Fernando Barranco Molina lleva casi medio siglo escribiendo, literalmente, bajo la cándida sombra de su querida Punta Umbría. Primero lo hizo con planos sobre los que se construyó lo que él llama “la Punta Umbría enterrada”; esa estructura de redes de saneamientos, alcantarillado y aceras que ayudó a levantar como técnico municipal. Ahora lo hace con palabras, nombres y recuerdos en los que cabe un pueblo entero. Su nuevo libro, Gente de mi alma. Volumen III, no es solo la continuación de una trilogía, sino una nueva declaración de amor a la localidad. En este rincón marinero vive desde hace más de 50 años, durante los cuales ha sabido relacionarse con gente de todos los círculos sociales, fraguando amistades duraderas y estrechando lazos de vecindad que hoy recoge en sus amables obras literarias.
“Punta Umbría me lo aporta todo”, confiesa durante nuestra conversación, mientras la emoción le quiebra la voz… no es al único. Habla de tranquilidad, de paseos en los que no avanza dos pasos sin un saludo, de amigos que son casi familia. “Me gusta pasear por las calles y pararme a saludar a tanta y tanta gente que aprecio. Es una forma de ‘hacer pueblo’ muy necesaria”, comparte Barranco, a quien sus vecinos también le tienen en alta estima.
Una brisa de afecto que va y viene, materializándose en sus obras con un aire distinto y que escapa de lo protocolario, para mostrar la parte más mundana y cotidiana de la ‘gente de su alma’. La realidad de una Punta Umbría de calles de arena que ha visto crecer y de los personajes anónimos que han ayudado con voluntad y esfuerzo a convertir este rincón en un municipio moderno. Todo en apenas unas décadas, en las que las casetas de madera sin agua corriente se han sustituido por confortables edificios y casas de gran porte.
El germen de su noveno libro Gente de mi alma Volumen III, sin embargo, tuvo como protagonistas a las autoridades. En el primer volumen decidió contar la historia de los alcaldes desde la independencia municipal de 1963. Pero al terminar se dio cuenta de que “con la cantidad de gente que ha trabajado tanto o más que un alcalde por el pueblo… esta obra se queda corta”. Así decidió girar el foco y pasar de los nombres oficiales a esa nómina de puntumbrieños y puntumbrieñas que han hecho pueblo desde un bar, una farmacia, una taberna, una asociación o un simple gesto diario de servicio.
Su método es sencillo y profundamente humano. Él mira alrededor y señala: “tú también eres gente de mi alma”. Y a menudo ese protagonista se sorprende y dice: “¿yo qué soy, si solo tengo un bar?”. Entonces llega la respuesta de Fernando, que explica mejor que cualquier teoría su manera de entender el compromiso local: “Das de comer a la gente del pueblo, atiendes a quien viene de fuera, todos salen contentos y hablan bien del restaurante… y de Punta Umbría. Eso también es hacer pueblo”.
En este tercer volumen se mantiene la misma mirada amplia. La mayoría de los protagonistas son vecinos de Punta Umbría, pero también aparecen personas de la provincia y de fuera que, sin haber nacido en la localidad, han terminado atándola a su biografía. “Mucha gente se ha quedado enamorada del pueblo en sus visitas estivales y se han convertido en grandes embajadores de Punta Umbría en sus lugares de origen”, resume.
El libro, como los anteriores, mezcla figuras muy conocidas con héroes discretos. Hay médicos que recorrían el pueblo a caballo cuando no había coches, como don Emilio Morales, o farmacéuticos como don José Figueroa, que “entregaba medicinas a quien no podía pagarlas y colocaba bancos en el recorrido del cementerio para que los mayores pudieran descansar en los entierros, en su etapa como concejal. Desde mi punto de vista, la persona más importante del siglo XX en Punta Umbría”, argumenta Fernando. También hay técnicos e ingenieros que salvaron casas con la construcción del espigón o empujaron desde la Diputación obras clave. Familias hosteleras, como los Periañez, que empezaron con su modesta taberna y facilitaron el trabajo a aquellas primeras cuadrillas que vinieron a construir el edificio Altair o personas dedicadas por entero al bienestar de los demás, como Toñi Hermoso, quien desde ARO realiza “una labor solidaria inconmensurable”, apuntilla Barranco.
A través de esas historias, rememora los años en que, desde el Ayuntamiento, se fueron mejorando los servicios, el viario y alzando infraestructuras necesarias para el desarrollo del municipio. “Todo ello permitió que con el tiempo llegaran los institutos, las calles pavimentadas y una ordenación urbana que, no sin dificultades, ha sabido crecer respetando pinares y marismas”, expone.
En el libro también hay sitio para esos compañeros de viaje que, como él, sienten el municipio casi como una extensión de su propia biografía. Han sido responsables de asociaciones, vecinos que vigilan las irregularidades urbanas y comerciantes que han visto crecer generaciones tras el mostrador. Todos ellos forman el mosaico humano que Fernando quiere dejar como legado. Cada semblanza es, a su manera, una carta de agradecimiento pública.

