Por José Luis Galloso
La labor constante y casi siempre discreta del voluntariado de Protección Civil de Moguer ha recibido este año un reconocimiento nacional que pone en valor tres décadas de servicio a la ciudadanía. La Asociación Nacional de Agrupaciones y Asociaciones de Protección Civil de España ha distinguido a la agrupación moguereña por sus 30 años de compromiso, entrega y vocación de ayuda, en un acto celebrado en la localidad madrileña de Getafe que sirvió también para rendir homenaje a quienes han estado en primera línea en algunas de las emergencias más duras vividas recientemente en el país.
En el marco de esa misma gala, los voluntarios David Pérez y Paloma Domínguez recibieron la Medalla DANA 2024, un reconocimiento específico por su participación en el dispositivo especial desplegado en la Comunidad Valenciana tras la devastadora DANA que asoló numerosos municipios, entre ellos Sedaví. Un episodio extremo que dejó imágenes de destrucción, calles convertidas en ríos de barro y miles de personas enfrentándose a la pérdida de bienes, hogares y, en algunos casos, de seres queridos.
Para David Pérez, este reconocimiento supone mucho más que una distinción simbólica. “Un reconocimiento siempre te llena y te hace sentir satisfecho, orgulloso del trabajo bien hecho. Es una palmadita en la espalda que nos motiva a seguir haciendo esta labor que tanto nos gusta, el voluntariado vinculado al mundo de las emergencias”, explica. Subraya, además, que el sentimiento fue compartido por todos los compañeros que participaron en el operativo y volvieron a casa con la certeza de haber sido útiles en un momento crítico.

La experiencia vivida en Valencia fue, en palabras de David, intensa y difícil de describir. “Era una situación muy complicada, un auténtico desastre. Lo que nos encontramos allí fue algo que te marca para siempre”, recuerda. Los primeros momentos estuvieron dominados por la incertidumbre y el caos. Infraestructuras colapsadas, calles impracticables y vecinos con necesidades urgentes configuraban un escenario que él mismo define como “apocalíptico”.
Durante jornadas maratonianas de hasta 14 horas, los voluntarios de Protección Civil de Moguer trabajaron codo con codo con bomberos, militares, policías y otros cuerpos de emergencia. Realizaron labores de desescombro, limpieza de vías públicas, achique de agua, retirada de vehículos de garajes inundados y apoyo directo a la población afectada. “Fueron días agotadores, pero también de una satisfacción enorme”, señala David.
Más allá del esfuerzo físico, lo que más les marcó fue el impacto humano. “Escuchamos historias desgarradoras, gente que lo había perdido todo, familias rotas. Creo que todos derramamos alguna lágrima”, admite. “Tras participar en una experiencia como esta, aprendes a valorar la vida, las pequeñas cosas y te das cuenta de que lo material no es lo más importante. Nos trajimos mucha humanidad”, argumenta Pérez.
En la misma línea se expresa Paloma Domínguez, para quien la intervención en Valencia fue una vivencia extrema. “Aquello parecía un escenario de guerra. Jamás en mi vida había visto algo parecido”, afirma con contundencia. La imagen del barro cubriéndolo todo, los coches amontonados como cementerios improvisados y los edificios anegados permanece grabada en su memoria.

Patricia recuerda cómo, pese a la dureza del entorno, no hubo lugar para la duda. “Nos pusimos manos a la obra desde el primer momento, trabajando con policías, bomberos y militares”, explica. Entre las tareas realizadas destaca la limpieza de edificios públicos, como el ayuntamiento, y trabajos especialmente duros como el desatasco de alcantarillas colapsadas por el barro. “Tuve que meterme en las alcantarillas para retirar el barro y permitir que el agua pudiera tragar. Fue muy duro y muy caótico”, relata.
Las condiciones de trabajo eran extremas y, en muchas ocasiones, se veían obligados a detener las labores al caer la noche por la falta de iluminación. “Al día siguiente volvíamos a pie de cañón, siempre aportando nuestro granito de arena”, señala. Para ella, lo más impactante fue el contacto directo con los vecinos. “Escuchar sus historias era desgarrador, no podías evitar emocionarte”.
A pesar del dolor y la dureza de la experiencia, Patricia se siente profundamente agradecida por haber podido ayudar. “Es una satisfacción que se me va a quedar marcada de por vida”, confiesa, y destaca también el cariño recibido por parte del pueblo de Sedaví, que, aun en medio de la tragedia, se volcó con los voluntarios.
El Ayuntamiento de Moguer quiso subrayar públicamente su orgullo por la labor de su agrupación de Protección Civil, destacando que este reconocimiento nacional no solo premia una intervención concreta, sino una trayectoria de 30 años basada en la solidaridad, la formación y la vocación de servicio.
Un homenaje merecido a hombres y mujeres que, lejos de buscar protagonismo, acuden allí donde se les necesita. Porque, como demuestra la experiencia de Valencia, el voluntariado también aporta esperanza cuando todo parece perdido.









