Ramón, Pepe, Luli, Mateo, Figueroa, Vizcaíno y «el Tito Miguel»: los amigos que habitan tras esa corriente de «Vivir es urgente»

Entre desayunos, caminatas y conversaciones sin prisa, este grupo de amigos ha construido una comunidad que invita a vivir el hoy con autenticidad, sin esperar a mañana para ser feliz
Tito Miguel con sus personas vitamina.

Hay ideas que nacen en una sala de reuniones y hay otras que nacen entre un café y una caminata por la playa.  «Vivir es urgente» pertenece claramente a las segundas. Es la filosofía —y hoy también la comunidad— que Miguel Ángel Acedo ha construido junto a su grupo de amigos más cercano, esos a los que él mismo llama, con cariño, sus «personas vitamina«: Ramón, Pepe Fuente, Luli, Mateo, Figueroa y Vizcaíno. Con ellos comparte desayunos casi a diario, caminatas por el campo o por la playa, y esas conversaciones largas y sin prisa de las que, sin buscarlo, acaban saliendo las cosas importantes. Fue en una de esas sobremesas donde surgió la idea: crear un espacio distinto, alejado del ruido, donde la gente pudiera compartir todo lo que venga a sumar.

Así nació «Vivir es urgente«, una comunidad que hoy tiene su propia página y su propio logotipo: una ola, que representa Sagres, uno de sus rincones favoritos en Portugal, y tres rayos de sol, que evocan los atardeceres de las playas de Punta Umbría, su otro gran amor geográfico. La filosofía del grupo se resume en una idea sencilla: vivir el hoy, con autenticidad, sin esperar una ocasión especial para hacer lo que uno realmente quiere. «No esperes una ocasión especial para ponerte tu camisa preferida, póntela hoy«, repite Miguel Ángel con alegría.

Miguel en Sagres mostrando su camiseta azul de «Vivir es urgente».

El proyecto empezó haciendo siete u ocho camisetas para ponérsela los amigos y ya suma más de doscientas, vendidas al coste y sin ánimo de lucro, solo por el gusto de que cada vez más gente se sienta parte de algo bonito.

Detrás de esta idea hay un hombre que ha aprendido a vivir.

Miguel Ángel Acedo, nacido en Aroche, aterrizó en Punta Umbría con doce años, y desde entonces ha ido construyendo una vida hecha de capas: la del entrenador, la del conserje querido por generaciones enteras de niños, la del hombre que un día tocó fondo y decidió, con la misma cabezonería con la que ha hecho todo lo demás, volver a subir.

En el fútbol, su etapa más reciente al frente del Punta Umbría empezó hace dos temporadas con un encargo nada sencillo: coger un equipo con dificultades y convertirlo en algo diferente. Lo consiguió con creces, logrando esta última campaña un ascenso de categoría del que habla con el orgullo tranquilo de quien sabe el trabajo que hay detrás. Tras el ascenso, y por diferencias con el presidente del club, este decidió no continuar contando con él la próxima temporada, algo que Miguel Ángel asume con la misma deportividad con la que ha encajado siempre los envites del banquillo.

Miguel en el campo de fútbol se siente en su salsa.

También ha hecho sus pinitos en política, formando parte de la lista del Partido Popular en las anteriores elecciones municipales, con la ilusión de aportar todo lo posible para engrandecer a su pueblo. Hoy sigue a disposición de Punta Umbría en ese sentido, porque las ganas de trabajar por mejorar la vida de su gente nunca han decaído.

Detrás de la serenidad que hoy transmite hay también una noche oscura que Miguel Ángel no esconde: una etapa de tristeza —sin que mediara ninguna adicción— que lo llevó a formar parte de Aro durante tres años, donde encontró una ayuda que él mismo considera fundamental en su proceso vital. Todavía hoy sigue acercándose de vez en cuando, procurando no perder el vínculo con la que ya siente como una segunda familia. Entre quienes le tendieron la mano en aquel proceso, menciona con especial cariño a Toñi Hermoso, y al resto de monitores que le ayudaron a encontrar de nuevo el rumbo. También le debe su reconstrucción a la familia al completo, al resto de usuarios que también desnudaron sus almas para compartir experiencia y crecer juntos. En Aro aprendió herramientas para afrontar los momentos difíciles que pueden aparecer en la vida, y también la lección de que la felicidad no está fuera, sino dentro de cada uno.

Hoy, Miguel Ángel Acedo —o «el Tito Miguel», como lo llaman en su puesto de conserje del colegio San Sebastián— es una de esas personas a las que el cariño de un pueblo entero parece perseguir por la calle. Los niños lo adoran, y cuando crecen y se convierten en adolescentes, muchos siguen acercándose a darle un abrazo y a decirle que fue durante muchos años su tito favorito.

Y quizá sea ahí, entre ese cariño del pueblo, las caminatas con sus «personas vitamina«, las jornadas de surf en Sagres y los atardeceres de Punta Umbría, donde mejor se entiende esa corriente que crece en nuestro pueblo y que nos lleva cada día a recordar que «Vivir es urgente«. Una comunidad que crece sin prisa pero sin pausa, con vídeos que ya acumulan miles de visualizaciones y camisetas que la gente viste con orgullo y alegría. Porque, como bien sabe Miguel Ángel, de mañana nadie tiene ninguna garantía. Lo único seguro es el hoy. Y el hoy, para él y para los suyos, se vive mejor en compañía, con los pies en la arena y la sonrisa puesta.

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