La bienvenida a la nueva obra de Barranco
El pasado mes de octubre, la obra fue presentada en el Centro Cultural en un acto conducido por el concejal delegado de Cultura, Enrique Orta, quien abrió la presentación disculpando la ausencia del autor por motivos de salud. Acompañaron a Orta el escritor del prólogo, Antonio Ladreo, y el editor Manuel Ortega y no faltaron a la cita algunos de sus amigos, sus fieles lectores y varios de los protagonistas de sus páginas, no faltaron a la cita para conocer más sobre esta novena obra de su bibliografía.


El próximo 21 de noviembre, la Editorial Onuba realizará una nueva presentación en su sede de la calle Galaroza de Huelva, donde Fernando presentará su obra a los onubenses de la capital y de provincia. Por otra parte, las librerías comienzan a agotar los primeros ejemplares y en la Librería Lozano de Punta Umbría, situada en la calle Ancha, cuentan que “el libro está despertando mucho interés y apenas nos queda un ejemplar.”.
El éxito de Gente de mi alma se mide menos en abrazos. “Me llaman para darme las gracias por lo que escribo de ellos o de alguien cercano”, cuenta. Y también para descubrirle cosas que el pueblo ignoraba sobre sus propios protagonistas. Su trabajo tiene algo de archivo sentimental y colectivo, sobre la intrahistoria local que convive en la memoria de sus protagonistas de a pie. Gente que nunca tendrá su nombre en una placa descubierta en un acto municipal.
Jubilado desde los 70 años insiste en que su retirada es solo administrativa y habla con orgullo de sus 45 años como el funcionario que más tiempo ha servido en nuestro Ayuntamiento. “Sigo trabajando por Punta Umbría y seguiré hasta el último día”, promete. Ese es el gran titular de un hombre que ha visto al pueblo despegar “desde los cimientos”, que lo ha ayudado a crecer sin perder su esencia y que ahora, libro a libro, se empeña en que esa alma tenga nombres y apellidos. Porque en cada página de este volumen III hay una declaración de amor a un lugar y a su gente.

Sobre el autor
Fernando Barranco Molina (Huelva, 1949) es Ingeniero Técnico en Topografía por la Universidad Politécnica de Madrid, titulado en 1975. Desarrolló una trayectoria de 45 años como funcionario del Ayuntamiento de Punta Umbría, donde fue jefe de sección de los Servicios Técnicos Municipales, y durante 25 años ejerció como profesor asociado en la Universidad de Huelva, impartiendo asignaturas de topografía y paisaje. Autor de numerosos libros sobre Huelva y Punta Umbría, ha destacado también como conferenciante en ámbitos técnicos y patrimoniales. Entre sus méritos figuran el diseño de la bandera de Punta Umbría y que un estero lleve su nombre. Fue ‘Onubense del Año’ en 1997, académico de la Rábida, miembro de la Federación Internacional de Ingenieros Europeos y profesor honorario de la UHU. En 2023, el Ayuntamiento de Punta Umbría le concedió el Premio 26 de Abril, máximo galardón que entrega el consistorio costero.
Por: José Luis Galloso







