Alejandro Conquero (Huelva, 1994) es uno de los tres matadores de toros en activo que atesora la provincia de Huelva, un diestro que rebosa juventud, ambición por conquistar los corazones de los aficionados y buen hacer en el ruedo.
Tomó la alternativa en la Plaza de Toros de La Merced en el verano de 2022, arropado por José María Manzanares como padrino y Roca Rey como testigo, y aquella tarde le sirvió para sentirse por primera vez matador de toros ante su gente y para dejar claro cuál es su sello. Conquero cortó dos orejas en una tarde que él mismo cataloga como la mejor de su vida.
Pero el camino del torero siempre trae obstáculos que superar y la vida golpeó a Alejandro en un pilar fundamental de su trayectoria personal y profesional. El fallecimiento repentino de su padre, Pepe Conquero, en pleno viaje taurino por Perú durante la temporada, ha condicionado la progresión del torero onubense. La pérdida provocó un parón emocional y profesional difícil de medir, y lo obligó a reconstruirse por dentro y por fuera.
Hoy, Alejandro prepara su regreso con entrenamiento diario, mucho campo y horas junto a los animales, buscando de nuevo su sitio en una tauromaquia en la que abrirse hueco cuesta más que nunca.
Alejandro, estás preparando tu vuelta a los ruedos. ¿Cómo es tu día a día en este momento?
En este momento estoy retomando los entrenamientos de una manera más exigente, para lograr estar al cien por cien físicamente, pero también mentalmente, ya que en esta profesión esa parte es fundamental en nuestra preparación.
Me levanto muy temprano, sobre las siete, y tengo mis rutinas establecidas. Hago unos veinte minutos de meditación, luego veinte minutos de salto a la comba o yoga, para después dedicar un rato a la lectura y prepararme para el día. Más tarde atiendo a los animales y realizo algunas tareas en la finca, antes de ir al gimnasio.
Por la tarde entreno con el capote, la muleta y el entrar a matar, alternando según el momento de la temporada y según cómo me encuentre físicamente. Ese es mi día a día, en el que intento combinar el entrenamiento con momentos de calma.
Hablar de lo sucedido el año pasado en Perú es muy duro. ¿Cómo fue ese momento y cómo han sido los meses posteriores?
Fue algo muy repentino y muy chocante. Nadie se lo esperaba. Mi padre era una persona muy sana, no tenía malos hábitos y se encontraba bien de salud. Pasó de repente. Además, nos pilló fuera de España, en Perú, y eso lo hace todo mucho más difícil, porque estábamos allí para torear y cerrar proyectos relacionados con mi carrera profesional.
Ha sido una situación que ha requerido mucho trabajo de aceptación y entereza para retomar el toreo. No puedo dejar de aprovechar la oportunidad para agradecer a la familia Rojas su apoyo en aquellas circunstancias tan complejas. Me trataron como a un hijo y me ayudaron con todo lo que estuvo en su mano. Algunos procesos fueron largos y complicados, pero nunca estuve solo.
¿Qué papel tenía tu padre en tu carrera profesional como torero?
Mi padre era aficionado al toro desde siempre. Fue novillero con picadores hasta que un accidente lo alejó de los ruedos. Todo el mundo me dice que era muy valiente y con mucha capacidad (Alejandro esboza una sonrisa al recordarlo).
En mis inicios fue mi guía. Yo, de chico, no era de esos niños que sueñan con ser toreros. Un día mi padre iba al campo con el maestro Emilio Silvera y me dijo: ‘¿te quieres venir?’. Fui. Y ahí me puse por primera vez delante de una becerra. Esa sensación me cautivó tanto que dije: ‘yo quiero ser torero’.
A partir de ahí, mi padre fue quien me introdujo en este mundo, me dio a conocer a sus contactos y me abrió muchas puertas, como la de Emilio. En el día a día era muy crítico y exigente. No me regalaba los oídos y, cuando lo hacía bien, me decía: ‘Este es el camino hijo’ o ‘por ahí vamos bien, pero hay que apretar’. Además, hacía la labor de apoderado y siempre estuvo a mi lado.

Con el nuevo año te vemos con energía renovada y con ganas de volver a los ruedos lo antes posible. ¿No es así?
Por supuesto. No ha sido fácil recomponerse, pero ahora me siento fuerte en todos los sentidos y con muchas ganas de volver a ofrecer grandes tardes a la afición. Tengo proyectos en marcha en Latinoamérica, aunque mi principal objetivo y mi deseo es torear pronto en España.
Soy consciente de que no siempre es fácil entrar en una feria. Antes, los toreros que no entraban en los carteles grandes tenían los pueblos, pero hoy los espectáculos taurinos en esas plazas no siempre son rentables y cada vez hay menos festejos. Mientras tanto, sigo trabajando para cerrar fechas en Perú, que para mí es un escenario ideal, y en otros países con gran afición, como México.
Como torero, ¿qué crees que puedes aportar desde el albero al público?
Soy un torero que no repite una faena dos veces, y creo que esa es una de mis principales virtudes. Soy mucho de momentos, de inspiración. Un torero de gusto, de verdad y de entrega. Intento torear con sentimiento, con verdad y con gusto. Ese es mi sello.
Algunos aficionados y entendidos hablan de ti como un “torero creativo”. ¿Te identificas con esa definición?
