«El día que tenga que entrenar por obligación, lo dejo. Yo entreno por que me divierte»

Constancia, pasión por el deporte y una manera muy personal de entender la vida. Rafael Amazares Guisado es cordobés de nacimiento y está afincado en Punta Umbría desde hace más de tres décadas. Este profesor de Educación Física ha hecho de la práctica deportiva una seña de identidad personal y un vehículo de diversión interminable a lo largo de su vida. En unos días, su trayectoria será reconocida en la Gala del Deporte de Punta Umbría, un homenaje que recibe con orgullo y con la humildad que lo caracteriza.

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Nacido en Peñarroya-Pueblonuevo, en la sierra de Córdoba, Rafa llegó con su pareja a la localidad a principios de los años noventa, atraído, entre otras cosas, por las posibilidades que ofrecían el mar y el entorno para practicar deporte. “Carmen y yo nos conocimos en León, estudiando en la universidad, y cuando terminamos nos vinimos a Punta. Veníamos del frío y aquí encontramos el buen tiempo, los deportes náuticos y una calidad de vida increíble”, recuerda.

Desde entonces, Punta Umbría no solo ha sido su hogar, sino también su campo de entrenamiento. “Vivimos en un paraíso para el triatleta”, afirma con convicción, refiriéndose a la disciplina que practica en la actualidad. Playa, pinos, senderos, mar y tranquilidad convierten al municipio en un escenario privilegiado para entrenar y competir, algo que no ha pasado desapercibido para deportistas de alto nivel. “Aquí han entrenado grandes equipos y campeones nacionales; por algo será”, añade.

Rafa en el tramo de bicicleta durante un triatlón en 2025.

Profesor de Educación Física en el colegio de las Agustinas de Huelva, Rafa vive el deporte también desde el ámbito educativo. “Estoy todo el día jugando, corriendo, saltando… en zapatillas todo el día, bromea. Pero más allá de su profesión, el deporte ha sido una constante desde su infancia. “Desde pequeño me gustaba todo. No destacaba en nada, pero me apuntaba a todo”, confiesa entre risas. Esa curiosidad permanente fue la que lo llevó a estudiar Magisterio en Educación Física y a mantener, hasta hoy, una relación inseparable con la actividad física.

Aunque ha practicado múltiples disciplinas, como el esquí, la natación, el ciclismo o las carreras populares, el triatlón llegó a su vida para instalarse de manera permanente. “Aquí en Punta empezó a celebrarse el triatlón Playas de Punta Umbría alrededor del año 2000 y me enganché. Ya nadaba, salía en bici y corría, así que unirlo todo fue perfecto”, explica. Lo que comenzó con distancias cortas fue creciendo con el paso de los años hasta desembocar en el Ironman, la prueba reina de esta exigente disciplina.

A sus 56 años, Rafa sigue entrenando con una constancia admirable. “En invierno entreno dos o tres horas diarias, y cuando preparo un Ironman puedo llegar a hacer cuatro o cinco horas al día”, detalla. La clave, asegura, está en la motivación. “El día que tenga que entrenar por obligación, lo dejo. Yo entreno porque me divierte”.

Esa filosofía impregna todo lo que hace. No persigue récords ni victorias a cualquier precio. “Yo no voy a ganar, pero disfruto cada día haciendo deporte”, afirma. Sin embargo, los resultados han llegado como consecuencia natural de esa constancia. En 2025 fue reconocido como ganador de la Supercopa Provincial de Triatlón, un logro que valora especialmente. “Es como el resumen de todo un año de esfuerzo y pruebas. Me llenó de orgullo”.

Amazares compitió en 2025 en el Ironman celebrado en Agadir (Marruecos).

 

En unos días, recibirá además un reconocimiento por su trayectoria deportiva en la Gala del Deporte de Punta Umbría. “Que te reconozcan una trayectoria y no solo un resultado puntual me hace muchísima ilusión”, confiesa. Un premio que simboliza décadas de compromiso con el deporte, tanto a nivel personal como social.

La pasión deportiva también se vive en casa. Su mujer, Carmen Cortijo, y su hija, Carmen Amazares, comparten esa misma inquietud. “En casa siempre hemos estado enganchados al deporte. Mi mujer venía de la rítmica y acabó metiéndose en el triatlón, y mi hija igual”, cuenta. Incluso compiten juntos en pruebas por equipos, convirtiendo el deporte en un espacio de convivencia familiar.

Lejos de obsesiones, Rafa defiende una relación sana con el entrenamiento y la alimentación. “Comemos de todo. No seguimos dietas estrictas ni somos obsesivos. El deporte también tiene que ser disfrute”, afirma. Para él, la felicidad es inseparable de la actividad física. “Está demostrado que la gente que hace deporte es más feliz, tiene mejor humor y se relaciona más”, reflexiona.

De cara al futuro, mantiene intacta la ilusión. Sueña con clasificarse algún día para el Mundial de Ironman en Kona, Hawái. “Es uno de mis grandes anhelos”, reconoce. Pero sin prisas, sin presión. Porque, si algo tiene claro Rafa Amazares, es que el verdadero triunfo está en seguir disfrutando del camino. “Quitarme el deporte sería quitarme una parte muy importante de mi vida”, concluye.

Y quizá por eso, porque corre, nada y pedalea con una sonrisa, el reconocimiento que recibirá en Punta Umbría es también el aplauso a una manera de vivir.

Por José Luis Galloso

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