“Me sentiría feliz si mi novela puede servirle a alguien que esté pasando por un mal momento”

Hay etapas de la vida que no llegan haciendo ruido, sino abriéndose paso poco a poco de manera inevitable y profundamente natural. Para Manuel Ortega Rodríguez, esa nueva etapa tiene hoy forma de novela literaria, de búsqueda personal y también de regreso. Natural de Punta Umbría, miembro de una familia muy conocida en la localidad, ‘Los Rapaos’, el autor vive un momento de transición en el que la escritura se ha convertido en algo más que una inquietud creativa. Y es que la literatura es ahora un camino de conocimiento, de disfrute y de encuentro consigo mismo.

Su nueva obra, ‘El circo de la vida’, se presenta como un lugar “donde la magia de la sanación comienza”, un viaje ambientado en la Toscana que se desarrolla durante la Segunda Guerra mundial, “donde la oscuridad de la guerra se enfrenta al brillo de la esperanza y la alegría del circo”. En medio del conflicto, un circo sirve de escenario para una historia de emociones, heridas y esperanza.

A través de sus personajes, Manuel Ortega aborda temas como la soledad, el duelo, la pérdida, la ruptura y la necesidad de sanar. Aunque no es un manual de autoayuda, la novela introduce reflexiones sobre el crecimiento personal y la resiliencia. El circo actúa como metáfora de la vida misma, es decir, un lugar de equilibrio, riesgo, belleza y caída.

A pesar de tener otros cinco libros publicados, Manuel se atreve con un género literario más exigente y nuevo en su bibliografía personal, como es la novela. Como reconoce él mismo, “no se trata solo de publicar, sino de abrir una faceta nueva en un momento muy concreto de mi vida”.

 

La literatura como una experiencia de crecimiento personal

“No pensaba que ese mundo se iba a abrir en mi vida”, reconoce Manuel Ortega al hablar de su aventura personal con la novela. Y ahí es donde está la magia de la literatura, apareciendo como una puerta que se abre en plena transformación vital. “La vida te manda señales y hay que saber también interpretarlas”, afirma. En su caso, esas señales lo empujaron a explorar un género que hasta hace poco no había transitado y que hoy ocupa un lugar central en su día a día.

La historia personal de Manuel también ayuda a entender ese movimiento. Es el mayor de cuatro hermanos y forma parte de una familia muy unida, profundamente arraigada a Punta Umbría. “El vínculo con la familia es muy importante”, explica. “Somos una piña en todo y eso marca tu forma de vida”. Esa idea del sostén afectivo, del refugio y de la cercanía, atraviesa también su manera de mirar la vida y, de algún modo, la literatura que hoy cultiva.

Su trayectoria profesional no ha sido lineal, sino profundamente reveladora. Estudió auxiliar de enfermería, pero pronto sintió que aquel camino no respondía del todo a su naturaleza. “Vi que era un palo que no me llenaba del todo”, cuenta. Después estudió Diseño Gráfico, una disciplina mucho más próxima a su sensibilidad. “Soy una persona muy creativa”, dice sin rodeos. Y esa creatividad la ha desarrollado en diferentes facetas, como el diseño gráfico, la pintura y, ahora, la literatura. De hecho, El circo de la vida también lleva su sello visual. “Yo mismo he maquetado el libro, he diseñado la portada y he procurado ser lo más autosuficiente posible en su edición”.

Ese reconocido perfil creativo ha continuado evolucionando con esta nueva faceta con la que ha continuado agudizando sus capacidades. “Tengo mucha inteligencia espacial. Veo las cosas antes de construirlas”, explica. Y esa forma de imaginar antes de ejecutar parece estar muy presente también en su trabajo narrativo.

Manuel Ortega Rodríguez, autor de ‘El Circo de la Vida’

La ficción como herramienta de aprendizaje

La novela, además, nace de la intención de contar una historia que entretenga, pero que también acompañe. “A través de una ficción lo que doy son consejos de autocrecimiento, de sanación, de la búsqueda de sanar tus heridas emocionales”, señala. Y reitera que “no es un manual de autoayuda, pero a través de esta ficción creo que entra mucho mejor cualquier aprendizaje”. El objetivo, en el fondo, es profundamente humano. “Si el libro pudiera servir… si le pudiera ayudar de alguna forma a alguien, que le sirviera de flotador donde agarrarse en un momento que lo esté pasando mal, pues me sentiría contento”.

Hay en sus palabras una manifiesta conciencia de que la escritura también le ha transformado a él. “La literatura es una terapia”, afirma. “Escribir es muy terapéutico”, confiesa desde la experiencia. Escribir le ha servido para investigar, aprender y ordenar emociones, pero también para descubrirse. “La escritura me está sirviendo para muchas cosas. Y luego para conocerme a mí mismo también”.

Ese proceso coincide, además, con otro regreso importante en su vida, como ha sido la vuelta a Punta Umbría. Tras 35 años viviendo en la provincia de Cádiz, volvió hace cinco años a su localidad natal. No había perdido nunca el vínculo, porque seguía volviendo a ver a sus padres, a sus hermanos y a su gente, pero volver a instalarse allí ha tenido un significado distinto. “Ahora he vuelto a disfrutar de mi pueblo”, dice. “Mi momento actual no es el mismo que en la época en la que me marché. No soy el mismo y Punta Umbría tampoco. En aquel tiempo demandaba una serie de cosas y ahora mi demanda de vida es diferente”.

En esa diferencia está, probablemente, el corazón de su momento actual. Más que perseguir grandes expectativas, Manuel Ortega parece decidido a vivir esta etapa con apertura y autenticidad. “Estoy con los brazos abiertos a lo que la vida nos brinde”, asegura. Y quizá su mejor definición llegue en una de sus frases más luminosas que comenta a lo largo de nuestra entrevista en la que asegura que “hay que ser más agua en el río, que roca del río”.

La vuelta también ha coincidido con la pérdida repentina de su primo Francisco Javier hace poco más de un año, un momento doloroso en el que la unión de todos los familiares está siendo un punto de apoyo fundamental para encajar el golpe.

En Manuel Ortega, la literatura no solo está aportando nuevos universos al lector, sino también abriendo un camino nuevo al propio autor. Un trayecto que está dando forma, también, a una manera distinta de habitar la vida.

 

 

 

 

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