“Interpretar a Juan Ramón Jiménez trasciende al mero trabajo actoral, es también una responsabilidad”

Nuestro poeta más ilustre y el andaluz universal con el que todos los moguereños, y los onubenses, hemos crecido, es parte inevitable de nuestras vidas. Los pasajes de ‘Platero y yo’ forman parte de nuestra tierna infancia, mientras los versos que anuncian la primavera como una ‘Rosa, pompa, risa’, acompañaron nuestra cándida adolescencia.

Juan Ramón Jiménez, y su inseparable Zenobia, dan forma a imágenes de amor hechas con versos del ‘Diario de un poeta recién casado’, que inspiraron nuestros primeros amores. Nuestro Nobel de Literatura dibuja de manera magistral reconocibles estampas con un “sol redondo”, en un “oleaje suave, estival”, de ‘El Puerto Viejo’ en un verano onubense. Ese que da paso “al sol que se cansa por la playa, solitario”, cuando “reina el otoño”…el mismo que está llamando a nuestras puertas en este septiembre de magia.

Nuestra tierra y el poeta se han vuelto un binomio inseparable y tenemos la responsabilidad de seguir perpetuando su legado en las conciencias de las nuevas generaciones. Y hoy, lo hacemos con fórmulas culturales y didácticas alternativas, que nos permiten mostrar al literato de una manera más gráfica y, si cabe, más personal.

Dando vida al personaje

Y en esa misión de mantener vivo su mensaje, encontramos al actor que da vida a Juan Ramón Jiménez en la Casa Natal del poeta en Moguer, al onubense Luis Ortiz-Abreu. En este espacio, acaba de finalizar el ciclo de visitas interpretadas, donde el artista encarna con pasión al ilustre moguereño, aportando un matiz íntimo, sutil y cercano.

La caracterización de Luis es exquisita.

Desde su infancia, Luis sintió la llamada del teatro. “La pasión por el teatro me viene desde bien pequeñito, en el colegio y guardería… siempre era yo el ‘cabeza de cartel’ en las obras de fin de curso”, bromea. A los diez años ya se subía al escenario en obras como ‘Jesucristo Superstar’, presentadas por su colegio, cuando comenzaba a descubrir su vocación. Aunque comenzó estudiando Derecho, pronto abandonó esa senda y se trasladó fuera de Huelva para formarse en Arte Dramático. “Tenía 18 o 19 años. Empecé en Sevilla, en escuelas privadas y en la Escuela Superior de Arte Dramático. Cinco años allí, después… Madrid”, relata.

En la capital, Luis no solo actuó, sino que también aprendió dirección, dramaturgia, a manejar las luces, el sonido y el vestuario. “He hecho de todo dentro de la profesión. He querido probarlo todo, porque además creo que para dirigir hay que saber de todo un poco”, afirma. Esta sólida base técnica y artística lo llevó en 2020 a volver a Huelva tras la pandemia. Aquí ha fundado una escuela de interpretación, REVOLÚ Laboratorio Cultural, que comienza a consolidándose en su tierra. “Ya no me pienso mover de aquí”, declara con firmeza y con las ganas de aportar cosas a Huelva en esta parcela artística..

Luis Ortiz-Abreu fundador de REVOLÚ Laboratorio Cultural

Hace cuatro años, mediante Míriam Bernal, surgió la oportunidad de interpretar a Juan Ramón en la ruta dramatizada de su Casa Natal. “Míriam, que trabaja allí, me propuso el proyecto y me ofreció hacer del poeta. La idea me gustó tanto que este ha sido el cuarto año metiéndome en su piel”. Desde entonces, cada temporada ha ido creciendo en complejidad. “Hemos añadido tramas, cambiado elementos, interactuaciones con el público…en definitiva, la pieza ha ido evolucionando”.

Las visitas interpretadas cumplen su cuarta edición.
Durante una de las visitas interpretadas.

