El Carnaval Colombino de Huelva también se vive más allá de las tablas del Gran Teatro. Si el concurso representa la parte más competitiva de la fiestas, la calle es el lugar donde el carnaval se vuelve cercano, espontáneo y profundamente popular. En definitiva, el arte también está presente en las plazas de la ciudad cuando el templo onubense de las coplas baja su telón.
Por eso este fin de semana, los rincones de la capital ha vuelto a ser un improvisado escenario de libertad a través de la cabalgata, el carnaval de barrio y los diferentes actos organizados al aire libre, que buscan dar vida al espíritu más auténtico de las Carnestolendas en nuestra tierra.

La cabalgata volvió a teñir de color y música las principales arterias de la capital, con agrupaciones, disfraces y un ambiente familiar que, año tras año, sigue siendo uno de los grandes reclamos para los onubenses. A ello se sumó el carnaval de barrio, que permite descentralizar la fiesta y acercarla a los vecinos, generando espacios de convivencia donde la copla se mezcla con la cercanía y el encuentro.
En ese contexto aparecen las murgas callejeras, un fenómeno sin demasiado arraigo en Huelva a lo largo de los años, pero con algunos exponentes que en los últimos tiempos empiezan a tener su lugar en las fiestas. ‘Los Secretos’ es una de ellas y tiene a Javier Tejada Giráldez como coautor, un veterano carnavalero que ha repite experiencia este año, después de estrenarse en 2025 con la murga ‘Ahora vengo’.
Con una trayectoria que se remonta a finales de los años 80, Tejada conoce bien las diferencias entre el carnaval de concurso y el de calle. “La chirigota callejera es mucho más liviana de trabajo, no hay esa exigencia del concurso y, al final, el carnaval es para divertirse; aquí todo es diversión”, explica. Unos argumentos que resumen el espíritu de este tipo de agrupaciones, donde el objetivo principal no es competir, sino disfrutar.
“Aquí no hay ni normas ni reglamento, es hacer la calle y disfrutarla después”, comenta, reivindicando la libertad creativa que ofrece este formato. Una libertad que se traslada también a la forma de cantar y de relacionarse con el público. A diferencia del teatro, donde todo está medido, en la calle la improvisación y la cercanía marcan la diferencia. “Estás cantando al mismo nivel que la gente, el contacto es directo y eso cambia completamente la experiencia, tanto para el público como para quien canta» señala.

Pero esa cercanía también tiene sus retos, puesto que los viandantes no siempre están predispuestos a escuchar las coplas. Por eso hay que saber captar su atención. “La chirigota callejera puede estar cantando a siete personas, pero son siete que se han parado a escucharte con toda su intención. Ahí se crea un momento de intimidad muy interesante y que se disfruta de una manera muy auténtica”, explica Tejada. Además, destaca que uno de los grandes atractivos de la calle es precisamente esa interacción espontánea que no se da en otros formatos, como por ejemplo en las agrupaciones que suben a las tablas en el concurso.
En Huelva, sin embargo, el carnaval de calle sigue siendo, para muchos, una asignatura pendiente. Así lo reconoce el propio Tejada, que aporta una visión crítica pero constructiva. “El carnaval de calle siempre ha sido la asignatura pendiente en Huelva, se han probado muchas fórmulas y seguimos probando”, reflexiona.
A su juicio, el error ha estado en intentar replicar modelos de otras ciudades sin atender a la realidad local. “El carnaval tiene que darle a la ciudad lo que la ciudad quiere. Si Huelva quiere un día de carnaval calles, pues será un día y no más”, afirma, cuestionando algunos intentos fallidos de prolongar las fiestas en la calle durante días.
En esa línea, también lanza una reflexión sobre la relación entre el carnaval de calle y el concurso. “El concurso va por un lado y la calle por otro. Creo que hay que separar ambas cosas aunque todo sea carnaval y esté relacionado. El espacio en los barrios y la calle es donde tienen que tener más protagonismo las murgas callejeras o ilegales y no necesariamente debemos cargar ese peso sobre las agrupaciones que participan en el concurso”, apunta.

Y es que, según explica, los grupos que participan en el teatro llegan a la calle con un desgaste importante. “Los grupos terminan reventados después del concurso, con actuaciones comprometidas, y no se les puede exigir más”, añade. Por eso, defiende el papel de las murgas callejeras y su naturaleza, como pieza fundamental para que esta parte de la fiesta crezca. “La calle es libertad total. Tú decides dónde cantar, cuándo y para quién. Esa es la esencia”, asegura.
Además, este formato ofrece algo que el concurso ha ido perdiendo con el paso del tiempo, como es la frescura. “Hoy en día el repertorio de concurso se quema muy rápido por las redes sociales. En la calle, en cambio, la gente te escucha porque no lo ha oído antes”, explica.
Esa novedad genera un interés especial en el público, incluso entre los propios aficionados. “Cuando cantas en la calle, la gente se queda escuchando porque es algo nuevo para ellos”, destaca.
Aun así, Javi Tejada reconoce que todavía existe cierta falta de cultura de carnaval de calle en la ciudad. “Hay poca cultura de calle y eso hace que a veces cueste más, pero cuando la gente lo descubre, responde”, comenta. “Tú te paras a cantar en una terraza y, a veces, el propietario del local no te mira con buena cara. Cuando al cabo de un rato ve que hay treinta personas en la puerta de su local, es cuando se convence de que eso le viene bien a su negocio”, relata, evidenciando el potencial del carnaval como instrumento de entretenimiento para el empresariado.
Entre tanto debate, el carnaval de calle en Huelva sigue buscando su sitio, entre la tradición del teatro y la necesidad de mantener la esencia más popular de la fiesta. Como el mismo Tejada resume, “el carnaval es para divertirse, y la calle es donde esa diversión se vive de la forma más pura”.








