Punta Umbría se blinda ante la reciente jubilación de Juan Antonio Carrillo

Después de toda una vida trabajando entre la mar y la panadería El Delfín del Río, Carrillo inicia una nueva etapa. Sus amigos, en cambio, afrontan un reto mucho mayor: soportarlo jubilado

Por: Ana Hermida (con cariño y admiración)

Carrillo posando para la cámara poco antes de su jubilación.

Si Carrillo ha quedado a las dos, a las dos menos cinco ya está sembrando el caos.

Todavía no se ha sentado.

Ni ha pedido la bebida.

Ni ha saludado a todos.

Pero ya ha soltado la primera pulla…

Nada más entrar por la puerta, mira alrededor buscando una víctima, lanza una pregunta con apariencia de inocente y espera. Sabe perfectamente que alguno entrará al trapo.

Y entra.

Siempre entra.

A partir de ahí solo queda disfrutar del espectáculo. Carrillo enlaza una broma con otra, estira la conversación hasta el límite y consigue que alguno termine resoplando, protestando o amenazando con cambiarse de mesa. Alguna vez que otra, incluso se ha llevado algún ‘pescozón’.

Hay quien tarda en entender su humor. Incluso hay quien dice que “es un pelín borde”. No nos vamos a engañar…

Pero quienes tenemos la suerte de conocerlo sabemos que detrás de ese provocador nato se esconde un hombre de una bondad inmensa, generoso hasta el extremo y de una lealtad inquebrantable con los suyos.

Luego está el otro Carrillo. El que muy poca gente ve. El trabajador incansable que primero conoció la dureza de la mar y después pasó media vida madrugando en la panadería El Delfín del Río, levantándose cuando el resto del pueblo seguía durmiendo. Una vida de esfuerzo silencioso que hoy merece mucho más que una jubilación: merece el reconocimiento de todos los que lo queremos.

Porque los que queremos a Carrillo, no lo queremos de cualquier manera, lo queremos ‘a rabiar’.

Nos encanta de él su enorme capacidad para disfrutar de la vida, su carácter enérgico y ese pie siempre adelantado, listo para salir corriendo en cuanto alguien pronuncia la palabra mágica: “¿Vamos?”. Le apasiona la naturaleza, una buena mesa, las conversaciones sin reloj y, por encima de todo, la amistad sincera, de esa que no entiende de intereses ni de medias tintas.

Querido Carrillo, tus amigos de la Peña Gastronómica solo podemos desearte una cosa: que disfrutes de esta nueva etapa con la misma intensidad con la que has disfrutado de todas las anteriores. Aunque, siendo sinceros, tus amigos tenemos un pequeño gran temor. Ahora vas a disponer de 24 horas al día para hacer lo que mejor se te da: Sacarnos de quicio y hacer que la sangre nos circule por las venas a más de 200 kms /h.

¡Feliz jubilación, Carrillo! Gracias por tantas risas, por tanta amistad y por demostrar que una buena sobremesa siempre empieza cuando tú llegas.
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