“Disfruto mucho jugando con equipos de fútbol femeninos y ahora tengo mucha más seguridad en mí misma”

Iraila Romero de la Rosa, de once años, se ha hecho un hueco en el Sporting de Huelva tras pasar años jugando en equipos mixtos y compartiendo cancha con niños de su edad. Gracias a su talento futbolístico, su esfuerzo y el respaldo de una familia, que también rompe barreras en un entorno históricamente masculino, está logrando cumplir su sueño

 

SECCION PATROCINADA POR:

El deporte tiene la capacidad de cambiar miradas, derribar prejuicios y abrir caminos donde antes parecía haber límites. Iraila Romero de la Rosa es un ejemplo de ello. Con once años ha encontrado en el fútbol no solo una pasión, sino una forma de afirmarse, crecer y demostrar que el talento no entiende de género.

Juega actualmente en el Sporting de Huelva femenino, uno de los clubes referentes del fútbol femenino andaluz. Su llegada al equipo no ha sido fruto de la casualidad, sino del resultado de su esfuerzo, constancia y una lucha silenciosa contra estereotipos que todavía persisten en edades muy tempranas. “Me ilusiona tener compañeras femeninas en vez de masculinas, y me gusta el Sporting porque creo que puedo llegar lejos con este equipo”, afirma la joven futbolista con la naturalidad de quien sabe perfectamente lo que quiere.

Sus primeros pasos en el fútbol los dio en Punta Umbría, jugando en equipos mixtos, compartiendo equipo y campo con niños. No fue un camino sencillo. “Costaba más porque jugaba con gente masculina y, algunas veces, no entendían que una niña estuviera en el equipo”, explica. Aun así, Iraila nunca se echó atrás. Jugaba de defensa y pronto se convirtió en una pieza clave. “Yo quería ser delantera, pero me pusieron de defensa y me di cuenta de que soy muy buena en esa posición”, recuerda.

Iraila Romero de la Rosa, posando antes de un partido con el Sporting de Huelva

Ese carácter luchador no surge de la nada. En casa, Iraila tiene un espejo donde mirarse. Su madre, Tamara de la Rosa, es una de las pocas mujeres que trabaja en el sector marítimo, un ámbito tradicionalmente reservado a los hombres. Su presencia diaria en el muelle, junto a su marido, es ya de por sí un acto de ruptura de barreras. “Yo le digo siempre que nadie es más que nadie, que niñas y niños somos iguales”, explica Tamara. Un mensaje que Iraila ha interiorizado desde pequeña.

Durante años, Tamara también tuvo sus dudas. “Al principio yo decía: una niña en el fútbol… no sé”, reconoce. Pero la pasión de su hija pudo más. Iraila jugaba en la calle, se caía, se levantaba y volvía a correr detrás del balón. “Luchaba como una jabata, le daba igual empujarse, caerse o quitarle la pelota a los niños”, recuerda su madre. A pesar de las dificultades, nunca perdió la ilusión.

El salto al Sporting de Huelva llegó cuando el crecimiento físico y deportivo hacía imposible seguir compitiendo en equipos mixtos. Iraila realizó las pruebas y fue seleccionada como defensa. Además, su progresión ha sido tan destacada que actualmente compite en una categoría superior a la que le corresponde por edad. “Me siento increíble esta temporada, mucho mejor que antes; ahora estoy más cómoda jugando”, asegura la futbolista.

“Al principio se preguntaba si podría, si sería capaz de estar a la altura. Ahora tiene más disciplina, más confianza y se lo está empezando a creer”, añade Tamara de la Rosa, madre de Iraila.

El cambio no fue sencillo. Dejar atrás a sus amigos y su entorno habitual le generó dudas. “Al principio se preguntaba si podría, si sería capaz de estar a la altura”, confiesa su madre. Pero el entorno del Sporting y el hecho de entrenar con otras niñas marcaron la diferencia. “Ahora tiene más disciplina, más confianza y se lo está empezando a creer”, añade.

La familia ha tenido que hacer sacrificios importantes. Desplazamientos, horarios complicados y un esfuerzo económico constante forman parte del día a día. “Es un sacrificio, pero lo hacemos por ella, porque queremos que siga jugando”, explica Tamara. Lejos de ser una carga, el fútbol se ha convertido en un elemento de unión familiar, una forma de compartir tiempo y emociones.

Iraila lo tiene claro cuando se le pregunta por el futuro. “Me gustaría llegar a un equipo muy grande, como el Betis o el Madrid”, dice sin titubear. Sueños grandes para una niña que ya ha demostrado que no se pone límites. Su historia es la de muchas otras niñas que aún necesitan referentes cercanos para creer que es posible.

En paralelo, la figura de su madre refuerza sus deseos. Son dos generaciones de puntaumbrieñas rompiendo barreras en espacios distintos, pero con el mismo objetivo: demostrar que el talento y el esfuerzo no entienden de géneros. Una mujer en la mar y una niña en el fútbol, avanzando juntas, cada una en su terreno, pero empujando en la misma dirección.

Iraila Romero de la Rosa no es solo una joven futbolista prometedora. Es el ejemplo de que el deporte puede ser una herramienta poderosa para transformar realidades, educar en igualdad y abrir caminos nuevos. En cada entrenamiento, en cada partido y en cada balón disputado, Iraila no solo juega al fútbol, sino que derriba barreras sociales. 

 

Por José Luis Galloso

Compartir
Scroll al inicio