Mazagón ha querido sellar un agradecimiento perpetuo a una de sus vecinas más queridas. El Ayuntamiento de Moguer ha decidido rotular el campo municipal de fútbol con el nombre de Maribel Monsalvete Pérez, una mujer que, durante más de tres décadas, se convirtió en uno de los motores sociales, culturales y deportivos del núcleo costero. Desde ahora, el estadio pasa a denominarse oficialmente Estadio Municipal Maribel Monsalvete, un gesto que reconoce una vida entera entregada a los demás y que emociona a quienes tuvieron la fortuna de conocerla. La propuesta fue llevada a pleno por el grupo municipal AVEMA (Asociación de Vecinos de Mazagón) y aprobada por unanimidad por todos los partidos con representación en el órgano municipal.
Maribel Monsalvete falleció el 24 de marzo de 2023, de manera repentina, a los 76 años. Onubense de nacimiento y “mazagonense de corazón y devoción”, como la definen quienes compartieron su día a día, dejó tras de sí una huella profunda, difícil de borrar. Su nombre, ligado para siempre al estadio, simboliza la gratitud de sus vecinos hacia quien entregó de manera altruista su tiempo y su bondad para el bienestar de sus iguales.
Nacida en Huelva en el seno de una familia muy vinculada a los círculos sociales y culturales de la ciudad, Maribel creció en un entorno marcado por el compromiso y la sensibilidad hacia los problemas colectivos. Hija de Fernando Monsalvete y Antonia Pérez, fue educada en valores de respeto, solidaridad y apertura. Su hermana mayor, Cinta Monsalvete (82 años), recuerda una infancia “feliz, con unos padres muy modernos para la época”, que fomentaron en sus hijas la independencia y la cercanía con los demás.

Maribel comenzó su vida laboral en el antiguo hospital de la Riotinto Company Limited y posteriormente desarrolló su carrera como secretaria de dirección en distintas empresas del polo industrial onubense, entre ellas la conocida Tioxide. A comienzos de los años noventa decidió trasladarse a Mazagón, atraída por la cercanía a su trabajo y por el encanto de un núcleo costero que acabaría convirtiéndose en su hogar definitivo.
“Se hizo mazagonera desde el primer día”, recuerda Cinta Monsalvete. “Le gustaba todo lo que se hacía en el pueblo y siempre estaba la primera para colaborar”.
Desde su llegada, Maribel se integró con naturalidad en la vida social de Mazagón. No había romería, belén viviente, acto cultural o iniciativa vecinal en la que no estuviera presente. Su carácter extrovertido y cercano la convertían en una figura imprescindible, alguien capaz de conectar con jóvenes y mayores por igual.
“Era una persona muy especial, muy agradable, que se daba a querer”, señala su hermana. “Y eso en Mazagón se notaba, porque la querían muchísimo”.
Su implicación no se limitó a lo cultural. Durante más de quince años fue presidenta de la Junta Local de la Asociación Española Contra el Cáncer, cargo que desempeñó con una entrega absoluta, manteniendo siempre su colaboración activa con la entidad. También formó parte de la directiva del Club de Fútbol Mazagón y fue fundadora de la Peña Recreativista de Mazagón, reflejo de una pasión por el fútbol que le acompañó desde joven.
Pasión por el balón y su homenaje
Maribel fue aficionada al Recreativo de Huelva, una pasión que también compartió con su hermana Amparo. “En aquellos años de su juventud, acudir a ver al Recre era una forma de participar en la vida social de la ciudad. Huelva siempre ha sentido pasión por el Decano y mis hermanas vivían de cerca todo aquel movimiento. A mi padre nunca le gustó especialmente el fútbol, pero sí es cierto que tuvimos en la familia a mi tío Eliseo Monsalvete, que jugó en la década de los treinta en el Recreativo”, relata nuestra interlocutora.
De una manera u otra, la pasión por el fútbol se impregnó en Maribel y la convirtió en una herramienta de unión y convivencia en Mazagón. Su hermana recuerda cómo acudía a partidos incluso en días de lluvia intensa, buscando siempre la forma de apoyar a los equipos, especialmente a los juveniles.
“Un día me llamó y me dijo que venía empapada de ver un partido de los chavales”, cuenta Cinta. “Y no solo iba a animar, sino que compraba chucherías a los chavales después del partido. Era una persona que sabía integrar bien a los grupos y llenaba de valores todo su entorno”.

Ese espíritu generoso y cercano explica por qué el fútbol mazagonero ha querido que su estadio lleve ahora su nombre. Porque Maribel no fue solo una aficionada, sino una impulsora, una animadora incansable y una persona que entendía el deporte como una herramienta social.
El acto de rotulación del estadio, celebrado el pasado diciembre, fue un momento cargado de emoción. Familiares, amigos, vecinos y representantes municipales se reunieron para descubrir la nueva denominación del recinto. La concejala responsable de Mazagón, Pilar Rodríguez, destacó la figura de Maribel como una “trabajadora incansable” que dedicó su vida a solidarizarse con todos los proyectos del núcleo costero, fueran sociales, culturales o deportivos.
Para su familia, el homenaje fue una mezcla de orgullo y nostalgia. “Ella hubiera disfrutado muchísimo de este momento”, afirma Cinta Monsalvete. “Era muy llorona, seguro que se habría emocionado al ver todo aquello y le habría llegado al alma”.
Su hermana mayor ha querido transmitir a través de nuestra edición digital su “profundo agradecimiento a todos los que han hecho posible este homenaje. Nos ha llenado el corazón de alegría esta atención hacia nuestra hermana y siempre estaremos agradecidos por todo lo que hemos tenido la oportunidad de vivir el día de la rotulación oficial del estadio. Nos ha impresionado mucho ver el nombre de Maribel en un lugar tan bien preparado para que los jóvenes y el resto de aficionados al deporte cultiven una vida saludable”, relata.
Maribel Monsalvete no tuvo hijos, pero sí una extensa familia y una red de amistades que la sentían como propia. Tuvo a lo largo de su vida la compañía de sus tres hermanos, Cinta, Antonio y Amparo, además de sus sobrinos y resto de familiares. Era habitual verla rodeada de sobrinos, pendiente de cada detalle, siempre dispuesta a ayudar, a escuchar y a celebrar. “Ella era siempre quien montaba la bulla cuando estábamos en familia y animaba a todos”, dice Cinta entre risas. Al mismo tiempo recuerda la atención que siempre tuvo a su sobrino Fernando (hijo de Cinta), que nació con parálisis cerebral y marcó profundamente el ritmo vital de toda la familia. “Ella siempre estuvo muy pendiente de mi hijo Fernando”, comparte con emoción la primogénita de los Monsalvete.
Hoy, su nombre luce en la entrada del estadio municipal como recordatorio permanente de una vida entregada a los demás. Un nombre que identifica un espacio deportivo y la manera de vivir de quien entendía que los pueblos se construyen con pequeños gestos y con un compromiso sincero.
Mazagón ha querido que las generaciones futuras sepan quién fue Maribel Monsalvete. Y cada vez que un balón ruede sobre el césped del estadio que ahora lleva su nombre, su recuerdo seguirá presente, como parte inseparable de la historia y del corazón del pueblo.

Por José Luis Galloso









