«Mi padre es el fundador de Talleres Periañez y para él es el reconocimiento de la Medalla de Oro que nos otorga el Ayuntamiento»

El esfuerzo y el sacrificio por sacar adelante a la familia, a veces llega a convertirse en un reto con el que las personas logran también prestar ayuda a sus propios vecinos. Y esas experiencias terminan convirtiéndose en parte de la historia de un pueblo. Talleres Periañez López es un ejemplo de hasta dónde un negocio familiar puede llegar a entablar un vínculo afectivo con el lugar donde se ubica y con su gente.

Es por eso que el Ayuntamiento de Palos de la Frontera ha decidido reconocer su trayectoria con la Medalla de Oro de la Villa, un galardón que pone en valor décadas de trabajo, innovación y compromiso con el sector agrícola de la provincia.

Detrás de este nombre hay una historia que se remonta a 1950, cuando Jorge Periañez Venegas fundó un pequeño taller junto a la iglesia del municipio. “Nosotros teníamos el taller junto a la casa del cura, allí en la puerta de la iglesia”, recuerda su hijo, Jorge Periañez López, actual gerente de la empresa.

Aquel primer negocio combinaba trabajos diversos, desde arreglos hasta maquinaria vinculada tanto al campo como a otros sectores. “Mi padre hacía trabajo para el campo, aparte de otras cosas”, explica. Con el tiempo, ese pequeño taller fue creciendo hasta trasladarse al polígono industrial, donde continúa su actividad hoy en día, ampliado además con nuevas instalaciones. “Después nos pasamos al polígono, donde ahora estamos, aunque también hemos logrado tener otros espacios más amplios y terrenos para que la empresa siga creciendo”, señala.

La verdadera transformación de la empresa llega con la incorporación de Jorge Periañez López. Su historia dentro del negocio familiar comienza muy pronto. “Yo empecé a trabajar con mi padre con 14 años y cuando cumplí los 18 me hice cargo del negocio”, cuenta. Desde entonces, su vida ha estado completamente ligada al taller. “Le he dedicado toda mi vida al negocio”, afirma sin rodeos.

Imagen de una de las instalaciones de la empresa Talleres Periañez López

Una evolución en la empresa

Con la mayoría de edad asumió las responsabilidades de la empresa y comenzó a imprimir su propio carácter a esta. Es en ese momento cuando Talleres Periañez empieza a evolucionar desde un taller de reparación hacia un fabricante especializado. “Ya nosotros reparamos y hacíamos algunas cosas para el campo. Pero cuando yo tomé las riendas me enfoqué más en la fabricación para el mundo agrícola”, resume.

Ese paso marca un antes y un después. La empresa se centra progresivamente en el sector agrícola, diseñando soluciones específicas para las necesidades del campo onubense. “Estamos dedicados mayormente al campo y mientras que se mueva bien este sector, nosotros seguiremos dando servicios para los empresarios del campo”, afirma Jorge.

Entre sus desarrollos destacan máquinas adaptadas a cultivos como la fresa, uno de los pilares económicos de la provincia. “Fabricamos las máquinas de hacer el lomo para las fresas, la que arranca la planta cuando termina y la muele… hacemos de todo”, explica. Pero su filosofía no es solo la de fabricar, sino la de resolver problemas concretos. “Cuando nadie sabe hacer una máquina, yo le doy vueltas y la fabrico”, asegura.

Ese espíritu creativo tiene raíces familiares. “Mi padre era muy emprendedor”, recuerda Jorge, quien reconoce haber heredado esa inquietud por innovar y buscar soluciones.

A lo largo de estos años, Talleres Periañez López se ha convertido en un apoyo fundamental para numerosos agricultores. “La gente de la provincia me quiere mucho porque le soluciono muchos problemas”, afirma. Y es que su trabajo no se limita a fabricar maquinaria, sino a dar respuesta inmediata a las necesidades del campo. “Vienen con problemas de rotura y nosotros se los solucionamos”, añade.

El crecimiento de la empresa también se refleja en sus instalaciones y estructura. “Tenemos una cuadrilla en la nave nueva y otra en la nave vieja”, explica. Además, el negocio da empleo directo a varias familias y sirve como lugar de formación para jóvenes. “Vienen chavales de las escuelas de Huelva y de Moguer a hacer prácticas”, señala.

Jorge Periañez Venegas, el fundador de la empresa, junto a su hijo Jorge Periañez López, actual gerente

La continuidad de la empresa

Como en muchas empresas familiares, el relevo generacional ya está en marcha. Sus hijos forman parte activa del proyecto. “Tengo a mis hijos varones, Jorge y Domingo, conmigo en la empresa”, comenta con orgullo, mientras se acuerda de su hija, que ha decidido emprender su propio camino laboral. “No hay que decirles nada, ellos llegan y preguntan qué vamos a hacer hoy y se ponen”, explica.

Para Jorge, contar con ellos es una tranquilidad de cara al futuro. “Ellos van a seguir con el negocio”, afirma. Mientras tanto, continúan incorporando nuevas tecnologías que mejoran la productividad. “Eso es impresionante, lo hace en un día lo que antes hacían diez personas”, comenta.

La empresa también ha desarrollado soluciones habitacionales para trabajadores temporeros. “Hemos hecho cerca de 60 módulos para alojar a los temporeros que vienen a trabajar en el campo y todo de acuerdo con la normativa de habitabilidad”, explica.

Detrás de todo este recorrido también hay un pilar fundamental. Su mujer, Manoli, ha estado implicada desde el inicio. “Llevamos casi 40 años casados”, comenta, recordando los sacrificios de los primeros años. “Empezamos comprando la nave con mucho esfuerzo, sin saber cómo íbamos a salir adelante”.

Después de toda una vida dedicada al trabajo, Jorge empieza a pensar en la jubilación. “Tengo ganas de jubilarme. El cuerpo ya no puede con todo”, reconoce.

El reconocimiento del Ayuntamiento ha sido recibido con orgullo y emoción. “Mucha gente nos ha hablado”, comenta sobre la repercusión de la noticia. “Estamos muy contentos y orgullosos de que se hayan acordado de nosotros”.

Para él, este premio no es solo suyo. “El premio quiero dedicárselo primero a mi padre, después a todos los agricultores y a todo el pueblo”.

Una empresa que nació en un pequeño taller junto a una iglesia y que hoy, décadas después, sigue siendo un referente para el campo onubense. Un ejemplo de esfuerzo, adaptación y compromiso que ahora recibe el reconocimiento de todo un pueblo.

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