En Corrales hay rostros que forman parte del día a día cotidiano de sus vecinos y visitantes, tanto que llegan a ser algo más que simples conocidos. . Personas que parecen vivir ancladas en la rutina, entre el ruido de platos y conversaciones en voz alta. Sin embargo, detrás de muchas de esas vidas aparentemente previsibles se esconden historias que transcurren lejos de la mirada habitual y en escenarios completamente distintos. La de Adrián Vaz Daza es una de ellas.
A sus 45 años, este trabajador de hostelería, vecino de Huelva y vinculado laboralmente a Corrales desde hace casi una década, ha encontrado en el trail mucho más que un deporte. Lo que comenzó como una simple curiosidad al observar a un grupo de corredores desde la cafetería donde trabaja, ha terminado convirtiéndose en una parte esencial de su semana vital y, en cierto modo, en un complemento imprescindible.

“Yo veía a la gente del CDA Corrales pasar corriendo y pensaba que estaban colgados”, recuerda con una sonrisa. “Con el frío que hace a las ocho de la mañana, todos corriendo… y ahora soy yo el que está ahí”, relata entre risas.
Aunque su vinculación actual con el trail pueda parecer reciente, lo cierto es que el deporte siempre ha estado presente en la vida de Adrián. Como tantos jóvenes de su generación, creció ligado al fútbol, una disciplina que marcó su infancia y juventud. “Yo siempre he jugado al fútbol desde pequeño. Estuve en las categorías inferiores del Recreativo de Huelva, en Amigos 80, en el Cruzeño y en el Olont… mi afición era el fútbol”.
Aquella etapa no solo estuvo marcada por la competición, sino también por una forma de entender el deporte muy ligada al entorno social de la época. “Antes lo que teníamos era la calle, donde jugábamos a la pelota o con la bicicleta. No había otra cosa. Te pasabas todo el día jugando”, rememora momentos de una infancia feliz.
Durante años, esa rutina fue constante, con partidos, entrenamientos, campeonatos y, sobre todo, relaciones que han perdurado en el tiempo. “El deporte me ha enseñado disciplina, compañerismo, deportividad y, sobre todo, me han traído a mi vida buenas las amistades. Al final, eso es lo que te llevas”, afirma.
Entre todos los recuerdos que guarda de aquella época, hay uno que destaca con especial intensidad, como fue el ascenso logrado con el Olont. “Eso lo viví muchísimo. Fue un momento muy bonito. Son cosas que no se olvidan”.

El paréntesis inevitable
Como ocurre en muchos casos, la llegada de la vida adulta trajo consigo un cambio de prioridades. El trabajo, la familia y las responsabilidades diarias fueron dejando cada vez menos espacio para la práctica deportiva. “Cuando formas una familia ya te queda menos tiempo para ti mismo y tus aficiones”, reconoce.
En su caso, además, el ámbito laboral exigía una dedicación intensa. Durante una etapa llegó a encargarse de la gestión completa de un negocio propio, lo que limitó aún más cualquier posibilidad de mantener una rutina deportiva. “Hubo años en los que no hacía nada…tenía el deporte muy abandonado”, comenta. Aquel parón fue prolongado y fueron “por lo menos seis años sin hacer deporte”, calcula.
Sin embargo, esa desconexión no supuso una ruptura definitiva. Más bien fue una pausa. Una de esas pausas que, con el tiempo, pueden dar lugar a un regreso inesperado.
El punto de inflexión llegó en un lugar tan cotidiano como su propio puesto de trabajo. Desde la cafetería en la que trabaja, Adrián comenzó a observar de manera recurrente a un grupo de corredores que se reunían semanalmente en la zona. “Los veía pasar todos los jueves”, explica. “Sabía que tenían una quedada fija y me llamaba la atención”.
Se trataba de los miembros del CDA Corrales que arrancaban sus carreras semanales desde Ibhola Trail Running, la tienda de Miguel Ángel Pereira que regenta a escasos metros de la cafetería nuevo Zazu, donde Adrián trabaja.
Al principio, la reacción era de incredulidad. “Yo decía: ‘esta gente está loca’. Con el frío, a esas horas… no lo entendía”. Pero la repetición de esa escena fue despertando su curiosidad. Hasta que, finalmente, alguien le propuso dar el paso. “Un día hablando con Miguel Ángel me dijo: ‘vente, que te va a gustar’. Y eso hice”.
Ese primer contacto marcó el inicio de un proceso progresivo. “Empecé poco a poco. Sin presión, sin objetivos. Simplemente saliendo. Al poco tiempo estaba ‘enganchado’ a esto de correr y me hice socio del club”. Corría el año 2019 por aquel entonces.
Desde su incorporación, el CDA Corrales ha tenido un peso determinante en su desarrollo como corredor. No solo en el plano deportivo, sino también en el personal. “Me aporta muchísimo estar en contacto con la gente del club. He conocido a muchas personas estupendas y siempre hay buen ambiente en el grupo”.
Lejos de una estructura competitiva, Adrián destaca el carácter humano del grupo. “Nunca he visto una discusión. Todo es muy sano”. Las quedadas semanales se han convertido en un elemento central de su rutina. “El jueves es el día grande para todos. Salimos todos los jueves del año a rodar juntos un buen grupo de amigos del club y lo disfrutamos mucho”.
Ese punto de encuentro, más allá del entrenamiento, funciona como un espacio de convivencia. “Al final es un grupo de gente que comparte lo mismo. Y eso se nota”. Para él, el club ha terminado siendo algo más que un lugar donde correr. “Somos mucho más que un club. Yo siento que es como una familia”, resume.

