El fuego de Raboconejo es el mayor de la provincia desde 2020, pero la señal de alarma real estaba en Lucena del Puerto, con ocho incendios desde febrero y sospechas de intencionalidad
Cuatro mil hectáreas dentro de un perímetro todavía sin cerrar, 467 vecinos fuera de sus casas y cuatro carreteras cortadas. El incendio declarado el jueves en el paraje de Raboconejo, en Niebla, es el más grave que sufre Huelva desde Almonaster la Real, que en 2020 calcinó unas 15.000 hectáreas. Pero el dato que de verdad explica este verano onubense no está en Niebla.
Está en Lucena del Puerto. Desde el 21 de julio se han producido allí cinco incendios, ocho en total desde febrero, casi siempre en parajes vecinos. El alcalde, Álvaro Regidor, señaló públicamente sus sospechas de que fueran intencionados: «suelen ser siempre en el mismo paraje y más o menos a la misma hora». Ninguno de ellos fue grande. Ninguno abrió un informativo nacional. Y ahí está exactamente el problema: la provincia llevaba semanas encendiendo cerillas pequeñas antes de que una prendiera de verdad.
El terreno hace el resto. El 78 % de la superficie de Huelva es forestal —792.527 hectáreas de 1.012.800— y es la provincia más forestal de Andalucía. En Niebla arde justo el mosaico que define ese paisaje: eucaliptal, pinar y dehesa, un combustible continuo que, cuando el viento cambia de dirección cada pocas horas, convierte cualquier estrategia de ataque en papel mojado. No es mala suerte: es la estructura del territorio.
Conviene además leer bien las cifras que circulan. Las 4.000 hectáreas de Niebla son perímetro, no superficie arrasada: las propias autoridades han precisado que lo que queda dentro de ese perímetro no ha ardido necesariamente. Tampoco es lo mismo consolidar una parte del contorno que tener el fuego estabilizado, controlado o extinguido. Son cuatro estados distintos, y este domingo Niebla aún no ha alcanzado el primero.
La memoria pesa más que las estadísticas. Entre las aldeas desalojadas estos días figura el municipio de Berrocal. El mismo Berrocal que en 2004 fue la zona cero del mayor incendio que ha vivido esta tierra: 34.000 hectáreas en trece pueblos de Huelva y Sevilla, dos personas muertas dentro de su coche y un alcornocal que era el sustento del pueblo. Después llegaron Las Peñuelas, en Moguer, que en 2017 arrasó más de 10.340 hectáreas y golpeó de lleno a Doñana, y Almonaster en 2020. Cada seis o siete años, Huelva paga la misma factura.
Lo que estos días sí ha funcionado es el operativo: más de 500 efectivos, hasta 27 aeronaves, UME, bomberos del Consorcio Provincial, Guardia Civil y Protección Civil trabajando sobre un incendio que la propia dirección calificó de extrema complejidad. Pero un incendio se apaga en agosto y se gana en enero. Se gana con desbroces, con caminos transitables, con ganadería extensiva comiéndose el matorral, con montes que tengan dueño y aprovechamiento, y con gente viviendo en las aldeas. Todo eso no da titulares en verano.
Niebla se apagará. La pregunta es si en octubre, cuando se retiren los hidroaviones y las cámaras, alguien seguirá hablando de las ocho veces que ardió Lucena del Puerto sin que pasara nada. Porque el próximo gran incendio de la provincia ya se está preparando ahora, y no lo hace con llamas.