Cada toro es distinto, se mueve de una forma diferente, incluso dentro de la misma ganadería. Yo me dejo llevar por lo que me sale de dentro en ese momento y me gusta entregarme a la energía de ese instante. Puedo cambiar muchísimo de una faena a otra; de un toro a otro puedo ser dos toreros distintos. En ese sentido, sí creo que soy creativo.
¿Cuáles son tus referentes en el mundo del toro?
Hay varios toreros que me sirven como espejo, como Morante de la Puebla, Juan Ortega o Pablo Aguado, y también otros que no tienen tanto nombre, incluso amigos, como Lama de Góngora. Me llama mucho la atención Mario Diéguez.
Admiro a maestros como Roca Rey por el valor y por lo que es capaz de hacer en el ruedo, pero a mí lo que más me emociona es la maestría de toreros como Rafael de Paula o Curro Romero, los toreros artistas. Esa es mi forma de entender el toreo.
En Huelva, ¿cómo ves la afición y el momento taurino actual?
La afición en Huelva está muy viva y tener a una figura del toreo como David de Miranda es un motivo para que la tauromaquia en la provincia esté al alza.
Además, hacía tiempo que Huelva no tenía a tres matadores de toros en activo, como ocurre ahora con David de Miranda, Emilio Silvera y un servidor. Creo que eso es una oportunidad para potenciar los toros en Huelva.
¿De qué manera se podría hacer?
Apostando por los toreros de la tierra. Antes se montaban carteles con toreros de Huelva y hoy eso no pasa. Emilio y yo tomamos la alternativa dejando buenas tardes de toros. Yo mismo toreé en La Merced y salí triunfador la tarde de mi alternativa, pero después de varios años y a pesar de insistir, no he vuelto a tener esa oportunidad.
En la Pinzoniana de Palos de la Frontera, en 2023, torearon los tres matadores onubenses y fue una tarde muy interesante. Es una pena que no se haya repetido.
¿Qué le dirías al aficionado onubense que quiere verte en Colombinas?
Que tengo muchas ganas de mostrar aquello que pude mostrar la tarde de mi alternativa: un toreo más artístico, con valor, con técnica y con una forma distinta de interpretar. Es cierto que, a veces, hay que consagrarse en Madrid o Sevilla incluso para que te llamen en casa, porque salir con el respaldo del público en esas plazas te abre muchas puertas.
¿Sueñas con la puerta grande en Sevilla y en Madrid?
Cualquier torero sueña con salir a hombros en Sevilla y en Madrid. Sevilla es magia, pero con Madrid tengo una conexión especial. He toreado allí tres veces de novillero y siento algo muy intenso en el albero de Las Ventas. Un triunfo allí sería muy importante para mí.

Hablemos de tu alternativa. ¿Qué recuerdas de aquella tarde en La Merced?
La tarde más bonita de mi carrera. Un cartel de ensueño con José María Manzanares y Roca Rey. El maestro Manzanares estuvo muy pendiente de mí, ayudándome con palabras de aliento. El público estuvo entregado y con muchas ganas de verme triunfar.
El primer toro, de la ganadería de Aurora Algarra, tenía una calidad excepcional. Es mi ganadería preferida por la intensidad con la que embiste y la despaciosidad, algo muy difícil de encontrar en un toro. El animal se hizo daño y se cayó a mitad de faena, y tuve que esperar al último para mostrar mi toreo. El final de rodillas fue muy vibrante y la plaza respondió por completo. Fue una tarde muy especial.
Aquella tarde algunas crónicas hablaron de la “valentía de Alejandro Conquero”. ¿Te consideras un torero valiente?
Me considero un torero capaz de sobreponerme, más que un torero de valor seco. Quizás por eso también puedo parecer irregular, porque cambio mucho de registro. No soy un torero de aplicar siempre la misma técnica; las faenas no se dan siempre igual y hay que saber ser versátil.
Cambiando de tercio, tu pareja, María del Mar Santos, también es novillera. ¿Cómo es compartir profesión y vida con alguien que entiende ese mundo desde dentro?
Es un apoyo enorme, porque con ella tengo algo que no tienes con una pareja ajena a esto: la comprensión total de lo que vivimos. Compartimos ilusiones, miedos, triunfos y fracasos como si fueran de los dos.
Cuando ella torea, estoy yo más nervioso que ella, y cuando me toca a mí, es ella la que se pone más nerviosa. Además, hablamos mucho de lo que pasa en la plaza, de la técnica y de las sensaciones. En momentos complicados, como el del fallecimiento de mi padre, su apoyo ha sido incondicional.
Por último, ¿qué le pides a este 2026 que acaba de comenzar?
Le pido, sobre todo, salud y oportunidades. Salud para poder entrenar, estar fuerte mentalmente y volver a sentirme torero cada día, y oportunidades para mostrar lo que llevo dentro delante del toro.
Vengo de un año muy duro a nivel personal y ahora necesito continuidad y confianza. Me haría mucha ilusión volver a La Merced y que mi faena hable por mí. Si 2026 me permite volver al ruedo con regularidad, recuperar sensaciones y avanzar paso a paso, será un buen año. A partir de ahí, todo lo demás llegará solo.












