«El CDA Corrales es como una pequeña familia donde he encontrado una verdadera hermana deportiva»

En el Club Deportivo Atletismo Corrales se corre, sí. Pero, sobre todo, se convive. Hay clubes donde el reloj manda y donde el ritmo de carrera marca la vaguardia. En Corrales, en cambio, la filosofía es entrenar, mejorar y ponerse reto, al mismo tiempo que se hace grupo. Porque los kilómetros sobre el asfalto, por los caminos de tierra o en las vías peatonales de la zona, fortalecen el físico pero, sobre todo, forjan amistades.

Bromas compartidas, desayunos antes de las pruebas, cervecita después de la tirada, abrazos en días malos y mensajes de “¿sales hoy a correr?” que, muchas veces, son una forma discreta de preguntar “¿cómo estás?”. Todo eso, y mucho más, hay entre las bambalinas del club.

Y Rocío Asencio Garrido lo describe de esa manera cuando dice que “la verdad que el club es como una familia. Algo en lo que coincide su ‘compi de carreras’ Paqui Castellano Vidarte; “así es, somo una pequeña familia más que un club. Esa coincidencia no es casual. Habla de un modo de entender el deporte donde la constancia y la convivencia van de la mano. Donde las quedadas de los jueves no se quedan solo en entrenar, sino que son una terapia contra el estrés en compañía de personas que nutren de energía la atareada semana de sus socios.

En los últimos años, además, el club ha vivido una etapa de impulso que sus propias corredoras señalan. Rocío cuenta con entusiasmo que Eloy Alfonso (su presidente) lo está haciendo muy bien. Le están dando vida al club, motivando mucho a la gente y ha llegado nuevos socios al club. Y ese ambiente se nota en lo cotidiano. Ahora se están haciendo muchas quedadas o si quedamos, desayunamos y otras actividades que, la verdad, nos ayudan a echar muy buenos ratillos”, explica bajo la idea de que la participación ayuda a forjar la pertenencia al colectivo y a fomentar la amistad.

En ese escenario de camaradería, amistad y kilómetros compartidos, aparecen dos historias distintas que acaban uniéndose como si el destino las hubiera sentado en el mismo banco del vestuario. Dos corredoras, Paqui Castellano y Rocío Asencio, que han encontrado en el running una vía de escape, un aprendizaje constante y una amistad tan sólida que en el club ya las nombran juntas, como un dúo inseparable.

Rocío Asencio

Rocío tiene 38 años, vive en Aljaraque y trabaja en una asesoría. Su relación con el deporte viene de lejos, aunque la carrera a pie llegó más tarde. Deporte en realidad he hecho siempre en el gimnasio, he hecho aeróbic, spinning… pero correr, correr, no, recuerda. La chispa apareció después de ser madre. “Fui mamá en 2016 y al año mi cuñado Antonio me hablaba de que se había apuntado a un club de atletismo en Corrales. Él me daba la tabarra de que entrara y entrara, cuenta entre risas, agradeciéndole que la empujase a dar ese paso. Y aquel empujón familiar, sumado a un hermano que también había empezado a correr, acabó abriéndole una puerta inesperada.

Su primera gran experiencia llegó con una carrera emblemática como es la nocturna de Huelva. Rocío lo cuenta con humor, como quien todavía se sorprende de haberlo logrado. “Me costó llegar a la meta en aquella primera carrera. Me decía a mí misma ‘¡esto no lo termino yo!’. Pero al final la cruce”. A partir de ahí, ya no hubo vuelta atrás. Seguí y seguí sumando kilómetros e incrementando los retos y los kilómetros a recorrer en cada prueba”.

«Me ausenté del CDA Corrales unos meses porque había pocas mujeres. Ahora miras a un lado y a otro en las carreras y hay más mujeres que hombres»

Rocío se hizo socia del CDA Corrales hacía 2018 y desde entonces ha estado vinculada al club, aunque reconoce que ha tenido bajones emocionales, más que deportivos, a lo largo de este tiempo. Me ausenté unos meses porque había pocas mujeres y aquello me desmotivó, admite. Pero volvió, y esa vuelta coincidió con un incremento en la presencia femenina, que va creciendo y se hace cada vez más fuerte. “Ahora en algunas carreras miras a un lado y a otro y ves más mujeres que hombres. Eso a mí me encanta”, confiesa con orgullo.

