Las Meninas de Velázquez y colgáramos una copia. Nadie puede llamar a eso conservación. Es una manera de engañar a los onubenses, de dar valor de autenticidad a una falsificación”.
Desde el punto de vista práctico, considera que el Consistorio dispone de dos alternativas viables, que son “comprar el inmueble antes de que se recalifique a uso residencial o permutar la parcela por otro terreno, por ejemplo en el Ensanche. En ambos casos, restaurar la casa y convertirla en museo, tal y como fue la voluntad expresa de Diego Díaz Hierro en su testamento”.

La historiadora María Antonia Peña comparte esa preocupación y alerta de una tendencia “peligrosa” en la gestión del patrimonio local. “Huelva está cayendo en una práctica reiterada, que es reproducir fachadas y eliminar el interior, lo que en términos científicos constituye un falso histórico”, subraya.
Recuerda que “incluso en edificios tan importantes como la antigua estación de Renfe se ha reducido la protección patrimonial para mantener solo la fachada”. A su juicio, “no se están siguiendo criterios rigurosos ni profesionales ni se está escuchando el clamor ciudadano por conservar los edificios antiguos que nos dotan de identidad”.

Peña insiste en que el deterioro del patrimonio onubense no es un hecho aislado, sino una pérdida constante, y se refiere a que “la piqueta municipal ha destruido en unas décadas más de la mitad del patrimonio arquitectónico de Huelva. Eso significa pérdida de riqueza cultural y de memoria. Conocer de dónde venimos es esencial para decidir hacia dónde vamos como ciudad”.

Con el trámite para su derribo cada vez más cerca, la sensación entre los defensores de la casa es que lo planteado “es una justificación con un proyecto cultural parcial”, afirman.
La exrectora de la UHU recuerda que la ciudad “ha perdido en pocas décadas edificios de valor incalculable», y teme que este caso “sea otro capítulo más de una larga lista de demoliciones disfrazadas de progreso. Huelva está perdiendo los signos de su pasado y, con ellos, su identidad”.
El Ayuntamiento, por su parte, defiende que con la nueva catalogación la casa “queda por primera vez protegida”, y que el centro de interpretación permitirá “cumplir con la voluntad de Diego Díaz Hierro y dotar a Huelva de un nuevo activo cultural y turístico”.

El legado de un humanista

Diego Díaz Hierro (1906–1995) fue mucho más que un cronista local. Profesor, historiador, periodista, poeta y filósofo, dedicó su vida a investigar y divulgar la historia de Huelva, a la que legó su biblioteca, su archivo y su propia casa con la intención de que se convirtiera en museo.
Su deseo, recogido por escrito, era que aquel hogar se transformara en “una casa para el estudio y la memoria”.
Sin embargo, el edificio lleva años en estado de abandono y ha sufrido saqueos y un progresivo deterioro. La poetisa María Luisa Domínguez Borrallo, que le dedicó un poema titulado La casa, retrata en sus versos ese abandono:

El olvido hace de la casa una segunda sepultura.
Diego vaga por el hogar que fue,
levita sobre el patrimonio de una ciudad que sufre de bulimia…
Diego grita cada tarde que no le dejen morir de nuevo”.

La poetisa María Luisa Domínguez, autora del poema a Diego Díaz del Hierro.

Para Domínguez, su poema es “un acto de compromiso”. “Lo escribí para la asociación Arqueo Huelva porque la poesía también debe servir para defender lo que somos. Diego legó su casa y su legado a la ciudad, y hoy ambos se desmoronan. Su casa debería ser un museo, un lugar de estudio y aprendizaje. No valorar nuestra historia es impedirnos mirar al futuro”. El eco de esa pérdida resuena en la calle y en la literatura, en la voz de quienes aún creen que proteger el patrimonio no es obstaculizar el desarrollo, sino dignificarlo.

Por: José Luis Galloso

 

Compartir
Scroll al inicio