Román Marín: «¿Quién me iba a mí a decir que iba a dejar una cacería para ir a correr por el campo?”

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Román Marín, un onubense de 50 años, es el vivo ejemplo de que nunca es tarde para empezar de nuevo. Tras años de sedentarismo y problemas de salud, decidió transformar su vida a través del deporte. Cambió la caza por el trail running, disciplina en la que hoy compite con constancia y pasión. Su esfuerzo tuvo una recompensa especial: subir al podio por primera vez, en la exigente carrera Sierra Abuela.

Hay quienes cambian con el tiempo, quienes nunca cambian, incluso, quienes se resisten a cambiar. Román Marín Santos cambió a tiempo. Las casualidades no existen. Su historia demuestra que nunca es tarde para empezar y, especialmente, si el motivo es la salud, el equilibrio emocional y la dedicación hacia uno mismo y hacia los tuyos. A sus 50 años recién cumplidos, no solo ha sido testigo de su propia transformación, sino que la ha provocado con mucha determinación.

Este onubense es hoy un ejemplo vivo de que nunca es tarde para dar un giro radical, que el deporte no tiene edad y que correr puede ser mucho más que una actividad física, puede ser una vía de redención, un salvavidas emocional.

Román.

Desde los 13 años estoy en la peluquería. Dejé el colegio y me puse a trabajar con mi padre”, cuenta Román con naturalidad. Hoy, su negocio familiar, la Peluquería Marín, sigue en pie en la calle Río de la Plata de Huelva, donde representa la segunda generación. “Cuando mi padre se jubiló, la reformé por completo, le di un estilo más moderno y juvenil. Quise que siguiera siendo un referente, pero adaptado a los nuevos tiempos”.

Sin embargo, aunque la peluquería ha sido su vida, hubo un momento en el que su vida dejó de tener color. “Llegué a pesar 115 kilos. Me sentía sin fuerza, sin ánimo, con problemas físicos y mentales”, confiesa. La salud se resquebrajaba poco a poco, y los consejos médicos se dirigían hacia las pastillas. Pero Román lo tenía claro: no quería ese camino. Quería una solución real y duradera.

Fue entonces cuando un amigo médico le recomendó acudir a un terapeuta a tratar sus asuntos. “Estuve un año y medio con él. Me abrió los ojos. Me dijo: ‘Román, necesitas el deporte, es tu medicina’. Yo soy antipastillas total y la opción de usar el deporte como terapia, sí me convencía” Y empezó. Poco a poco.

Yo antes corría pero era el típico de ‘hoy llueve, no salgo’, o ‘mañana empiezo’. Pero me movía”, explica. Todo cambió hace dos años. Su mujer, compañera de instituto de Miguel Ángel Pereira de Ibhola Trail Running, le animó a hablar con él. Como miembro activo del CDA Corrales, no tardó en ver el potencial en Román. “Me dijo que tenía físico, que podía hacerlo. Pero que había que perder peso. Me puse en serio, y de 90 bajé a 75 kilos. Ahora entreno al menos 4 o 5 veces por semana, sin fallar. La verdad que la ayuda de Miguel Ángel ha sido extraordinaria. Me ha servido de inspiración y de ayuda. Siempre tiene un buen consejo para mí. Le debo mucho, mucho”.

Román se ha convertido en un habitual de las carreras por la sierra y el trail. Participa casi cada fin de semana: Sierra Abuela hace solo unos días, Morante, Villanueva de las Cruces, La Zarza …“Este año hice los 27 kilómetros de Sierra Abuela, con 1800 metros de desnivel. Algo que antes me parecía de locos”.

Su voz se quiebra al hablar de su primer podio: “Tercero en mi categoría. 50 años. Vigésimo en la general. Lloré. No por el trofeo, sino por todo lo que había dejado atrás. Subir ahí fue más que una medalla”.

La transformación no es solo física. “Tenía insomnio. Vivía con ansiedad. Ahora duermo de lujo. Me levanto con ganas. El deporte me ha devuelto la vida. Me ha dado salud mental. Cuando corro, me olvido de los problemas. Es como pulsar el botón de reiniciar”.