La conciliación familiar, sin embargo, es el gran reto silencioso del deporte amateur. Entrenar no es solo ponerse las zapatillas, sino encajar la vida. Rocío lo vive a diario. Es muy complicado… hay veces que saco el hueco donde no lo tengo. O voy antes de comer, o aprovecho la academia del niño… porque después no tengo con quién dejarlo. Esa frase resume a muchas corredoras: no se trata de tener tiempo, sino de aprender a fabricarlo. Como lo necesito tanto, al final es buscarte un poco las mañas y sacar tiempo de donde no tienes, insiste.

Porque para Rocío, correr es más que salud física. Es una necesidad emocional. Para mí es una vía de escape, totalmente. Lo necesito cuando más agobiada estoy. Es una sensación de liberación con la que sientes que vas dejando atrás el día a día”. Y aunque haya días en los que no hay ganas de salir a rodar, ella sabe cuál es el camino. “En el momento en el que me obligo a salir y doy dos pasos que das dos pasos ya me digo a mí misma: ¡menos mal que he salido!”.

Entrena, cuando puede, tres días por semana. Y cuando habla del club, vuelve a insistir en lo humano. No hay nunca mal rollo, no hay competitividad entre nosotros, solo un ambiente sano.

Y en su memoria deportiva hay hitos que la marcan. Uno de ellos es el Doñana Trail, esa travesía de Sevilla al Rocío que roza lo épico para quien lo hace desde el amateurismo. Rocío lo ha hecho tres veces. Es uno de los retos más importantes que he logrado corriendo, confiesa. La distancia, dice, ronda los 68 kilómetros. Y en la última edición lo hizo por un motivo muy concreto: La última vez la hice con mi compañera Paqui y fue una experiencia diferente donde el reto era compartido. Fue una experiencia enriquecedora en todos los sentidos”.

Rocío Asencio y Paqui Castellano en El Rocío

Paqui Castellano

Paqui Castellano tiene 51 años, trabaja en la frutería de los Supermercados El Jamón, en Bellavista, y está a punto de empezar una nueva etapa, ya que en septiembre se muda a La Monacilla. Su vínculo con el deporte también viene de atrás. “El deporte me ha gustado siempre y lo he practicado durante mucho tiempo”, dice. Antes era gimnasio, clases guiadas y actividades similares. Pero el mundo del running llegó hace menos años, como un descubrimiento que ya no se suelta.

Cuando Paqui habla del CDA Corrales, lo hace desde el afecto. Nos reunimos cuando podemos y entrenamos juntos. Compartimos muchos momentos de risas, nos desahogamos de todas nuestras cosas. La palabra “desconexión” está muy presente en su discurso, ya que para ella correr es descanso, aunque pueda sonar algo contradictorio. “Mi descanso semanal es cuando termino de trabajar, me calzó las zapatillas y me voy a correr. El entrenamiento es mi descanso, explica. Y confiesa que a veces las personas cercanas a ella no lo entienden La gente me dice ¡tú estás loca, ahora te vas a ir a correr a las dos de la tarde sin comer! Pues sí, ese es mi descanso”, se reafirma en la idea.

Para ella es también tiene un componente terapéutico. “Sí, correr es mi terapia, dice sin adornos. Y lo conecta con una idea que aparece una y otra vez en historias de deporte popular, cuando los aficionados se refieren a que el atletismo es como salvavidas mental. El deporte te puede salvar de muchas situaciones en tu vida, afirma.

«Tengo que agradecer a mi marido su apoyo para enfrentar retos deportivos y cómo me ayuda con los entrenamientos. Siempre me dice: ‘Vamos que tú puedes’. Eso es de gran ayuda»

Paqui, además, tiene un apoyo clave en casa. Su marido, Javi, es policía local y entrenador. Tengo mi entrenador en casa. Él me asesora, me ayuda con los entrenamientos y recomendaciones”, cuenta. Y esa confianza le ha empujado a retos que, en algún momento, creyó imposibles. “Tengo que agradecerle que desde el primer momento me animó a comenzar a entrenar y es me anima siempre a hacer frente a pruebas cada vez más difíciles. Siempre me dice …¡vamos que tú puedes! Y eso es siempre de gran ayuda.