El deporte como equilibrio
Como cualquier deportista aficionado, Adrián busca esos momentos para disfrutar de su afición. Su día a día está marcado por el trabajo en hostelería, con largas jornadas y exigencias físicas constantes. “Yo hago muchas horas de pie, con la bandeja, moviéndome todo el tiempo y es un trabajo que cansa”, explica.
En ese contexto, encontrar tiempo para entrenar no siempre resulta sencillo. “Entreno cuando puedo y procuro adaptarme durante la semana, sin tener planes fijos”. Aun así, ha conseguido integrar el deporte en su vida. “Suelo entrenar entre tres y cuatro días, en los que también hago fuerza y monto en bici cuando el tiempo me lo permite. Los jueves salgo con el grupo a rodar”.
Lejos de suponer una carga, el deporte actúa como una terapia para canalizar el estrés y las pesadas jornadas laborales. “Para mí es mi vía de escape y noto muchísimo tanto cuando salgo a entrenar como cuando no lo hago. Si entreno, me siento con más energía y me sirve en mi día a día y en mi trabajo. ¡Hasta tengo mejor humor!”, afirma.
Y es que esa relación entre actividad física y bienestar se extiende también al plano mental. “Sales cansado, pero empiezas a correr y cambias. Cuando terminas, te encuentras mejor”, explica.
Uno de los aspectos que más destaca de su experiencia en el trail es el descubrimiento del entorno natural que le rodea. “Tenemos un paraíso a nuestro alrededor y mucha gente no lo sabe”, afirma refiriéndose a los parajes naturales de Aljaraque, Corrales y sus alrededores. La práctica deportiva le ha permitido conocer espacios que antes le resultaban completamente ajenos. “Yo en la marisma no me había metido en la vida y es un lugar impresionante”, reconoce. Ahora, sin embargo, forma parte de su rutina habitual.
Esa variedad de escenarios es, precisamente, uno de los elementos que más valora del trail frente a otras modalidades. “Pasas por ríos, por los pinares y ves animales durante la carrera… es otra historia. Tenemos una suerte increíble de vivir donde vivimos”. Y, aun así, siente que todavía le queda mucho por descubrir. “Siento que todavía hay muchos caminos por ahí fuera por descubrir. Así que hay que seguir corriendo por la provincia”.
Y dentro de la provincia ha vivido una experiencia reciente que le ha maravillado. Su participación en el trail de Sierra Abuela, en Villanueva de los Castillejos le ha dejado un gran sabor de boca tras meses preparándose para la ocasión. “Fue una maravilla. Tengo que confesar que iba con miedo porque no sabía si iba a lograr terminarlo. Me enfrenté al trail más largo que iba a realizar y el reto me imponía un poco”, manifiesta el corredor.
Su objetivo era terminarlo. “Yo no pensaba más que en eso, llegar a terminarlo. Con eso me conformaba”. Y el recorrido exigente puso a prueba su resistencia. “Subidas, bajadas… montaña todo el tiempo. Eso te castiga mucho las piernas”. Durante la carrera, la compañía resultó fundamental. “La corrí con un compañero, David Vázquez. Me ayudó muchísimo. Me fue guiando, marcando el ritmo”.
Gracias a ese apoyo, consiguió superar los momentos más complicados. “Pasamos todos los cortes y llegamos a meta”, recuerda. El resultado, más allá del tiempo, fue una sensación de logro personal. “Cruzar la meta fue todo un triunfo… eso me cuesta hasta explicarlo”.
Y tras Sierra Abuela, su agenda de compromisos continúa en los próximos meses con la 10k de Huelva, la Media Maratón de los Hoteles, en El Rompido o el Trail de Punta Umbría entre otros. Eso sí, su objetivo no es el de competir. “Yo voy a disfrutar con mis amigos y a terminar. Esa es mi meta”.
Y haciendo un repaso de las carreras de la provincia no se olvida de destacar el Trail Marismas de Corrales por su “increíble recorrido, magnífica organización y por ser una carrera muy diferente a las que se celebran en la provincia”.
Esa filosofía conecta con la esencia que encontró cuando empezó. Aquella que le llevó a dar el primer paso sin grandes expectativas.
La historia de Adrián Vaz Daza es, en el fondo, la de muchas personas que encuentran en el deporte una forma de reconectar consigo mismas. Una vía para equilibrar el ritmo de la vida diaria, para descubrir nuevos espacios y para formar parte de una comunidad.
De puertas afuera, seguirá siendo una de esas caras conocidas detrás de la barra. Alguien que forma parte del día a día de Corrales. Pero, cuando termina la jornada, comienza otra historia. Una que se escribe entre caminos, silencio y kilómetros. “Esto engancha”, dice, mientras prepara el dorsal para su próximo compromiso.
«Adrián es un ejemplo de constancia y humildad»
Adrián es de esas personas que dejan huella en cualquier grupo al que pertenecen. Por su carácter cercano, su predisposición constante a ayudar y su entusiasmo contagioso, siempre suma. Tiene una forma muy especial de entender la vida: positiva, comprometida y generosa, algo que se refleja tanto dentro como fuera del deporte. En el club, es un compañero que aporta más allá de lo deportivo, creando buen ambiente y empujando a los demás a mejorar.
Su disciplina y su amor por el deporte, especialmente por el running, le han llevado a dar pasos que hace no mucho parecían impensables. No hay que olvidar que, por sus circunstancias laborales, durante años tuvo muy poco margen para entrenar o plantearse retos exigentes. Sin embargo, lejos de conformarse, ha sabido reorganizar su vida, encontrar tiempo y marcarse objetivos ambiciosos.
Hoy, Adrián no solo participa en pruebas, sino que las conquista desde el esfuerzo, la constancia y la humildad, demostrando que con actitud y compromiso todo es posible.
Miguel Ángel Pereira, gerente de Ibhola Trail Running