La preparación requiere un equilibrio entre documentación y sensibilidad interpretativa. “En Huelva estudiamos mucho a Juan Ramón desde pequeño… pero imágenes o vídeos suyos hablando no hay muchos. El gesto y su actitud los he ido construyendo sin hacer juicios sobre el personaje”. Luis describe a Juan Ramón como una persona con reservas sociales, una cierta hipersensibilidad y dependencia emocional de su pareja. “Creo que era una persona que no le gustaba estar demasiado en el foco, alguien bastante reservado y que se ayudaba de Zenobia para sus compromisos sociales. Además, creo que la vuelta a su casa es una vuelta a su infancia, así que procuro que tenga un aire de nostalgia. La infancia siempre trae recuerdos bonitos y sentimientos muy humanos. El Juan Ramón que interpreto en las visitas está viviendo esa experiencia”.

En la azotea de la Casa Natal de JRJ durante la pieza. FOTO Ayto Moguer.

Encarnar al propio hijo predilecto de Moguer dentro de su casa natal tiene un peso simbólico que trasciende cualquier contrato. “Para mí esto trasciende el mero trabajo actoral… lo hago porque es hacer de Juan Ramón Jiménez en su casa natal. Eso es lo que me motiva de esta labor interpretativa. Hay mucho romanticismo detrás de decir ‘sí’ a este trabajo”, confiesa.

El público lo vive intensamente. “A veces me dicen por la calle ‘tú eres quien interpreta a Juan Ramón Jiménez’ y me reconocen. Eso genera en mí una sensación de responsabilidad y, también, de agradecimiento por tener la suerte de hacer este papel. La gente valora mucho la obra de Juan Ramón y tenemos que mantener muy viva su obra y su legado”.

Cada año la demanda crece. “Lo hacemos un día a la semana y las entradas se agotan con antelación. Hay gente de vacaciones que se queda fuera… así que quizás haya que pensar en nuevas fórmulas y momentos para realizar visitas”.

La visita combina teatralidad, historia y emoción. “Tiene su punto histórico, educativo, ilustrativo y su magia teatral. El público se emociona, se ríe, se conmueve…. Es muy gratificante”, confiesa Luis. Junto a él, completan el elenco de artistas en este viaje al Moguer de principios del siglo XX, Luz de Paz como Zenobia Camprubí, Xiomara Alvgar como Guadalupe ( la mujer del sargento) y Míriam Bernal, que además de encarnar a Mamá Pura, es la autora y directora de la pieza. Todos ellos integran la compañía LA TROCHA TEATRO

El mundo de la interpretación en Huelva

Desde su academia, Luis está empeñado en construir comunidad artística en Huelva. A su regreso, notó falta de oportunidades en esta ciudad para abrirse camino. “Todos los que queríamos dedicarnos a la interpretación acabamos marchándonos… pero ahora pienso que desde aquí también se puede”. Abrió un grupo inicial de tres meses para clases de teatro, y vio que la demanda existía. Hoy tiene grupos diversos (amateur y profesionales), y ofrece cursos para preparar el ingreso a la carrera de Arte Dramático, especialmente para estudiantes del Bachillerato de Artes Escénicas.

Esfuerzos como el suyo están contribuyendo a que en Huelva crezca una escena que también colman necesidades y fomente el uso del arte dramático como una opción profesional. Luis también sueña a futuro. “Existen muchos episodios de la historia onubense que podrían dramatizarse…el Descubrimiento o la Presencia Inglesa en Huelva. Yo siempre estuve enamorado del Barrio Obrero y creo que es un episodio interesante que se puede recrear de manera interesante”.

Luis Ortiz-Abreu no es solo el actor que encarna a Juan Ramón Jiménez, es un constructor de nuestra memoria colectiva y un puente entre el patrimonio literario y el público contemporáneo. Las dramatizaciones en la Casa Natal no solo ponen en valor al poeta, sino también abre un nuevo enfoque didáctico y donde las posibilidades turísticas pueden terminar abriendo las puertas en otros espacios.

 

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