“Me vine hace cuarenta años a Mazagón porque quería estar en un espacio cerca de la naturaleza”

Juan Jesús Mora Gómez pertenece a esa generación de mayores que desmonta tópicos. A sus 77 años, este vecino de Mazagón es el tipo de persona que todo colectivo quisiera tener cerca por muchas razones. Y es que es participativo, está cuando se le necesita y, ni mucho menos, requiere atención mediática. Pero hoy somos nosotros quienes se la pedimos…

Es esa persona que necesitas a tu lado para sacar los proyectos adelante”, resume Pepa Frigolet, la presidenta de la Asociación de Mayores El Espigón, que reconoce en Juan Jesús “un gran punto de apoyo” dentro de la directiva.

Nacido en Puertollano (Ciudad Real), es “hombre de campo”, como a él le gusta definirse. Su vida estuvo durante años a caballo entre la agricultura y la industria. “En mi familia eran agricultores. Yo, de joven, trabajaba ocho horas en la fábrica y otras tantas en el campo”, un ritmo imposible para cualquiera, más aún recién casado. “Eso no había cuerpo ni mujer que lo aguantara”, admite entre risas.
Pero antes de contraer matrimonio, curso el Bachiller con los salesianos en Pozoblanco y, más tarde, Ciencias Exactas en Granada, con algunas asignaturas pendientes en el camino. Tras sus estudios se incorporó a la industria química y fue en ese momento cuando llega a Huelva.
En 1977 encontró una oferta de trabajo en Huelva, a través de un periódico, para técnicos con experiencia en procesos industriales. Por aquella época aún estaba en Ciudad Real y habló con su mujer para sopesar juntos la idea de mudarse aquí. “Vinimos a Andalucía, sobre todo para que mi mujer lo conociera, pues yo sí conocía algunas provincias andaluzas. Estuvimos unos días conociendo la zona y nos dijimos: ‘si las condiciones son buenas, nos venimos’, aunque aquí no teníamos a nadie”, recuerda. Él fue admitido y la pareja empezó de cero en la capital onubense, primero de alquiler y luego en un piso propio en el barrio de Los Rosales.

Juan Jesús Mora y pepa Frigolet en la Feria de Palos de la Frontera.

A principios de los 80, en plena crisis industrial, comenzaron a mirar hacia la costa. Mazagón les ofrecía lo que buscaban: un espacio de tranquilidad y naturaleza a un paso de la ciudad y de la fábrica. “Yo soy de campo. Estar en un piso me hacía sentir enjaulado”, confiesa. En 1984 compraron un terreno en la zona del Faro y, un año después, ya estaban instalados definitivamente. “Vivir en Mazagón ha sido siempre una delicia. Salgo a mi parcela por la mañana y tengo la sensación de estar en el campo, con aire limpio y silencio, pero sin perder el contacto con la gente”, explica.

En este rincón costero criaron a sus dos hijos, hoy ingenieros industriales como su padre. “Durante la jubilación me he dedicado mucho a la familia. Ellos trabajan todo el día y muchas veces se vienen a comer a casa; charlamos, compartimos… eso es un lujo”, afirma. Se prejubiló con 62 años y medio, y a los 65 pasó a estarlo completamente, pero nunca ha concebido la tercera edad como una etapa de pasividad. “No he echado de menos la fábrica, no ha sido nada traumático. Soy una persona muy activa”, reivindica. Por eso, no se arruga cuando hay que enfrentarse a tareas de jardinería, pintura o albañilería, sin achantarse con otras más sofisticadas como la informática o el manejo de su smartphone. “Si se estropea el lavavajillas, lo intento arreglar. Siempre he tenido que apañarme y buscarme la vida”, dice con naturalidad, añade, orgulloso de haberse hecho a sí mismo en un sector exigente.

Viajar es una de las actividades que ocupan la agenda de Juan Jesús.

Esa actitud autosuficiente y colaboradora es la que se ha volcado también en la Asociación de Mayores de Mazagón. Juan Jesús conoce bien la entidad, ya que ha sido presidente y ahora forma parte de la directiva. “Formo parte, pero sin agobios. Ayudo en lo que haga falta mientras pueda y tenga tiempo”, comenta. Le gusta especialmente colaborar en eventos y comidas, donde suele echar una mano en la organización y, cuando toca, también entre fogones. “Si no fuera por comer, no haríamos nada”, bromea, consciente de que muchas de las actividades giran en torno a momentos de convivencia en la mesa.

Para él, la asociación es mucho más que un lugar donde pasar el rato. “Lleva muchos años dando vida al pueblo. Es un sitio donde la gente se encuentra, se anima, participa. Y eso, para los mayores, es fundamental”, subraya. Desde su experiencia como expresidente, valora especialmente la etapa actual. “Pepa le ha dado mucha vida a la asociación y nosotros colaboramos con ella en lo que haga falta. Yo y el resto de la directiva estamos para eso, para apoyar”, afirma.

Su visión de la tercera edad está lejos del tópico de la resignación. “Para mí la tercera edad es seguir haciendo cosas, mientras el cuerpo aguante. No se trata de estar quieto, sino de adaptarse”, sostiene. De ahí que anime a otros vecinos a acercarse a El Espigón y sumarse a las actividades. “A quien tenga dudas, le diría que venga, que pruebe. Aquí se conoce gente nueva, se sale de casa, se participa. No hay nada que perder y sí mucho que ganar”, apunta.

En la colocación de la primera piedra del Residencia de Mayores de Palos de la Frontera.

Casi cuarenta años después de llegar a Mazagón y casi cincuenta desde su llegada a Huelva, Juan Jesús sigue levantándose pronto para “dar una vuelta por la parcela en pijama y respirar el aire de la mañana”. Entre plantas, herramientas, familia y asociación, ha construido una vida donde el descanso convive con el compromiso. Aquel hombre de campo encontró en este rincón de la costa onubense el lugar perfecto para seguir siendo útil. Y mientras haya proyectos que sacar adelante, en Mazagón siempre habrá un Juan Jesús Mora dispuesto a arrimar el hombro.

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