Los puntaumbrieños se vuelcan en la Gran Recogida para el Banco de Alimentos de Huelva

Punta Umbría responde con fuerza a la llamada del Banco de Alimentos de Huelva. En un momento que la propia entidad provincial define como “la peor situación de su historia”, con estanterías vacías y miles de familias dependiendo de cada litro de leche o cada paquete de pasta, la localidad costera ha vuelto a demostrar que es un pueblo que no mira hacia otro lado.

Durante el fin de semana de la Gran Recogida 2025, varios supermercados de Punta Umbría se convirtieron en pequeños focos de solidaridad. Allí, un grupo de más de una docena de voluntarios, organizado en turnos, ha recogido alimentos y aportaciones económicas para el Banco de Alimentos de Huelva, en una campaña decisiva antes de la Navidad, pero pensada para sostener despensas vacías todo el año. Los supermercados El Jamón y MAS, han sido los lugares elegidos para la recogida.

Al frente del dispositivo local ha estado Fali González López, una de las responsables de la coordinación en Punta Umbría, que destaca la implicación del pueblo con esta iniciativa. “Estamos muy contentos, no esperábamos tanta respuesta. En todos los puntos la gente se ha volcado. De verdad, salimos muy satisfechas con la recogida que se ha hecho”. Recuerda que el Banco venía de semanas muy complicadas, con los almacenes prácticamente vacíos, y que esta campaña “llegaba en un momento clave”.

Ana, Fali y Mari Carmen en el supermercado MAS.

Los voluntarios incidieron especialmente en la recogida de productos básicos como leche, aceite, legumbres, conservas, productos de higiene y, sobre todo, alimentación infantil. “La pasta o el arroz casi siempre aparecen, pero insistimos mucho en potitos, leche de continuación, pañales, toallitas… Los niños necesitan una alimentación digna y específica”, subraya Fali. Aun así, nada se desperdicia: todo producto no perecedero tiene cabida. Solo se rechazan artículos que necesitan frío, como yogures, por motivos de conservación hasta su traslado a los almacenes.

Bolsa a bolsa, los vecinos y los residentes esporádicos dejaban los productos en los puntos de recogida, las familias que enseñan a sus hijos a colaborar y participaron en el Gran Recogida en Punta Umbría, “porque también se sienten de aquí. Hay personas que cada año vienen expresamente a llenar un carro entero. Y otros que te dicen: ‘yo también lo estoy pasando mal, pero aquí tienes un paquete de pasta’. Todo suma”, cuenta Fali. Otra vía importante ha sido la donación en caja, a través del sistema habilitado por el Banco de Alimentos, así como aportaciones en metálico que los propios voluntarios transformaban en compra directa de productos prioritarios.

Quien también conoce bien el valor de ese compromiso es Juan Manuel Martín García, con 17 años de voluntariado a sus espaldas, tomando el testigo Carlos Olaya junto a Fali. Para él, colaborar en la Gran Recogida es casi una forma de vida. “Me aporta concienciación, sentir que aporto algo a la sociedad y a una gran labor compartida”. Habla de la importancia de la convivencia entre compañeros y la relación con las personas donantes. “La donación de alimentos también es una forma de voluntariado. Sin esas donaciones y sin quienes las organizan, no habría suma posible. Donación más voluntariado es solidaridad”.

Juanma y Antonio, realizando la recogida en el Supermercado el Jamón de la Calle Ancha.

Juan Manuel subraya otro dato revelador y es que el 95 por ciento del grupo de voluntariado en Punta Umbría son mujeres. Madres, trabajadoras, jóvenes, jubiladas, estudiantes… todas sacando horas de sus agendas para sostener una cadena silenciosa que termina siendo plato de comida en muchas casas. “Punta Umbría es un grandioso pueblo solidario que destaca siempre por su generosidad en eventos culturales, deportivos y causas sociales… Nuestra gente, nativa, residente o visitante, es extraordinaria”, argumenta Juanma.

Entre quienes han dado cuerpo a esta Gran Recogida está Patricia de la Rosa Santana, voluntaria vinculada desde 2014, que este año ha vuelto a enfundarse el chaleco azul. Para ella, la experiencia es “muy satisfactoria. No hay nada más gratificante que saber que estás ayudando a alguien que lo necesita. Intento colaborar siempre que puedo, aunque sea una hora entre los horarios de mi niña. Cada pequeño rato cuenta”. Patricia reconoce que su sensibilidad se dispara al pensar en la infancia: “Cuando nos preguntan qué hace más falta, yo lo tengo claro: para los niños. A veces se nos olvida pedir potitos, leche infantil, cosas de higiene, y son igual o más necesarias”.

María José y Patricia durante la Gran Recogida.

Su papel, como el del resto del equipo, va más allá de sostener una caja de cartón. Informan, orientan, sugieren productos según las necesidades reales del Banco de Alimentos. “La gente pregunta mucho… ‘¿qué necesitáis?’, ‘¿qué falta más?’. Y ahí vamos coordinando para que haya variedad, que no todo sea pasta. También hacemos de puente para quienes quieren sumarse como voluntarios. Nos cuesta conseguir gente, así que cada contacto es oro”, explica.

A este equipo se suma también la voz de Rocío Martín Muñoz, voluntaria desde hace dos años, que define la campaña de este fin de semana como “una gran experiencia. Me propusieron colaborar y me pareció una idea fantástica. Con mi pequeña aportación ayudamos a muchas personas. Ver cómo se vuelcan los vecinos en todos los puntos te llena. La satisfacción personal es enorme”.

Miguel , Belli y Rocío durante la recogida.

La Gran Recogida de otoño es la última gran campaña del año, tras las realizadas en primavera y verano, pero su efecto se extiende mucho más allá de las fiestas. Como recuerda el propio Banco de Alimentos, “hay que comer todo el año”. En Punta Umbría, ese mensaje cala hondo. La foto final no es solo la de los carros llenos, sino la de un pueblo que se reconoce en sus gestos: manos que sostienen bolsas, otras que contabilizan cajas, voces que agradecen, miradas que entienden que nadie está a salvo de necesitar ayuda algún día.

 

Mientras las aportaciones se clasifican y preparan su camino hacia quienes peor lo están pasando, Punta Umbría puede sentirse orgullosa. Una vez más, la suma de voluntarios y donantes ha demostrado que la solidaridad, aquí, no es un eslogan: es una costumbre.

Por: José Luis Galloso

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