Un verano más, las familias de acogida en Palos de la Frontera han recibido a los niños saharauis procedentes del campamento de Tinduf con los brazos abiertos y la ilusión de disfrutar de un verano lleno de emociones.
Manoli Quintero y Antonio Cumbreras recibieron el pasado 2 de julio a Ibrahim, quien este año pasa su tercer verano consecutivo en su hogar, conviviendo con la familia y su hijo Hugo, de 10 años. Este será un verano muy especial, ya que se trata de su última temporada con la familia palermitana.
La historia de Manoli y Antonio como familia de acogida comenzó en un momento delicado de su vida. La muerte de su hijo Sergio, quien falleció de cáncer, y la de su hijo Víctor, que decidió acabar con su vida a los 15 años, dejaron profundas cicatrices en sus corazones. Manoli no solo tuvo que afrontar el dolor de estas pérdidas, sino también el vacío emocional que dejaron.
Fue entonces cuando, en una conversación casual con un hombre de la funeraria, surgió la idea de acoger a un niño saharaui. «Me preguntó si alguna vez había pensado en ayudar a un niño que lo necesitara, y la verdad, me sentía tan vacía que esa conversación me tocó profundamente«, cuenta Manoli. En ese momento, sintió que podía ayudar a otro niño a superar la adversidad, tal como otras personas la habían ayudado a ella en sus momentos más oscuros.
El destino de Ibrahim comenzó entonces a entrelazarse con el de Manoli. Desde el primer encuentro, cuando fue a recogerlo al aeropuerto, la conexión fue inmediata. Manoli recuerda ese día con una mezcla de emociones: «Lloré mucho, porque veía a un niño delgadito, mal vestido y con una mirada que reflejaba mucha incertidumbre. Al mismo tiempo, pensaba en lo afortunada que era de poder ayudarlo«.
Ibrahim, ahora de 10 años, se ha integrado perfectamente en la familia de Manoli, especialmente con Hugo, su hijo menor, quien también tiene la misma edad. A pesar de las diferencias culturales y de haber venido de entornos muy distintos, los dos han creado una conexión excepcional. «Nunca han discutido. Hugo lo ha aceptado como a un hermano, y la complicidad entre los dos es impresionante«, resalta Manoli.

Manoli es un claro ejemplo de que la acogida no solo se trata de dar, sino también de recibir. «Aunque estábamos pasando por un momento difícil, la presencia de Ibrahim nos ha unido y nos ha dado la oportunidad de compartir. Es una experiencia muy enriquecedora para toda la familia«, destaca. Además, aclara que «no se trata de querer cubrir la ausencia de mis hijos con la presencia de Ibrahim; son sentimientos diferentes«, y comparte con la conciencia de quien atraviesa un proceso de aceptación ante las adversidades. «La vida tiene más momentos difíciles que buenos, y hay que aprender a aceptarlos«, sentencia.
Su camino ha enseñado a Manoli que los procesos dolorosos, aunque imposibles de olvidar, pueden transformarse en oportunidades de crecimiento. A pesar de las heridas que dejaron las pérdidas de Sergio y Víctor, ella ha encontrado la manera de seguir adelante y ayudar a otros. «Yo pienso que, en memoria de mis hijos, debo hacer algo bueno. Ellos ya no están, pero tengo que seguir adelante. El sufrimiento forma parte de la vida, pero el amor y la ayuda mutua son lo que nos permite salir de él«, explica.
A través de su experiencia con Ibrahim, Manoli también ha aprendido a no hacer planes a largo plazo. «La vida me cambió en un segundo. Ahora vivo el día a día. No hago planes a largo plazo porque nunca se sabe lo que va a suceder«, reflexiona con una calma que solo el tiempo puede otorgar.
El impacto de acoger a un niño
La experiencia de Manoli ha cambiado su vida de manera significativa, pero también ha tenido un impacto profundo en Ibrahim. «Es muy agradecido. Él viene de un entorno en el que no tiene muchas oportunidades. Aquí, se ha integrado perfectamente y ha aprendido a colaborar en casa. También ha experimentado lo que es tener acceso a una mejor alimentación, ir al médico y hacer actividades como la natación, aunque es cierto que Ibrahim es un niño que se nota que está muy cuidado por su familia«, explica Manoli.
La integración es total con la familia e incluso se refiere a la madre de Manoli como su «abuela en España«. Este año, además, han ido de viaje y ha podido disfrutar de las virtudes de unas vacaciones en un hotel resort. «Su paso por el buffet fue curioso, pues preguntaba si podía volver a repetir y tomar toda la comida que quisiera. Son cosas que te hacen ver el contraste entre nuestros mundos. Ibrahim nos enseña a darnos cuenta de lo que tenemos en cada momento«, argumenta.

Además, «Ibrahim y Hugo se lo han pasado en grande participando en todas las actividades de animación del hotel. Ibrahim tiene una capacidad especial para hacer reír a los demás; tiene un gran sentido del humor. A veces es difícil regañarlo cuando necesita recordar las normas, porque rápidamente te hace reír«, describe Manoli.
Cuando Manoli se refiere a los próximos años, sabe que el tiempo con Ibrahim es limitado. Después de tres años de acogida, el niño regresará a su hogar en el Sahara. «Cuando Ibrahim se vaya, no me dará pena. Lo he visto crecer, se ha fortalecido, ha aprendido a disfrutar de su vida, y eso es lo mejor que le puede pasar«, afirma Manoli. A pesar de la cercanía que ha formado con él, sabe que su regreso a su familia en el Sahara es lo más saludable para él.

Manoli también se siente agradecida por la oportunidad de haber vivido esta experiencia. «Si hubiera más amor en el mundo, todo cambiaría. Un pequeño gesto puede mejorar la vida de una persona, y si todos ayudamos un poco, el mundo sería un lugar mejor«, dice con firmeza.
A pesar de los desafíos, Manoli anima a otras familias a que consideren la posibilidad de acoger a un niño. «No lo duden. Si tienen la oportunidad, no se arrepentirán. Ayudar a un niño es muy gratificante, no solo por lo que se les da, sino por lo que recibimos a cambio«, concluye.
Con su generosidad, coraje y amor, Manoli ha demostrado que, aunque la vida no siempre es fácil, siempre hay un camino para seguir adelante, y muchas veces ese camino pasa por tender la mano a quienes más lo necesitan.








