
“Aquel olor a trementina y el ambiente cultural que se respiraba en la academia, me abrió un mundo nuevo. Aquel era mi mundo”
Cuando cayeron en sus manos aquellos primeros cómics de la editorial Bruguera que, en los años 70 y 80, servían para dar rienda suelta a la imaginación de los niños, Laureano González Cortés comenzaba a dar forma a su pasión por el arte. Previamente, don Eladio Escribano lo animaba en















