Un recorrido por 16 escenas que cada año unen a vecinos, asociaciones y visitantes

Mazagón vuelve a encender el espíritu navideño con una de sus estampas más queridas: el Belén Viviente que, un año más, transforma la parcela del Faro en un escenario lleno de vida, historia y emoción. Durante varias jornadas, vecinos y vecinas de la localidad se convierten en protagonistas de una representación que ya forma parte de la identidad cultural y festiva de la zona.
Lo que comenzó hace años como una iniciativa vecinal se ha consolidado como una de las tradiciones más esperadas de la Navidad moguereña. El público encuentra aquí algo más que una recreación religiosa: es un reclamo turístico que atrae a familias enteras, un encuentro intergeneracional y un homenaje a las raíces y costumbres que unen a Mazagón.
A lo largo del recorrido, las personas visitantes pueden adentrarse en un auténtico viaje al pasado. Las escenas —hasta un total de 16— se suceden con mimo y detalle: el carpintero trabajando la madera, las migas recién hechas, los pastores, las lavanderas, la panadería, el nacimiento… pequeños fragmentos de la historia que cobran vida gracias al compromiso y la implicación de decenas de voluntarios.

El Belén Viviente está organizado por la Asociación Cultural Belén Viviente, con la colaboración del Ayuntamiento de Moguer, colectivos, asociaciones y numerosos vecinos y vecinas que hacen posible este esfuerzo conjunto.
El arranque oficial llega el sábado 6 de diciembre con un pasacalles inaugural que partirá a las 12:00 horas desde el Faro de Mazagón, llenando las calles de música, color y personajes que invitan a sumarse a la magia.

La representación podrá disfrutarse los días 6, 7, 8, 13, 14, 20 y 21 de diciembre, en horario de 12:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas, convirtiéndose un año más en cita imprescindible para vivir la Navidad desde la cercanía, la tradición y la ilusión compartida.
Francisco Martínez, presidente de la Asociación, agradece la colaboración de todas las personas implicadas en esta nueva edición, que vuelve a demostrar que Mazagón conserva intacta su capacidad para crear comunidad y mantener vivas sus tradiciones.