Además, el impacto familiar ha sido enorme. Su hijo menor, de 17 años, ha empezado a interesarse por el running. “Me pidió unas zapatillas. Quería correr conmigo. Salió solo, sin que yo le dijera nada. Dice que le encantó el ambiente. Sueño con hacer una carrera con él. Sería uno de los días más felices de mi vida”.

Incluso su mujer, María, ha comenzado a practicar senderismo. “Ella nunca me acompañaba a las cacerías. Ahora viene a todas las carreras. Y eso nos une como familia. Pasamos los domingos fuera, disfrutando de la naturaleza y compartiendo momentos de alegría y buen ambiente”.

Román en plena acción.

Su afición siempre estuvo en el campo, pero dentro del mundo de la caza. Sin embargo, reconoce que esa afición no la compartía con la familia, ni generaba hábitos muy saludables. “En las cacerías nunca venía mi mujer, es un ambiente diferente. Comía mucho, tomábamos nuestras cervezas, nuestras copas y prestaba poca atención a la salud. ¿quien me iba a decir a mí que iba a cambiar la cacería por el deporte?…eso era algo impensable hace unos años”.

Tal ha sido el cambio en sus preferencias, que se arrepiente de haber faltado a una entrañable cita deportiva de la provincia de Huelva. “Me perdí una carrera especial, la Sonrisa de Rafa, por ir a cazar. Aún me duele. Fue la última vez que prioricé la cacería. Ahora corro, y mi familia viene conmigo. Eso me llena más que cualquier trofeo”.

En el club ha encontrado un grupo humano excepcional. “Me federaron sin mover un papel. Me acogieron como uno más. Cuando llego a meta y veo a compañeros que apenas conozco, pero que me animan, me emociono. Me siento parte de algo. En la caza tengo muy buenos amigos y se alegran de mis logros en el mundo del running. Alguno se ha animado y ha comenzado a trotar para intentar completar alguna 10K”, comenta con orgullo.

Entrena cuatro o cinco días por semana, con sesiones que varían de los 10 a los 20 kilómetros. “El sábado hago la tirada larga en el pueblo. Y ya no bajo de los 10-12 km por entrenamiento. Antes eso me parecía impensable. Ahora me parece poco”.

Además del running, Román ha transformado su alimentación. “Antes, el fin de semana era chorizo a la brasa, cerveza, patatas… Ahora no. Como sano, hago cinco comidas al día, controlo el pan, el azúcar. Y me siento fuerte. Ya no me apetece lo de antes”.

Su próximo gran objetivo es la Maratón de Sevilla. “Sí, también me gusta el asfalto. Pero donde más disfruto es en la sierra. Allí soy yo. Estoy en mi medio natural”.

Y si algo quiere dejar claro es esto: “Es duro. No vamos a engañar a nadie. Correr, entrenar, cambiar de vida… cuesta. Pero el premio es espectacular. Te cambia por dentro y por fuera. Yo soy otro hombre. Y no cambio esto por nada”.

Entrenar en equipo es mucho más motivador.

La historia de Román es la de un hombre corriente con una voluntad extraordinaria. Es la prueba de que con decisión, apoyo y constancia, cualquier persona puede transformar su vida. A los 50 años, Román no está pensando en frenar. Está empezando.

El comentario de Miguel Ángel Pereira (Ibhola) sobre nuestro MVP:

Román es de esas personas que llegan sin experiencia previa en el trail o el running, pero que traen consigo una visión fresca que lo cambia todo. Su manera de entender el deporte, su energía, su ilusión… te sacuden. A los que llevamos años en esto, nos recuerda el por qué empezamos. Román no solo ha transformado su vida, también ha influido en la de quienes lo rodeamos. Nos exige, nos inspira, nos obliga a mirar el deporte desde otro ángulo. Personas como él no solo suman al equipo: lo elevan. Y eso, en este mundo, es un auténtico regalo”.

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