Ese acompañamiento fue decisivo en uno de sus mayores desafíos, como la Doñana Trail que traza casi 70 kilómetros entre Sevilla y El Rocío. La describe como un viaje físico y mental. “Psicológicamente me costó mucho terminar los últimos kilómetros. A partir del kilómetro 50 era una lucha constante con la cabeza. Me decía continuamente ‘no puedo’…pero llegué”, recuerda, emocionada. Y ahí entra, otra vez, la amistad de Rocío Asencio como motor. Ella fue determinante para cruzar la línea de meta. Me animó continuamente y me convenció durante la carrera de que podía terminarla.

Paqui habla del entrenamiento como una historia de esfuerzo real. Fueron 16 semanas de entrenamiento y fue muy duro porque fueron meses de verano saliendo a correr con 40 grados y a las seis de la mañana. Y en medio de ese sacrificio, aparece un mantra que repite como mensaje para otras mujeres. “Da igual que tenga 20 o 51… si quieres proponerte retos en carrera, nunca es tarde”.

En el club, Paqui y Rocío son conocidas como “las compañeritas”. No porque no haya más mujeres, sino porque su nivel de participación y constancia ha hecho que todo el mundo las identifique juntas. Corremos siempre juntas y siempre vamos de la mano, explica Paqui. Rocío lo confirma … “si vamos juntas a la carrera, vamos mejor. Hemos logrado complementarnos muy bien”.

Las corredoras junto a Antonio J. Delgado en el Trail de Sanlúcar de Guadiana

Cuando el deporte te pone a alguien en el camino

Lo más bonito de esta historia es que no se conocieron “por casualidad”, sino por el tejido cotidiano de un pueblo, por esa red de conversaciones pequeñas que, a veces, cambian una vida. Mi madre va a comprar al supermercado de Bellavista donde trabaja Paquí y un me dijo: “hay una chica en El Jamón’ que dice que también corre”, cuenta Rocío. Aquello derivó en una llamada de reléfono para salir a entrenar juntas y desde entonces, son hermanas de carreras

Conexión sería la palabra que define el encuentro entre ambas.La conozco como si la conociese de muchísimos años más”, dice Rocío, a lo que Paquí apuntilla que “ella es mi vitamina”. Es la imagen perfecta de lo que significa encontrar a alguien que te recarga cuando estás al límite. Muchas veces viene y me da un estrujón (refiriéndose a un abrazo) y digo: venga, pues ya me he recargado, describe Rocío con una sonrisa. Paqui, por su parte, dice que “Rocío siempre tiene siempre una palabra bonita, siempre una sonrisa…”.

 

En carrera, esa química se traduce en una complicidad práctica. Rocío confiesa que, a veces, Paqui no mira reloj y se fía. Yo no llevo reloj y voy a lo que tú me digas, le dice. Y Rocío, entre risas, admite sus “trucos” para que la mente no se rinda: La voy engañando… ‘¿cuánto queda?’ y yo le digo: ‘nada, un poquito’… y a lo mejor paro el reloj y digo: ‘hemos hecho doce’”.

Paqui, por su parte, reconoce que Rocío la lee con solo mirarle la cara. Ella me ve la cara y sabe si voy a agobiar, si voy a apretar, si ya no puedo más… me conoce perfectamente. Y esa capacidad, en distancias largas, vale oro. Porque correr es también una batalla psicológica que se gana a base de palabras, de agua en el cuello, de “vamos” a tiempo y de silencios compartidos.

Hoy, cuando hablan del club, hablan de pertenencia. Y cuando hablan una de la otra, hablan de familia. He encontrado en ella alguien especial. Es como si fuese una hermana, dice Rocío; “sí, es como mi hermanilla pequeña, responde con ternura Paqui.

Correr al lado de alguien que sabe acompañarte es la filosofía que impera en el CDA Corrales y Rocío Asencio y Paqui Castellano, son un vivo ejemplo de lo que defienden en el colectivo.

Por José Luis Galloso

 

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