“ Me encomendé a Ella para ser madre y ahora voy a cumplir mi promesa llevando a mi pueblo a El Rocío”

Los botos engrasados, los trajes planchados y los accesorios preparados para cada ocasión: la cuenta atrás para la misa de romero está a punto de llegar a cero, y los rocieros ultiman hasta el último detalle antes de emprender el camino hacia El Rocío.

En medio de esta emoción, Sara León Rodríguez, hermana mayor de la Hermandad del Rocío de Palos de la Frontera, vive estos momentos con una serenidad especial, tras un año intenso de trabajo. Está a punto de cumplir uno de los sueños más personales y espirituales de su vida.

Su historia no es la de una rociera de cuna, sino la de una mujer que descubrió la devoción a la Virgen a través de la experiencia vivida, año tras año. “Siempre he sentido El Rocío. De pequeña veía salir a los peregrinos de Palos hacia la aldea y lloraba. Mis padres no eran rocieros, pero yo tenía eso dentro”, cuenta. Su conexión venía de generaciones anteriores: sus abuelos sí lo fueron, y las raíces terminaron echando fruto.

Fue hacia el año 2000 cuando hizo el camino por primera vez, junto a su marido. Desde entonces, salvo contadas excepciones, no ha faltado nunca a su cita con la Blanca Paloma. En su camino también hubo lugar para una promesa. Sara deseaba ser madre, pero la maternidad biológica no llegaba. “Me encomendé a la Virgen. Le pedí ser madre, fuera como fuera. Incluso me enfadé con Ella”, recuerda. Le prometió que, llegara o no la maternidad, sería hermana mayor. Y la fortuna sonrió: su hija Carla, adoptada en Vietnam, llegó a sus vidas para convertirse también en una rociera más.

Llevo muchos años esperando este momento. Se retrasó por el COVID, pero este año, la Virgen ha querido que lo cumpla”, dice con emoción. Su vínculo con la hermandad va más allá del fervor: lleva años como parte activa de la directiva, colaborando con diferentes presidentes, entregando su tiempo y su corazón. Su marido, Juan Carlos, es alcalde de carretas y ha estado siempre ligado a la hermandad.

Sara y Juan Carlos, unidos también por el Rocío.
Juan Carlos, Carla y Sara en uno de los actos en El Rocío.
Imágenes como hermana mayor que quedarán para el recuerdo para Sara.

Este año, como hermana mayor, ha sido especialmente exigente. Sara ha intentado estar presente en las peregrinaciones, viviendo  momentos muy especiales para ella y reforzando la unión con rocieros de otros pueblos hermanos. “Hemos vivido momentos preciosos con los hermanos mayores de Huelva”, afirma. «Uno de los actos más emotivos fue con la Hermandad del Rocío de Valencia, durante su misa oficial, presidida por el obispo de Huelva, Monseñor Santiago Gómez Sierra«. Un acto cargado de gratitud del pueblo valenciano por el apoyo recibido tras la tragedia de la DANA.

También destaca el Rosario extraordinario en la ermita, con todas las hermandades presentes, y el Vía Crucis desde Almonte. “Es difícil expresar lo vivido. Ver todos los simpecados juntos, portar la cruz por los caminos… son sensaciones que llevaré siempre conmigo. Ha sido precioso”, confiesa.

A nivel local, ha vivido momentos especiales como el espectáculo benéfico ‘Tierra de Caballos’, del poeta José León, celebrado en la plaza de toros de Palos. “Fue mi primer acto y asistieron dos mil personas. Casi me muero de la impresión”, ríe.

Las peregrinaciones de los rocieros de Palos de la Frontera han dejado momentos muy especiales también para ella. “En septiembre peregrinamos a pie hasta la aldea y viví una experiencia muy        emocionante. Ver a los vecinos de mi pueblo llegar a pie y cumplir sus promesas a pesar de lo duro que se hace algunos casos llegar, es difícil de expresar. Me fundí en besos para todos ellos, porque me salía del alma”, revela entre risas y emoción. También la peregrinación oficial de Palos de la frontera en El Rocío dejó sensaciones grabadas a fuego. “En diciembre tuvimos la misa oficial y cuando llegue con el Simpecado a sus plantas, casi no podía tenerme en pie. Me temblaban las piernas como jamás había vivido en mi vida”.

A pocos días de iniciar el camino, se muestra serena. “He pasado muchos nervios con los preparativos, el pregón, el traje… pero ahora estoy tranquila”, afirma. Le preocupa que todo transcurra bien y que todos regresen sanos. Este año, la presentación de la hermandad cambia de ubicación, cerca de la Hermandad de Sevilla. Aún no saben si será más cómodo, pero confían en una mejor organización. Además, la misa del domingo se celebrará frente a las marismas, por ser Año Jubilar, lo que promete un momento muy especial.

Durante su mandato ha impulsado la rehabilitación estructural de la casa de hermandad en El Rocío. Otras mejoras quedarán para el futuro, pero ella continuará colaborando desde la directiva. “Los proyectos son a largo plazo. Hay que seguir trabajando para crecer y mejorar lo que podamos”, señala.

Le gustaría ser recordada por el ambiente vivido, la unión generada y el espíritu de comunidad. “Que se vea cuánta gente se ha volcado, y que lo hemos pasado bien”, desea. Agradece a todo su pueblo, a su familia, a su directiva y, por encima de todo, a su marido: “Sin él, esto no habría sido posible”.

Sara no pide a la Virgen. Ella da gracias. “Le agradeceré haberme permitido cumplir mi promesa. Y a seguir sumando, como dice mi hija”.

 

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