«Llegaremos hasta donde sea necesario para solucionar el problema de las playa de El Portil»

La imagen se repite cada temporada de invierno en las playas de El Portil y en otros espacios costeros del litoral onubense. Las mareas muerden la orilla y los temporales causan destrozos en diferentes infraestructuras, dejando pasarelas suspendidas en el aire y viviendas fuertemente afectadas por la crudeza de los fenómenos meteorológicos.

Lo que durante años ha sido una preocupación latente en el núcleo costero, en la actualidad se ha convertido en una alarma abierta. Vecinos, asociaciones y colectivos han decidido decir basta. El próximo 13 de febrero, la ciudad de Huelva acogerá una manifestación que pretende ser un punto de inflexión en la defensa de la costa onubense.

La convocatoria parte de la Asociación de Vecinos Portileños, pero su alcance va mucho más allá de una sola localidad. “No más mentiras, soluciones definitivas ya”, proclama el cartel de la protesta, que llama a concentrarse a las 12.30 horas ante la Subdelegación del Gobierno. La intención es exigir actuaciones reales y urgentes frente a la regresión de las playas y denunciar la falta de respuestas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, administración con competencias directas en la defensa del litoral.

Para los portileños, la situación ha dejado de ser asumible. Así lo expresa Alberto Rodríguez López, miembro de la directiva de la asociación y una de las personas más activas del movimiento vecinal. “La situación del Portil es alarmante. Llevamos años reclamando soluciones y lo único que hemos recibido son respuestas evasivas y falta de voluntad para, al menos, intentar arreglar la situación”, explica. Ingeniero de montes y con una larga trayectoria vinculada al medio ambiente, Alberto no oculta su indignación tras la última reunión mantenida con la Subdelegación del Gobierno y la Jefatura Provincial de Costas.

“Fuimos convocados a mediados de 2024 pensando que nos iban a presentar un proyecto con soluciones al respecto. Nuestra sorpresa fue que nos dijeron que la solución era ‘no hacer nada’. Literalmente, dejar que el mar avance, expropiar entre diez y doce chalés de primera línea y, dentro de treinta años, defender la siguiente estructura con un paseo marítimo”, relata. “Que te digan esto sin ningún pudor, con un horizonte en 2054 o 2059, es sentirte ninguneado”.

Según explica, la asociación había entregado ya en 2023 un proyecto técnico elaborado con la colaboración de profesionales, una propuesta de actuación a corto y medio plazo para recuperar una playa “digna”, aunque no volviera a tener los casi 200 metros de arena de hace décadas. “Nos dijeron que el Ministerio estaba estudiando una alternativa mejor. Y lo que nos encontramos es que la alternativa es la inacción”.

El diagnóstico que hacen desde la asociación no se limita a su playa. La erosión afecta a buena parte del litoral onubense y a otras costas españolas. En El Portil, la situación se agrava por la compleja dinámica sedimentaria ligada a la flecha del Rompido y al estuario del río Piedras, donde la arena se acumula en unas zonas mientras desaparece en otras.

“En apenas tres años, la flecha ha crecido cientos de metros. Se ha formado prácticamente una península donde antes había una isla de arena intermitente”, explica Rodríguez López. “El problema es que esa arena se pierde justo delante del casco urbano, descalzando los cimientos de las viviendas de primera línea”.

Desde la asociación insisten en que no se trata de negar el impacto del cambio climático ni de “luchar contra el mar”, sino de gestionar el litoral con criterios técnicos, planificación y voluntad política. “La técnica existe, el conocimiento también. Lo que no existe es la voluntad de actuar”, denuncia.

Un llamamiento a la unidad institucional

La manifestación del 13 de febrero quiere ser, además, un gesto de unidad. Prudencio Serrano Robles, presidente de la Asociación de Vecinos Portileños, ha remitido un manifiesto de adhesión a los ayuntamientos y grupos políticos de la costa onubense, solicitando apoyo institucional y la aprobación de mociones en los plenos municipales.

Prudencio Serrano, presidente de la Asociación de Vecinos Portileños

La respuesta ha sido desigual. “Cartaya ha respondido afirmativamente y, además, quiere extrapolar esta iniciativa a toda la provincia en las zonas costeras”, explica Serrano. “Punta Umbría, de momento, no nos ha contestado, aunque el escrito se registró oficialmente y también lo he trasladado a título particular”.

Aun así, el movimiento no deja de crecer. “Tenemos confirmada la participación conjunta de Mazagón, Isla Cristina y prácticamente decidida la de Matalascañas. Huelva capital también se une a la manifestación”, señala el presidente vecinal. “Esto va a marcar un antes y un después”.

Por todo ello, el mensaje que lanza la asociación va más allá de una reivindicación local. “Esto ya no es solo una lucha de quienes vivimos en El Portil o en la costa”, subraya Prudencio Serrano. “Es una lucha por algo que es de Huelva, por nuestra seña de identidad”.

En ese llamamiento apela a la memoria colectiva y al compromiso de todos los afectados por situaciones similares. “Es donde vamos cuando queremos despejarnos, cuando queremos pasear, cuando queremos ver el mejor atardecer del mundo, cuando queremos estar con nuestras familias. Es una lucha de todos”, concluye.

La experiencia previa avala su capacidad de movilización. En la última gran manifestación, celebrada hace algunos años, participaron más de 7.000 personas. Lejos de desinflarse, el movimiento ha ganado apoyos y conciencia social a medida que la erosión se hace más visible y los daños más evidentes.

