Por: JL Galloso
Huelva ha perdido uno de sus iconos del arte urbano. El derrumbe del muro del antiguo entorno del Mercado del Carmen, donde se alzaba la pintura Pure Love, ha dejado un hueco físico y otro simbólico en la ciudad. Aquella obra, con el icónico niño sosteniendo un corazón que hablaba de empatía, de amor y de vulnerabilidad, terminó sucumbiendo ante la fuerza de una máquina sobre su cabeza. La imagen del derribo reafirmaba aún más el mensaje del artista.

Y es que la obra se había convertido en una parada casi obligada para onubenses y visitantes, a la vez que servía como ejemplo de que en Huelva también se hacía arte contemporáneo en la calle. La excavadora que ha tirado el muro no solo ha eliminado pintura sobre ladrillo, sino que ha puesto sobre la mesa una pregunta que la ciudad lleva tiempo esquivando: ¿que hacemos con el arte urbano cuando el urbanismo avanza?

Su autor, Adrián Pérez ‘Manomatic’, lo vive con una mezcla de comprensión y tristeza. “Me apena como persona, reconoce, porque no se ha tenido en consideración la importancia de ese patrimonio artístico que ha tenido tanto cariño y tanta repercusión”. Al mismo tiempo, admite que, como profesional, sabía que “el sitio en el que se pintó esa obra quizá iba a tener un final en algún momento”, y que ese final dependía del “interés que tengan las instituciones, las personas, los vecinos de Huelva en preservar ese patrimonio”.
Lo que le duele no es solo que desaparezca una pieza, sino que desaparezca sin debate previo, sin estudiar alternativas, sin explicar la decisión.

Porque, como él mismo recuerda, “efímero es todo, no solo el arte urbano”. Se usa esa etiqueta para justificar que un mural acabe en la escombrera, pero Manomatic insiste en que la clave está en la voluntad de cuidar la obra y asevera que “pueden aplicarse medidas para la conservación y alternativas a su desaparición”. Si en los museos existe la figura del conservador, ¿por qué en la ciudad no puede haber un mínimo criterio para decidir qué se protege y qué no?
El caso de Pure Love es más llamativo porque no es una obra aislada. En ese mismo espacio llegó a haber “entre 20 y 30 obras”, muchas de ellas de gran difusión internacional. Ese solar en desuso se convirtió en un lugar resignificado, un sitio al que la gente iba “con orgullo onubense” a enseñar que aquí también se pinta al nivel de cualquier ciudad europea. “Yo dono esas obras a la ciudad pero, en función de la relevancia que tengan para la gente, habría que pensar en una conservación”. Y quizá eso es lo que echa en falta la ciudadanía onubense en estos casos: una política mínima de selección y cuidado.

La reacción ciudadana le ha confirmado que no está solo. Adrián comparte que ha recibido mensajes de “muchas personas, no solo de Huelva, también de fuera. Me siento reconfortado porque siento que mi trabajo llega”. Para él, el arte es comunicación, y que tanta gente haya expresado malestar por la pérdida de un mural demuestra que la ciudad sí valora ese patrimonio contemporáneo, aunque a veces las decisiones urbanísticas no vayan en la misma dirección. “No me lo tomo como algo personal, pero sí hubiera sido agradable recibir la llamada de alguien para plantear la desaparición de la obra”, añade.
“Era un orgullo para los onubenses”
El derribo de Pure Love no ha sido un hecho menor para una parte de la ciudadanía onubense. El muro caído ha activado la memoria sentimental de los vecinos y el orgullo hacia el arte urbano en Huelva. La escritora onubense Dolo Vidosa piensa que “era una obra de una belleza y una fuerza tremenda, a lo que había que sumar el mensaje que desprendía y que nos removía por dentro, porque era un grito sobre necesidades en la infancia. Su valor cultural está fuera de toda duda. Y los onubenses la habíamos hecho nuestra”. Para ella, la pieza de Manomatic, y las que la rodeaban, habían pasado de ser intervenciones en un solar a convertirse en paisaje urbano, en una seña de identidad del centro.
Vidosa insiste en que “para los onubenses era un orgullo tener las pinturas de Manomatic en ese espacio de la ciudad, elevando la calidad cultural de Huelva. Yo misma llevaba a mis amistades de fuera a ver estos murales”. También aboga por la conservación selectiva cuando se trate de obras que “por su calidad y excepcionalidad, tengan interés para crear un museo al aire libre o algo en esa línea”. Una pérdida más, lamenta, “en una ciudad que parece no quererse a sí misma demasiado”.
Una percepción parecida comparte Julio Rodríguez, comercial y admirador de la obra de Manomatic, que veía en el conjunto de murales “un gran valor estético por su vigorosidad visual, cargado de enormes connotaciones culturales y sociales dentro del espacio público”. Para él, aquel rincón funcionaba casi como una ciudad dentro de la ciudad: “Siento que estaba en otra ciudad dentro de esta ciudad, ya que en ese espacio se respiraba decadencia por el ambiente social que fluía a su alrededor; era un pequeño Bronx…”. Precisamente por eso, la irrupción del color y del hiperrealismo de Manomatic suponía una reparación simbólica de un lugar degradado.
También la fotógrafa aficionada Rosa Gil, de Punta Umbría, lamenta el derribo y opina que “con decisiones de este tipo damos un pasito hacia atrás con todo el potencial cultural que tiene Huelva. Seguimos sin darle el valor a todo aquello que tenemos”. Su mirada, desde fuera de la capital, confirma que el mural había trascendido Huelva y que su desaparición se vive como una oportunidad perdida para que la ciudad consolidara un espacio de arte urbano reconocible.

A pesar de todo, Manomatic no se cierra por lo ocurrido y asegura que “seguirá pintando y regalando obras a Huelva”. Pero el derribo de Pure Love debería servir de aviso: el arte urbano ya no es una pintada anónima en una tapia; es parte de la memoria visual de una ciudad. Y cuando se tira un muro con una de sus imágenes más queridas, no solo cae ladrillo. También cae una oportunidad de demostrar que Huelva protege lo que la gente siente como suyo.








