“El día que no me acuerde ni de tu nombre, no me llames papá”

Hay personas cuyos valores y sensibilidad definen su camino, otorgando un espacio especial dentro de la comunidad y de sus seres queridos. Calixto Leal Moreno es aljaraqueño de cuna, de espíritu inquieto y se caracteriza por su empatía con las personas cercanas.

Ha pasado más de cuarenta años como comercial en grandes superficies como Arcos y Almacenes Guimerá y perteneciente a esa generación que empezó pronto a trabajar para labrarse un futuro al compás de las largas horas del reloj y las obligaciones. Hoy, jubilado y con la serenidad que da la experiencia, dedica su tiempo a la lectura, a escribir y a reflexionar sobre la vida.

A sus 68 años, Calixto ha visto cambiar por completo su pueblo y cuenta que en Aljaraque, “no hace tanto tiempo”, solo había unas cuantas familias que nos conocíamos todos. “Ahora hay varios núcleos de población y hemos crecido mucho como pueblo y como comunidad”, recuerda con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo.

De su trabajo, cuenta que  fueron 35 años como comercial de trabajo intenso. “En Arcos vendíamos de todo desde botones y cubos de agua hasta ropa interior y artículos de mercería. Lo mismo perfumería que confección. De todo un poco, como se trabajaba antes”.

Eran tiempos de teléfono fijo, de rutas interminables y de confianza con los clientes. “Era un trabajo de mucho estrés. Podías hacer 100 o 120 llamadas al día. Había días en que todo eran problemas, con pedidos que no llegaban,  facturas sin pagar… Hasta que un día, ya cerca de San Juan del Puerto, me di la vuelta a casa porque había olvidado una carpeta. Me bajé del coche, miré el campo y pensé: ‘Es primavera, se me está pasando la vida y no me estoy dando cuenta.’ Ahí entendí que tenía que mirar más despacio”. Quizás en ese momento se dio cuenta de que los avatares del día a día, opacaba la verdadera belleza de la vida.

Calixto no siente que haya malgastado su tiempo. Su oficio, dice, le enseñó psicología, sociología y la importancia del diálogo. “Vender es escuchar, entender al otro, observar. Y eso sirve para todo en la vida”, asegura.

Ya jubilado, quiso retarse a sí mismo y accedió a la universidad con 56 años, matriculándose en Ciencias Políticas. “Aprobé 31 asignaturas”, dice con satisfacción. “No terminé la carrera por el COVID, pero lo importante era aprender. La política me interesa porque, bien entendida, es diálogo, es encuentro. No la política del grito, sino la del entendimiento.”

El poeta que busca sentido en la memoria

En los últimos años, Calixto ha encontrado en la escritura una forma de expresión íntima y reflexiva. No escribe por costumbre, sino cuando algo le “mueve por dentro”. Así surgió su poema “Oda al Alzheimer”, una composición inspirada por el deterioro de su amigo Miguel, compañero inseparable de trabajo durante más de tres décadas.

Trabajamos juntos 31 años. Primero en Arco y luego en Guimerá. Era un hombre noble, siempre anteponía la amistad al dinero. Cuando supe que la enfermedad lo había apartado del mundo, sentí la necesidad de escribir. Me pregunté ¿dónde se refugia la mente del enfermo? Y llegué a la conclusión de que vuelve a su infancia. Allí donde el enfermo fue más feliz, a la niñez”, reflexiona Calixto.

Cuando una persona de ochenta años te dice ‘mi padre tiene que venir del campo’, está hablando desde el recuerdo más puro. Desde el sitio donde se sentía seguro. Yo creo que, en su fondo, el enfermo vive en un lugar feliz, aunque para nosotros sea doloroso verlo así”.

Y así compuso unos versos que dicen:

El día que no me acuerde
Ni de tu nombre ni de tu cara
No me llames papá
Ni hermano ni abuelo ni nada

Llámame por mi nombre
Como mi madre me llamaba
Y así podré recordar
Quien en su pecho me agasajaba

No me mires con extrañeza
Ni tampoco por compasión
Mírame con alegría
Para que de la misma manera
Te pueda mirar yo

A la expresión de tu cara
No sabré encontrar razón
Mis recuerdos están vacios
Perdidos en mi corazón

Han caído en un pozo
Quien eres?…
Como te llamas?…
Tantas preguntas sin respuestas
Que no encuentro explicación
Si no me acuerdo de ti?
A que vienes? A verme?
Porque estás junto a mi?

Recuerdo mi niñez…
Eso si lo recuerdo bien

Recuerdo mi casa blanca
Y aquel poyete con macetas
A mi madre cantando
Mientras la regaba

Y nos decía con cariño
Comeros la merienda
La que más nos gustaba?
Un trozo de pan con manteca

Aquella tinaja grande
Que mi hermano y yo llenábamos
Cada día de agua
Del pozo del artesiano
Que bien lejos que quedaba

Con dos cubos de lata
Que nuestro padre nos hizo
Con lo que otros tiraban
De eso sí me acuerdo…

Pero no de tu cara

Este poema, sencillo y profundo, es un homenaje a todos los que viven o acompañan de cerca la enfermedad. Calixto no busca compasión, sino comprensión. “Siempre se habla de los familiares, que son quienes sufren más, pero yo quería ponerme en el lugar del enfermo, imaginar qué siente, dónde está su mente. Es mi manera de rendir tributo a todos ellos.”

El valor de la amistad

Miguel, su amigo, fue más que un compañero de trabajo. “Nos entendíamos sin hablar. Incluso cuando nos repartimos la provincia de Huelva, dividíamos los beneficios a partes iguales, aunque él tuviera mejor zona. Era una persona extraordinaria y conservo momentos compartidos estupendos en viajes, ferias, reuniones de ventas».

Calixto Leal Moreno en su casa de Aljaraque.

En su conversación, Calixto no evita hablar de su salud. “He pasado por varias operaciones y problemas de salud, que afortunadamente estoy superando. Lo importante es mantener la cabeza ocupada.

Su visión de la vida es la de alguien que ha aprendido a reconciliarse con el paso del tiempo. “Antes vivía con el estrés del trabajo; ahora disfruto de mis nietos, de leer, de escribir. Me gusta hablar, escuchar, pensar. Lo bonito es que las diferencias sirvan para encontrarnos, no para separarnos.”

En sus palabras resuena la gratitud de quien ha aprendido a detener el reloj para escuchar los latidos del recuerdo y para valorar un pasado de amistad con Miguel. Y mientras lo hace, su compromiso con las personas necesitadas sigue presente en sus días, recogiendo material escolar para enviar a Nepal o medicamentos a Perú. Porque para Calixto, los valores humanos mueven el mundo.

 

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