Vecinos y empresarios afectados

José Luis Velasco Núñez, vecino de la urbanización Ríomar de El Portil, una de las más afectadas por la pérdida de arena en primera línea, expresa con contundencia el sentir de muchos residentes ante la postura de la Administración. Tras una reunión mantenida el pasado año con la Subdelegación del Gobierno, asegura que las promesas quedaron en nada. “Nos dijeron que iban a echar arena en la orilla, pero no echaron ni un gramo”, afirma. Hoy, denuncia, el discurso ha cambiado hacia una solución que considera inaceptable: “Ahora pretenden que quienes han perdido la arena delante de sus casas se vayan a vivir a otro sitio, que malvendan sus viviendas al Estado y se marchen”. Para Velasco, este planteamiento supone trasladar el problema al ciudadano. “Pagamos impuestos como todo el mundo y, cuando hay un problema, no puede ser que nos abandonen”, señala.

José Luis Velasco, vecino de una de las urbanizaciones más afectadas

A su juicio, la playa debe recibir el mismo mantenimiento que cualquier infraestructura pública. “Igual que se arreglan carreteras, puentes o se mantiene la sanidad, la playa también necesita mantenimiento”. El vecino insiste en que la solución es técnica y económicamente viable, ya que la arena no ha desaparecido, sino que se acumula a pocos metros. “La arena está aquí al lado, no se ha ido a ningún sitio. Es cuestión de traerla de vuelta y poner elementos de retención para que no se vuelva a ir”, explica.

Velasco subraya que esta opción sería además la más rentable. “Tirar las casas es la solución más costosa a nivel económico”, advierte. En su opinión, la falta de actuación responde más a una ausencia de voluntad que a una imposibilidad real. “El dinero público está para resolver los problemas de los ciudadanos”, concluye.

Por su parte, Francisco González Díaz, comerciante del Portil con dos negocios de hostelería durante todo el año y una pescadería en temporada estival, describe con preocupación el impacto directo que la pérdida de playa está teniendo en la economía local. “La situación de los negocios es muy mal. Hay mucha gente que no quiere venir porque no hay playa”, explica, señalando que la ausencia de arena ha reducido el atractivo turístico de la zona.

Francisco González Díaz, vecino y empresario de El Portil

Según afirma, la caída de la afluencia se traduce en una bajada de ventas de entre un 40 y un 45 por ciento. “El verano es cuando se gana el dinero para pasar el invierno, y si no viene turismo, no salen las cuentas”, advierte. González, vecino del Portil desde hace tres décadas, asegura que el cambio ha sido drástico en los últimos quince años. “Antes en verano no cabía un alfiler y ahora hay muchos pisos cerrados, que no se alquilan”, lamenta.

A la pérdida de playa se suma, además, el deterioro de los accesos, una situación que afecta especialmente a personas con movilidad reducida. “Tengo un hijo con discapacidad y muchas veces no puedo bajarlo a la playa. No hay accesos, está todo cortado o lleno de vallas”, denuncia.

El comerciante insiste en que la falta de soluciones afecta directamente al empleo. “Yo llegué a tener nueve trabajadores solo en la taberna, además de la pescadería. Ahora me da miedo contratar porque no hay gente”, reconoce. Para González, la situación requiere una respuesta urgente: “Esto no va solo de negocios, va de empleo, de familias y de que El Portil no se quede abandonado”.

Un problema de Estado

Rodríguez López insiste en que el litoral español necesita una respuesta estructural y sostenida en el tiempo. “Este no es un problema de un gobierno concreto, ni de un partido político en particular. Es un problema que podemos considerar de Estado”, afirma. “Requiere acuerdos a largo plazo, planificación y continuidad, porque hablamos de una situación que se perpetuará en el futuro y que tendrá un impacto económico enorme”.

El vocal de la asociación recuerda que el modelo turístico español se ha construido en torno al sol y la playa. “Cuando las playas empiecen a desaparecer de forma irreversible, ¿qué pasará con el turismo? ¿Qué impacto tendrá eso en la economía del país?”, se pregunta.

Desde su punto de vista, dejar que la costa se degrade sin actuar es una forma de mala planificación. “El buen planificador sabe que hay que atajar lo importante, no solo lo urgente. Si no hay actuaciones preventivas y no se ponen en marcha soluciones periódicas, todo acaba siendo una situación urgente y se actúa siempre tarde y mal”.

La manifestación convocada en Huelva pretende ser ese “primer pistoletazo de salida” al que alude Rodríguez López. Un acto simbólico, pero también una advertencia. “Si tenemos que llegar al Gobierno de España, llegaremos. Y si tenemos que unirnos con asociaciones del Mediterráneo, del Cantábrico o de cualquier otra costa afectada, lo haremos”, asegura.

Para los vecinos de El Portil, el objetivo es que las administraciones asuman su responsabilidad y actúen. Que se estudien soluciones a corto, medio y largo plazo. Que no se normalice la pérdida del litoral como si fuera un destino inevitable.

El 13 de febrero no será solo una protesta. Será la defensa de un espacio y de una forma de vida de millones de ribereños que ven cómo sus playas están quedando inutilizables porque “el mar reclama lo que es suyo”, pero también “por la falta de respuesta de quienes tienen las competencias para protegerlas”, sentencian los vecinos de El Portil.

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