“A mi me gusta que la gente se sienta como en su casa cuando vienen a Sport Tavern, por eso yo lo doy todo”

Por: J.L. Galloso

A Miguel Rodríguez Mohedano lo conocen todos en la Calle Ancha de Punta Umbría como ‘El Tito’. Su carisma, su risa canalla y su capacidad para hacer sentir a cualquier cliente como en casa lo han convertido en un personaje querido, casi imprescindible, en la vida nocturna de este rincón costero. Desde hace años, regenta Sport Tavern, uno de los pocos bares que resiste con las luces encendidas durante todo el año en una zona donde la mayoría baja la persiana al terminar el verano.

Miguel es sevillano, pero Punta Umbría es, desde hace 35 años, su verdadero hogar. “Compré el local y me quedé aquí trabajando. Antes estuve trabajando en una empresa de hielo con Juan Carlos Núñez, pero me vine a la calle Ancha y aquí sigo, al pie del cañón”, cuenta con orgullo mientras se acomoda tras la barra de su bar, el primer pub irlandés que se abrió en el pueblo y que él heredó de sus anteriores dueños.

Más que un empresario, El Tito es un anfitrión. Su local es un lugar de encuentro intergeneracional donde su clientela, de Huelva, Sevilla, Badajoz o Madrid, se mezcla como en un salón familiar. “Aquí se sienten como en sus casas. Eso es lo que me importa, que estén a gusto, que se relajen, que disfruten. Yo lo doy todo”, dice. Y esa entrega se nota. Lo demuestran las caras conocidas que repiten año tras año, incluso en los meses fríos cuando Punta Umbría parece dormida.

la terraza del Sport Tavern una noche cualquiera de verano.
El Tito y sus compañeros dispuestos a recibir a su clientela con una gran sonrisa.

Abrir todo el año no es fácil. Es un sacrificio, dice, pero uno que vale la pena. “Nosotros abrimos a las 12 de la mañana, cerramos a las 3, volvemos a abrir a las 6 de la tarde y hasta las 2 de la mañana. Son muchas horas, pero merece la pena. Hay que trabajar duro para mantener esto abierto, y más cuando la mayoría solo abre en verano”.

En octubre, tras la temporada alta, Miguel se toma un pequeño descanso de 15 días. Pero antes de cerrar, organiza una gran paellada para 300 personas. “Invito a todos los clientes fieles que me han acompañado durante el año. Es mi manera de darles las gracias”, dice con una sonrisa.

La música es su otra pasión. No es raro verlo subirse a la cabina de DJ para pinchar esos temazos ochenteros que le hacen brillar los ojos. “Me encanta la música de los 80, tanto la nacional como la internacional. Esa época tenía algo especial. Cuando veo que el ambiente lo pide, no me lo pienso: me subo y pincho”.

Además de su implicación como empresario, Miguel también destaca por su responsabilidad social. En verano, su negocio genera varios puestos de trabajo para jóvenes. “Muchos chavales se sacan un dinero para costearse sus estudios durante el invierno. A veces se nos olvida que los empresarios también creamos empleo y ayudamos a muchas familias”, afirma.

No todo es alegría, claro. Miguel reconoce que hay dificultades que enfrentan los hosteleros en su día a día. “La noche ha cambiado mucho, especialmente por las restricciones horarias. La gente cena tarde y estamos muy limitados para dar un servicio en estos meses de verano. Pero esto es así y también hay que saber adaptarse”, afirma.

También habla de las necesidades turísticas de la localidad; “necesitamos ampliar las zonas de aparcamiento para que nos visiten más turistas…vivimos en un paraíso y tenemos que saber venderlo, ofreciendo servicios de calidad, que los tenemos, y mejorando los que tenemos. Punta Umbría es única”.

A pesar de todo, su amor por Punta Umbría y por su gente no flaquea. “Este pueblo me lo ha dado todo. Aquí he criado a mis hijas, he hecho mi vida y tengo mi clientela, que ya son familia. Y mientras pueda, seguiré aquí, dando guerra y poniendo música de los 80”.

Miguel, El Tito, no solo sirve copas, sino que construye comunidad. Su negocio no es solo un bar, es un refugio abierto todo el año, con luz propia en un rincón de la costa donde muchos bajan el ritmo cuando cae el calor. Mientras haya música y ganas, Miguel seguirá ahí, tras la barra o en la cabina, cuidando de su gente.

 

 

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