Juan Bautista Castilla Arroyo (Valverde del Camino), ‘Chamba’, regresó de Hawái con un nuevo triunfo para incrementar su increíble palmarés. El atleta onubense se proclamó subcampeón del mundo de Ultraman en una edición en la que el listón se volvió a mover hacia arriba. En la hawaiana Big Island, donde el Ultraman es casi una religión deportiva, completar los 515 kilómetros a nado, en bicicleta y con una doble maratón implica competir contra el cronómetro, contra el calor y contra una élite mundial que aprieta cada año.
“Ha sido una de las pruebas donde otra vez hemos sido muy competitivos”, resume Chamba con orgullo y con la sensación de haber hecho los deberes. “La edad en el atleta es un punto determinante, pero pasan los años y cada vez me encuentro más competitivo”. Tiene 42 años y este año cumple 43, pero su rendimiento ha ido creciendo con el paso del tiempo. “Hemos conseguido ser segundos del mundo, pero hemos logrado ser más rápidos que en ediciones anteriores”, explica en plural, teniendo siempre presente que el suyo es el éxito de todo el equipo que le acompaña.
«Hemos recortado el tiempo en más de una hora y media, pero a pesar de eso hemos conseguido la medalla de plata. En ediciones anteriores habría ganado de calle con este tiempo»
El balance es demoledor, puesto que rebajó su marca en casi una hora y media respecto a la edición previa. Y, a pesar de la increíble mejora, le dio para la plata. “Es una de las mejores marcas, pero el nivel de este año era altísimo. En otras ediciones, con ese tiempo habría ganado de calle, pero los de abajo vienen apretando fuerte y tienen un gran respaldo para preparar la competición”, dice. En otras etapas del Ultraman, recuerda, esos registros equivalían a ganar “de calle”.
Pero los triunfos no llegan por casualidad. Lo que no se ve detrás de los podios es, por un lado, el coste humano y, por otro, el económico que implica estar ahí. El periodo posterior a una prueba es, según él, el más duro a nivel físico. “La gente cree que lo más difícil es antes de competir. Yo digo que no. Lo más difícil es recuperarse, porque el dolor persiste y el ser humano no quiere volver a enfrentarse a eso”.

Además, reconoce que llegó al último Mundial con una presión enorme. “Yo no quería disfrutar. Yo quería ganar. Me generé tanta tensión que los dos días previos no hablaba con nadie, ni con mi familia”.
Aun así, piensa seguir entregando su aliento a esta disciplina. “No me quiero ir de esta disciplina sin darlo todo”. Su objetivo ahora es volver al Mundial de 2026 con garantías, clasificar para otra Copa del Mundo y perseguir algo que nadie ha logrado. “Soy el atleta que más podios tiene en Copas del Mundo; cinco en total. Y puedo ser el único que haya estado en todos los podios de todas las copas celebradas en la historia”.
Para eso quiere competir en México, una de las cuatro sedes actuales junto a Florida, Canadá y Arizona. “Yo no quiero solo clasificarme. Yo quiero estar en el podio. Si hago podio en México, sería el sexto y el único atleta del mundo con podio en todas las sedes históricas”.
En lo que se refiere a los costes económicos, Chamba no esconde sus convicciones. “Lo más difícil no es entrenar. Lo más difícil es llegar a un campeonato del mundo en las mismas condiciones que los demás atletas a nivel logístico”, lamenta. Viajar a una Copa del Mundo de Ultraman tiene un coste muy elevado. Un Mundial exige estar acompañado de todo un equipo, entre ellos un médico o un asesor, y todo eso hay que pagarlo.
Su paso por Hawái y la vuelta
La exigencia física de esta competición es brutal. “Estoy entrenando 22, 23, 25 horas a la semana. Psicológicamente lo aguanto, pero el riesgo es siempre muscular”, admite. “Es una prueba de mucho dolor físico, y hay que ser capaz de aguantarlo cuando aparece antes de lo previsto”.
En Hawái, Chamba ya es parte de la historia de la prueba, pero quiere seguir escribiendo episodios para perpetuar su propia leyenda. “Allí me siento como un atleta de referencia. La gente te reconoce, te saluda, te para por la calle. Y la verdad es que todo el mundo necesita una palmadita en la espalda”.
En Estados Unidos, asegura, los atletas que compiten en el Ultraman son tratados con una elevada deferencia social. “Un marine allí goza de un notable estatus social, y que te dé la mano un marine reconociendo tus méritos te deja helado”, explica refiriéndose a sus experiencias en la isla estadounidense.
Sin embargo, los ecos de sus logros resuenan en España de manera diferente. La repercusión es limitada a pesar de las hazañas que logra completar, unos retos cuya importancia parece no entenderse en su propio país. “Cuando explico en qué consiste la competición, a veces me da la impresión de que me ven como un loco, más que como un deportista de alto rendimiento”, confiesa.
Lo que sí es cierto es que, a su vuelta, Huelva le ha recibido con actos, reconocimientos y homenajes. Ha sido recibido por autoridades, premiado por asociaciones y arropado por su gente. “Eso me oxigena, me da fuerza. Me llena de orgullo llevar a mi ciudad y a mi tierra por bandera”.
Chamba ha ido enlazando reconocimientos que han reforzado el vínculo con su tierra. La Asociación Onubense de la Prensa Deportiva le distinguió como Deportista de Oro, una mención que él mismo define como “algo mágico e inolvidable”. También recibió el Premio al Deporte 2025 de la Asociación Luis Felipe de la Ciudad de Huelva, un galardón que, asegura, “fue mucho más que un reconocimiento”. Fuera de la provincia, el pueblo de Andújar lo homenajeó como Mejor Deportista Andaluz en el 40 aniversario de la Gala del Deporte, confirmando que su nombre ya trasciende lo local.
Y en casa, el recibimiento institucional del Ayuntamiento de Huelva al valverdeño terminó de redondear su regreso. “Este subcampeonato del mundo de Ultraman en Hawái no nace allí, nace aquí. Es un orgullo inmenso poder llevar el nombre de mi ciudad por bandera y sentir que Huelva camina conmigo”, escribió, agradeciendo “el cariño” y el respaldo de Pilar Miranda y María de la O Rubio. “Ese apoyo nos llena de fuerza para seguir soñando y continuar escribiendo esta historia”.
Un llamamiento a las marcas y las instituciones
Chamba prepara la temporada con las ganas de ganar intactas, pero con la incertidumbre de si finalmente llegarán los patrocinadores y los apoyos necesarios. “No pido dinero a las instituciones; pido respaldo, escaparate y que se valore lo que hacemos”.
Su triunfo ha tenido un coste y un riesgo en su bolsillo. “No quiero volver a llegar al último momento hipotecado, pidiendo préstamos para poder competir”, confiesa. “Yo agradezco cada aportación que llega al equipo, pero no quiero que me digan a última hora ‘ahora no puedo’, porque puede desestabilizar meses de trabajo”, explica teniendo de fondo algunas experiencias complicadas previas a su último viaje a Hawái.
Lo que es seguro es que hay Chamba para rato, y él lo manifiesta con la sonrisa que siempre luce el deportista del Andévalo: “Me vais a tener que recibir aquí todos los años. Porque no voy a bajar de la competición”.
Por José Luis Galloso











