Loly R. Mateo es una auténtica enamorada de Punta Umbría y no hay más que escuchar la pasión con la que se refiere a la localidad para comprender que, en su interior, se está fraguando una relación entrañable. «Yo vine con nueve años con mi padre, pero fue ya de adulta cuando sentí la necesidad de tener algo aquí«, cuenta. Desde entonces, pasa buena parte del año en este enclave marinero, donde ha encontrado el escenario perfecto para dar rienda suelta a su vocación cultural.
Esta sevillana de Castilleja de la Cuesta, maestra y licenciada en Antropología Social y Cultural, ha dedicado su vida profesional a la Educación de Adultos, pero desde hace más de una década cultiva con disciplina diaria su pasión por la escritura. «Me jubilé hace tres años y desde entonces escribo y leo todos los días«, afirma. No es una declaración vacía. En 2015 publicó su primera novela, Hundir los pies en la vida, y desde entonces ha firmado cinco más, entre ellas su último trabajo, Señora maestra, diga algo (2025).

Punta Umbría ha sido, en palabras de Loly, «una ciudad fabulosa por su playa, por su gastronomía y, especialmente, por su gente”. Pero, además, nuestra protagonista ha encontrado un motivo para visitar Punta Umbría, participando en los actos de la agenda cultural. «He presentado tres libros en el Patio de las Letras, un espacio que me da la oportunidad de estar en contacto con otros escritores, participo en el ciclo de poesía que se realiza a finales de agosto en la ría y también en las fiestas populares. En definitiva, voy a todas las actividades que puedo«. Esta implicación ha favorecido un vínculo afectivo con el entorno y sus gentes. «He hecho muchas amistades aquí, compartimos teatro, exposiciones, tertulias…«, relata.


Uno de los momentos del calendario que Loly vive con especial emoción es la fiesta del Carmen. Este año se ha sumado a la procesión con verdadero fervor, siguiendo a la Virgen desde la barriada del Carmen hasta la playa, atravesando también la barriada del Rocío. «He acompañado a la Virgen desde el corazón del pueblo hasta que salió del agua en la playa. Es un acto que me conmueve«, cuenta. Para Loly, esta tradición no es solo un acto religioso, sino una muestra del alma popular de Punta Umbría:.»Ver cómo la gente se vuelca, cómo acompañan a la Virgen, cómo el pueblo se transforma en emoción… es algo que no se olvida«.
Su última novela, Señora maestra, diga algo, es una obra de ficción con tintes de realidad. En ella, la protagonista es una docente que lleva una doble vida y combina su rutina en las aulas, con una participación secreta en una organización internacional que gestiona conflictos. «Quise reflexionar sobre mi carrera docente, pero desde la ficción. No es una autobiografía, pero recoge muchas emociones y vivencias de mis años como maestra«, explica. La novela aborda también cuestiones de género, injusticias sociales y tensiones de poder. «Estoy muy contenta con la acogida que ha tenido. Mis antiguas alumnas ya la están leyendo«, comparte con satisfacción.
En septiembre comenzará la promoción oficial de Señora maestra, diga algo, con presentaciones previstas en Sevilla, Huelva, Castilleja y por supuesto, Punta Umbría, donde su vínculo con la cultura sigue creciendo. Porque como ella misma dice. «Este pueblo tiene mucha luz, pero sobre todo tiene mucha vida«.
Y Punta Umbría también está presente en su obra, con destellos locales a través de algunos de sus personajes. «Una mujer que se enamora de un pescador, una escena en la lonja, la explicación del mestizaje en la localidad… Siempre hay algo de este lugar en mis novelas«, asegura.

Vocación y formación
La educación de personas adultas ha sido, para Loly R. Mateo, mucho más que una profesión, ha sido una herramienta de transformación y dignificación personal. Durante casi cuatro décadas dedicadas a este ámbito, Loly descubrió que enseñar a mayores no solo consiste en transmitir conocimientos, sino en devolver confianza, autoestima y sentido de pertenencia a quienes, por distintas circunstancias, no tuvieron acceso a la formación en su juventud. “Me encantaba poder adaptar los contenidos a lo que necesitaban realmente mis alumnos”, afirma. Trabajó con metodologías participativas y globales, como la de Paulo Freire, donde una sola palabra era el punto de partida para aprender a leer, escribir, reflexionar e incluso resolver cálculos básicos. Para ella, esta etapa educativa significaba una segunda oportunidad, una vía para que muchos retomaran proyectos personales o accedieran a nuevas oportunidades laborales. Pero sobre todo, como asegura, “la educación de adultos permite crear comunidad, formar redes humanas y ofrecer a cada persona la posibilidad de seguir creciendo, sin importar la edad”.
Para nuestra protagonista, la Antropología es una herramienta imprescindible para comprender cómo se comportan las personas dentro de los grupos sociales. A diferencia de la psicología, que estudia al individuo, esta disciplina permite analizar costumbres, normas y estructuras colectivas que modelan la vida cotidiana. “Te ayuda a entender por qué actuamos como actuamos en masa, por qué gritamos en un estadio o seguimos ciertas tradiciones sin cuestionarlas”, explica. Esta disciplina le ha servido tanto en su carrera docente como en su escritura, permitiéndole profundizar en los contextos culturales de sus personajes. Loly defiende que su inclusión en los planes educativos ayudaría a mejorar la convivencia, fomentar la empatía y enriquecer nuestra mirada sobre el otro.
Su formación en Antropología también atraviesa sus novelas. En Los ritos de paso de Esteban, por ejemplo, aborda cómo ciertas normas sociales tienen su origen en aprendizajes culturales. «Guardamos cola en el banco porque nos enseñaron a hacer fila desde pequeños«, ejemplifica. Para Loly, la Antropología no solo ha sido una formación técnica, sino una herramienta para entender el comportamiento colectivo. «Ayuda a explicar por qué actuamos como actuamos en grupo, y eso es esencial para cambiar la sociedad«.
Y mientras transcurre el verano, Loly continúa abrazando cada vez más los hábitos y las costumbres del pueblo marinero que la acoge y demostrando que además del sol, la playa o la magnífica gastronomía del lugar, hay otros motivos para vivir con intensidad Punta Umbría y esta vez con razones culturales.









